Nebulosa, Joaquim Manoel de Macedo

[A Nebulosa]. Poema del escritor, novelista y dramaturgo brasi­leño Joaquim Manoel de Macedo (1820- 1882), publicado en 1850.

Recoge una le­yenda muy difundida en Brasil, de una maga de eterna juventud, especie de Calipso atlántida que por envolverse en una densa niebla cuando el incauto amante pudiera descubrir sus engaños, es llamada por el pueblo «la Nebulosa». La eterna juventud de la maga simboliza para Macedo la eter­na primavera de su Brasil, que junto con la voluntad de vivir da al hombre la caducidad de las fuerzas para seguir disfru­tando de la vida.

El amante de la Nebulosa es un Navegante, un europeo que ha des­cubierto y navegado mucho, sin llegar nun­ca al término de sus penosas fatigas, a me­nos que se renueve y beba el filtro de la eterna juventud y de la inmortalidad entre los brazos de la maga, que lo pierde irre­mediablemente. El poemita tiene fragmen­tos de verdadera belleza, especialmente cuando la sensibilidad del poeta encuentra en la naturaleza momentos de elevación lírica, pero en conjunto el tono discursivo refleja el gusto por la prosa que se ad­vierte en toda la obra poética de Macedo, recordado más bien como creador del gé­nero narrativo en el Brasil.

U. Gallo

Nazarín, Benito Pérez Galdós

Novela del gran escritor es­pañol Benito Pérez Galdós (1843-1920), pu­blicada en 1895. En una casona plagada de vecindario zarrapastroso, vive miserable y tranquilamente un cura muy pobre, don Nazario Zaharín, al que roban unos y ali­mentan otros, pues ejerce su ministerio sin pensar para nada en sí mismo.

Una de las feroces tarascas que más se burlan de él, Ándara, después de reñir con otra de su calaña y malherirla (ella cree que la ha matado) busca cobijo en el cuartucho de Nazarín; don Nazario, que la cura y deja que se oculte allí hasta que la Chan­faina, jefa del caserón-posada de tantos ma­leantes y desdichados, descubre «por el olor» a la Ándara y exige que se vaya de allí, pues la policía, que ha averiguado su escondrijo, va a ir a detenerla.

Mientras Nazarín sale a la calle, la Ándara pega fuego a la habitación para que la policía no localice «su olor»; el fuego arrasa el edificio dejando sin hogar a muchos desven­turados. Nazarín busca refugio a su vez y, por fin, adopta una resolución heroica: la de abandonar su hábito sacerdotal para irse por los caminos como un mendigo, practicando el bien con su palabra y con sus cristianos hechos.

Al pasar por un po­blacho encuentra a Ándara, que se obstina en seguirle impulsada por un irrefrenable deseo de perfección, y después de unos he­chos benéficos en un hogar muy humilde, otra pobre mujer, Beatriz, se les une: ya son dos las pecadoras arrepentidas y con volcánico afán de virtud. Pero ello, al paso por pueblos y gentes, provoca incidentes ruidosos que llegan hasta la brutal agre­sión contra los tres, singularmente contra Nazarín, al que calumnian porque no le entienden.

El apostolado de éste convierte a un ladrón, el Sacrílego, que se siente arrebatado por súbito amor al paciente y resignado cura. Acaba esta novela con el internamiento del maltratado apóstol en un hospital carcelario, mientras Ándara y el Sacrilego dan con sus huesos en la cárcel después de haber sido llevados todos «en cuerda» por la Guardia civil. La segunda parte de la acción se desarrolla en la no­vela Halma (v.).

C. Conde

Navidad en las Montañas, Ignacio Manuel Altamirano

Obra del escritor mejicano Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), publicada en 1870 y es­crita cuando su patria acababa de salir de una guerra feroz que había dividido a la nación en católicos intransigentes y li­berales ateizantes, con la finalidad de res­tablecer la paz basada en la verdad común y en la convicción. «El cura católico y el capitán del liberalismo triunfante se en­cuentran en un camino, a la entrada de una remota aldea, en el corazón de la sierra.

Dialogan como compañeros de via­je; el cura regresa a su curato y ofrece hospedaje al capitán que va de paso. En­tran en la aldea cuyos habitantes prepararlos festejos de Navidad; el alcalde espera al cura. Como no depende de ningún par­tido político, sino que ha sido elegido por los vecinos, no tiene miedo de participar en la fiesta religiosa. Conversando con los del pueblo y escuchando al sacerdote, el capitán se da cuenta de que éste es un verdadero pastor de almas. En el lugar to­dos viven pobres, pero con limpieza de cuerpo y de alma.

El cura participa de la pobreza general y ayuda con el templo, con el consejo; el cura es amigo del preceptor, el maestro de escuela; en la región todo es armonía y según se diría en la jerga de hoy: ‘«cooperación». José Vasconcelos, a quien pertenece el anterior resumen, hace notar «que el personaje que [Altamirano] ha elegido como símbolo de su tesis pater­na, es no sólo un cura católico; el cura del cuento es, además, un cura español. Pre­cisa — escribe — recordar la cantidad de tin­ta envenenada que se había gastado para desacreditar en nuestra patria todo lo que es español. Contra esto reacciona Altamira­no sin discursos, enseñando la verdad que palpó».

A. Millares Carlo

¡Qué poco importa la literatura, con sus modas y estilos, frente a una de estas obras impregnadas de mensaje humano, emparen­tado con el divino, tal como esta Navidad en las montañas, que recomiendo a los lec­tores del día, principalmente a los que, in­fectados de la angustia de una filosofía de la negación, la desesperación, reprimen sus anhelos más nobles y no encuentran so­lución a los conflictos del presente ni acier­tan a descubrir la luz en las tinieblas! En ella se encuentra el camino sencillo que es el camino eterno de la paz y la ventura. (Vasconcelos)

Navegante, Anónimo

[The Seaiarer]. Vie­jo poema anglosajón de unos 100 versos, dividido en dos partes completamente dis­tintas. La primera canta las penas de la vida marinera, aunque la llamada del mar sea más fuerte que todas. La segunda es una alegoría en la que los sufrimientos del navegante son considerados como símbolo de las miserias terrenas, mientras que la llamada del mar es el anhelo del alma hacia su verdadera patria celestial. Si esta última parte es una adición posterior de un monje que había visto las posibilidades alegóricas de la primera, o si el poema entero es obra de un juglar cristiano enamorado del mar, es cosa que no se puede saber, aunque es innegable que la comparación entre los pla­ceres terrestres y las divinas recompensas tiene un matiz moralizador que aumenta el significado de la obra. Trad. italiana de F Olivero en Traduzioni dalla poesía anglosassone (Bari, 1915) y de A. Ricci en L’elegía pagana anglosassone (Florencia, 1922).

M. Navarra

Navegantes, Lorenzo Viani

[I vageri]. Colec­ción de prosas narrativas y bocetos de Lorenzo Viani (1882-1936), publicada en 1926.

Después de la vasta narración autobiográ­fica París, el escritor vuelve al mundo di­verso y tumultuoso de sus coterráneos: es­tos «vágeri» (de «navagero», «hombre de mar hecho a todos los peligros y a todas las navegaciones») son verdaderamente «gentes de honor y dignos de respeto»: definición afectuosa y justa que el autor ha querido poner como subtítulo de la cubierta de su libro, casi como prueba de haber ofrecido un obsequio filial a su tierra de Versilia.

Aquel tono, a veces acre y justiciero, que se advertía en las prosas de Borrachos (v.), parece aquí haberse disuelto en una luz más leve, en que la visión se torna idilio y canto. La misma vida de la gente que padece y lucha es contemplada sobre un fondo pintoresco; a veces la narración que­da verdaderamente acertada con un par de rasgos, incisivos, tajantes («La letra de cam­bio» [«La cambiale»] o «El zapatero y la sirvienta» [«Il calzolaio e la serva»]), o con un sabor de anécdota. En su conjunto, el libro ofrece una armoniosa gama, a pesar del aparente desorden de la colección.

Frag­mentos, impresiones, esbozos, todo lleva el sello de la espiritualidad de Viani, de aquel apego a la vida de sus humildes persona­jes, de aquella observación rápida y autén­tica de artista de la eterna fábula de los hombres. Es notable, en cuanto a recuerdos biográficos, la narración «Barba y cabellos» [«Barba e capelli»], origen de su obra homónima y más extensa, publicada póstuma.

C. Cordié