[Death comes to the Archbishop]. Novela del escritor americano Willa Cather (1875-1946), publicada en Estados Unidos en 1927. La muerte y el arzobispo pertenece (como O Pioneers! y Shadows on the Rock) a la serie de obra en que Willa Cather evoca el nacimiento del continente americano. O Pioneers! evocaba el Middle West, Shadows on the Rock el Canadá de fines del siglo XVII. La muerte y el arzobispo presenta la odisea de dos misioneros franceses: Mgr. Lamy, obispo primero y arzobispo luego de Santa Fe, y Mgr. Macheboeuf, primer obispo de Denver. En la novela, el primero es el Padre Latour, el segundo el Padre Veillant. Willa Cather, con el talento de un gran artista puesto al servicio de una fe, hace revivir las mil aventuras de estos dos adelantados de la Iglesia católica, ambos oriundos del Macizo Central, ligados por la amistad y el sacrificio. Desde 1848 hasta 1875, seguimos sus esfuerzos, sus luchas, sus derrotas y sus victorias. Sin embargo, no se trata de una obra «edificante», sino de una novela admirablemente construida, de gran relieve y rebosante de vida.
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La Muerte y el Doctor Hornbook, Robert Burns
[Death and Dr. Hornbook]. Sátira del poeta dialectal escocés Robert Burns (1769- 1796), que forma parte de su colección de Poesías (v.), publicada en 1786. Cierta noche, el poeta sale alegre, pero no borracho, de la hostería, cuando se, le para delante una extraña figura alta y enjuta.
De uno de sus hombros pende una flecha, de otro una horquilla de tres dientes: es la Muerte, que se lamenta de que cierto Hornbook le ha usurpado el oficio, puesto que posee cuchillos, productos químicos y todo género de medicamentos (de los que hace una curiosa enumeración). Después, la Muerte cita varios ejemplos de la fúnebre habilidad del doctor, que, insinúa, no es siempre involuntaria. «Un propietario campesino tenía lombrices o borborigmos en el intestino: su único hijo fue a ver al doctor Hornbook y lo pagó bien. Por dos ovejitas el joven se convirtió, a su vez, en propietario». Pero la Muerte, indignada al verse privada de su presa legal, dispone un plan para matar al sabihondo escocés; mas cuando está a punto de exponer su plan, en el campanario vecino da la una de la madrugada y el poeta y la Muerte echan cada cual por su camino. «Historia verdadera» llama Burns a esta sátira suya, para significar que había sacado de la realidad la figura del médico.
La visión está descrita con gran riqueza de pormenores que oscilan entre lo sarcástico y lo grotesco. Como en otras composiciones, en ésta Burns se inspira en el rico y variado folklore de su Escocia natal.
E. Di Carlo Seregni
El maravilloso instinto de verdad y franqueza es el secreto de su genio y de su estilo. (W. Raleigh)
La Muerte en Venecia, Thomas Mann
[Der Tod in Venedig]. Novela de Thomas Mann (1875- 1955), publicada en 1913. Aschenbach, célebre escritor, agotado por el trabajo, siempre en busca de los artífices del arte, realiza un viaje a Venecia para recuperar allí durante las vacaciones las fuerzas que necesita. En su hotel de lujo en el Lido, queda prendado de la belleza de un joven polaco, Tadzio, y se origina entonces, sin que jamás lleguen a hablarse, una singular intimidad entre el que crea con pena la belleza, y el que la representa sin esfuerzo, sólo con su existencia.
Situación oscura, casi equívoca, que trae de continuo al pensamiento de Aschenbach los Diálogos de Platón. En lugar de curar, su alma, ya agotada, se debilita más todavía. Él querría huir, tanto más cuanto que se murmura que en Venecia se han dado casos de cólera; pero la casualidad quiere que su tentativa de fuga se frustre. Aschenbach sufre cada vez más por la inconsistencia y la debilidad de su ser. Después de haber intentado con extremo esfuerzo obtener el vigor perdido con evocaciones paganizantes que comienzan casi como visiones irreflexivas, y después se reducen y empobrecen gradualmente hasta agotarse en una juventud artificial a base de cosméticos y tinturas, pierde toda resistencia vital y es víctima del terrible contagio, que termina con él rápidamente. Esta obra, breve pero densa, compuesta como un mosaico de mil piezas yuxtapuestas, en un estilo sobrecargado de preciosismos, es, como a menudo sucede en este autor, una mezcla de esteticismo voluptuoso y refinado y de una conciencia moral que teme hasta la más mínima decadencia y culpa al artista de todo su ser y hasta de su inocente juego con las apariencias. Naturalmente, el ambiente de Venecia, la ciudad creadora de bellezas, es un pretexto más para la ostentación de tantos esplendores.
Reconozcamos la extremada viveza de los colores en las descripciones de la playa del Lido, en los viajes de ida y vuelta entre el Lido y su casa; de la ciudad con sus canales y sus calles solitarias y todas sus callejuelas en las que se pierde como en los meandros de un sueño. Pero, a pesar de sus refinamientos, la Ve- necia de Mann, después de aquella, todavía más magnífica, de Barres y de D’Annunzio, carecería tal vez de originalidad si el escritor no le hubiese añadido algo inesperado: los dioses griegos. Se le aparecen a la orilla del mar e irrumpen inesperadamente en esta novela, ya platónica; es Dionisos quien finalmente decide la suerte de Aschenbach. Se conocía el parentesco de Venecia con Bizancio; pero el aproximarla a Atenas representó una innovación. [Trad. española por José Pérez Bances (Madrid, 1920)].
F. Lion
La Muerte de Ivan el Terrible, Alejo Tolstoi
[Smert Jvana Groznago]. Tragedia histórica del escritor ruso Alejo Tolstoi (Aleksej Konstantinovič Tolstoj, 1817-1875), publicada en 1866. Es la primera parte de la trilogía de la que forman parte además El zar Fëdor Joannovič (v.) y El zar Boris (v.). Según la concepción del poeta, el zar Iván IV, llamado el Terrible (Groznyj, 1530-1584), se nos presenta como un hombre incansablemente atento a asegurar su poder y demostrar su fuerza, para vencer así la terrible duda de que uno u otra sufriesen menoscabo. Los acontecimientos históricos relacionados con su persona, ya de por sí profundamente trágicos, se hacen más trágicos todavía por la acentuación del carácter del zar, con efectos muy teatrales, aunque poéticamente alteran en parte la realidad histórica. El proceso por el cual fantasía y realidad histórica se enlazan sobre la base de una cuidadosa reconstrucción de costumbres, es el mismo del que se sirvió el autor en su novela ‘ histórica El príncipe Serebrjanyj (v.); justamente por esto se ha llegado a decir que se trata más de teatro poético que de teatro histórico en el sentido estricto de la palabra.
E. Lo Gatto
La Muerte de Tiziano, Hugo von Hofmannsthal
[Der Tod des Tizian]. Drama lírico del poeta y dramaturgo austríaco Hugo von Hofmannsthal (1874-1929), escrito en 1892, y publicado separadamente, en un volumen, en 1901.
En su quinta cerca de Venecia, Tiziano, ya cercano al fin, da los últimos toques a una gran tela, lo mejor de toda su obra. Su hijo y sus discípulos, que ha alejado de sí, están reunidos en la bella terraza que mira a Murano. Los jóvenes reflexionan sobre las largas horas transcurridas en la angustiosa vela, y, con devoción conmovida, hablan del maestro, de su larga vida laboriosa, de esta última tela en que trabaja, a pesar de su fiebre mortal; y elevan un himno de reconocimiento a él, que les ha revelado, mediante el culto de la belleza, las fuerzas benéficas y elementales del Universo. El pensamiento fundamental que informa la obra es común a otros dos dramas líricos del autor: Ayer (v.) y El loco y la muerte (v.). El poeta, muy joven todavía, se pregunta angustiado cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia. Tiene como el presentimiento de que el hombre debe hacer esta vida terrenal digna de las vidas anteriores surgidas en una mágica esfera, en el «altísimo mundo de la preexistencia». Sólo el arte, logrado en el paciente y cotidiano esfuerzo con entera entrega de sí mismo, consigue alcanzar aquella «mágica esfera» en que el pasado se une al presente y, entonces, queda abolido el límite entre la interioridad del individuo y la realidad operante de la vida.
He aquí, pues, la razón de la exaltación del artista que, por medio de sus obras, crea la comunión del hombre con las cosas, reconcilia el espíritu con la naturaleza, y abre ventanas en el universal misterio para revelarnos el verdadero fundamento de la vida.. Falta, en realidad, a esta obra, que el autor llamó «drama lírico», el carácter dramático, porque no hay en ella acción y su diálogo se desarrolla entre seres que casi se desvanecen, irreales, que simbolizan un pensamiento. La obra es como una meditación del poeta, en que la urdimbre cerebral aparece velada por la constante sucesión de admirables motivos líricos, en los que el pensamiento parece disolverse en queda melodía; estos motivos, distribuidos y elaborados entre diversos personajes, crean un clima de puro éxtasis y de arrobada contemplación. Por la riqueza de las imágenes y el sonido armonioso de las palabras, la expresión formal alcanzada por el autor es admirable. El breve drama, cuya composición data de la amistad de Hofmannsthal con Stefan George, es quizá la más pura y musical expresión del «culto del arte», del que ambos poetas partieron hacia la renovación de la poesía en Alemania; formó parte del primer fascículo (1892) de las Hojas para el arte (v.) y en 1901 fue recitado con motivo de la muerte de Bócklin en la «Casa de los Artistas» de Munich, con un prólogo escrito expresamente por Hofmannsthal para aquella ocasión.
C. d’Ancona
