El Niño en la Casa, Walter Pater

[The Child in the House]. Fantasía autobiográfica de Walter Pater (1839-1894), escrita en 1878 y pu­blicada en 1894. Analiza delicadamente el despertar de los sentimientos del niño, sus reacciones ante la belleza y ante la muer­te, las huellas que dejan en su sensibilidad la vista de un árbol florido, la pompa del culto religioso, etc. Es un minucioso aná­lisis interior lo que Pater nos presenta en este ensayo, e indica claramente el cami­no que más tarde seguirá Marcel Proust. Por su estilo mágicamente evocador, por el sobrio y púdico análisis psicológico (bien diferente de las devastadoras confesiones totales de otros autores más modernos), El niño en la casa es quizá la obra maestra de Pater.

M. Praz

El Niño en la Balaustrada, René Boylesve

[L’enfant á la balustrade]. Novela del francés René Boylesve (René Tardiveau, 1867-1926), publicada en 1903. Es una obra de fondo autobiográfico, narrada en primera perso­na, seguida de otra novela de menor inte­rés, El picotazo [La becquée], que habla de recuerdos de infancia y divaga sobre la vida del campo.

Un muchacho, Enrique, llamado Riquito [Riquet], después de haber estado con su abuela, retorna a la familia: el padre, el notario Nadaud, después de la viudez se ha casado de nuevo y no marcha de acuerdo con los parientes. Riquet sufre a causa de estas discordias, pero bien pron­to nuevos acontecimientos perturban su vida. El notario, ligado a las familias de la burguesía conservadora, sigue fiel a los ideales del Segundo Imperio, en tanto que en Beaumont, donde habita, las gentes sien­ten simpatía por los hombres nuevos y los agitadores políticos.

Se levantan murmura­ciones cuando se sabe que ha adquirido una de las más hermosas casas del pueblo, la de la vieja Colivant; a la muerte de ésta, la casa será suya. Diversas familias del lugar se coligan contra el notario y tratan de hacerle la vida imposible; entre continuas discordias, su vida queda turbada por los amigos que le traicionan, por pleitos con los parientes, por asuntos que van mal. Pero el muchacho ve en la casa soñada una nueva existencia: le gusta el reloj de sol, y asomarse por la alta balaustrada desde lo alto de la colina equivale para él a con­templar la vida.

El amor secreto por una bella pero extraña jovencita, Margarita, hija del diputado anticlerical Charmaison, ligado a los enemigos del notario, da un significado a la vida de Riquet. Ve pasar al mundo bajo sus ojos, desde la balaus­trada de una casa que todavía no es de su padre. Por fin, éste logra, tras varias peripecias, ser el propietario e instalarse en ella. Muchas cosas han pasado, sin em­bargo, y varios han sido para el muchacho los desengaños, a causa de la voluble Mar­garita. También un joven doctor del lugar, Troufleau, se ha enamorado vanamente de ella. Y un hermoso día ella vuelve de im­proviso para anunciar su noviazgo preci­samente con un doctor que había venido al país a hacer una indebida competencia a Troufleau.

No le queda a Riquet más que encerrarse en su interioridad de soñador, ya que él ha visto siempre la realidad pa­sar ante sus ojos como desde la balaustrada de la vieja casa. La novela presenta con agudeza la vida de provincias; vale sobre todo por la leve melancolía que impregna las evocaciones de la infancia lejana, si bien más allá del mudo desengaño de un muchacho se recuerdan también cuestiones de honrilla y luchas electorales de un pue­blo cualquiera.

C. Cordié

El Niño Extraño, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

[Das fremde Kind]. Novela corta de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1766-1822), publicada en 1817 e incluida más tarde en la recopilación los Hermanos de San Serapión (v.).

Los niños Christiane y Félix son los hijos de un no­ble alemán pobre, pero honrado e inteli­gente que, de acuerdo con su bondadosa esposa, prefiere que los muchachos, en lu­gar de confiarlos a un pedagogo que los instruya encerrados en una escuela, sean educados por las mil voces del bosque, los susurros de los grandes árboles, el canto de los pájaros y la belleza de las flores. En aquel verde encanto, hermano y herma­na crecen sencillos, valientes, capaces de comprender y de admirar.

Les visita un rico pariente con sus dos hijos que, en­galanados, asustadizos y educados como papagayos, son la contrapartida de sus cam­pestres primos. Los juguetes que aquéllos regalan a éstos al marchar son para Christiane y su hermano objeto de breve curio­sidad al principio, luego de aburrimiento y fastidio. En esta primera hora de tristeza surge el Niño Extraño, misteriosa cria­tura mitad simbólica, mitad fabulosa, que revela a los niños las inesperadas bellezas de la Naturaleza y les descubre un mundo de visiones sobrenaturales.

El Maestro Tin­ta — que poco más tarde se convierte en árbitro y tirano de aquellos pobrecillos — es el antagonista feroz y brutal del Niño Extraño; entre ellos es inevitable el con­flicto. La desgracia se abate sobre Christiane y su hermano; muere el padre bon­dadoso y sensato; la buena madre ha de dejar la casita en el bosque y marchar errante con los huerfanitos; pero el Niño Extraño aparece para guiarles hacia nue­vos éxitos.

Es uno de aquellos relatos en los que Hoffmann ha acoplado felizmente el mundo de las fábulas con el mundo de todos los días, dando de este último una realista y maliciosa interpretación que se inserta con gracia en las deliciosas fan­tasías.

B. Bonfiglio

El Niño Cambiado, Thomas Middleton y William Rowley

[The Changeling]. Tragedia escrita en colaboración por los dramaturgos ingleses Thomas Middleton (1580-1627) y William Rowley (15859-1642?), y su obra más valiosa. Fue estrenada en 1623 y publicada en 1653.

La joven Beatriz, hija del gobernador del castillo de Alicante, es prometida de Alonso. Alsemero llega a Alicante, cree que Beatriz está libre y se enamora de ella: Beatriz le corresponde y ruega al padre la libre de su compromiso con Alonso. Todo ruego resulta inútil. El matrimonio parece inevitable. Beatriz es amada por un noble pobre, De Flores, ob­sequioso, vicioso y perverso, y a él se di­rige, sabiendo que lo haría todo por con­seguir una sonrisa suya.

Como Alsemero no ve otra solución que provocar a Alonso y llegar a un duelo, Beatriz, que teme por el amado, promete dinero a De Flores para que haga desaparecer a Alonso. De Flores acepta y lleva a cabo el crimen; pero luego no pide dinero y no cede a la desespera­ción de Beatriz: la quiere suya y la con­sigue, porque les liga el delito que ella misma ha querido. Beatriz se casa con Alsemero, pero queda bajo el influjo de De Flores, por el cual siente una morbosa ad­miración. Alsemero descubre el crimen y rechaza con horror a su mujer.  Antes que Beatriz y De Flores sean llevados ante el gobernador, que les hará purgar el crimen, De Flores apuñala a su amante y se mata. El título alude a un hecho secundario de la tragedia.

La trama procede de la Ven­ganza de Dios contra el crimen [God’s Revenge against Murther] de John Reynolds (1621). La tragedia, en versos irregulares y retorcidos, adecuados sin embargo al es­tilo, pegados a los hechos, es de un dra­matismo diferente al de Shakespeare, pero no indigno de él (Leigh Hunt). Las esce­nas entre Beatriz y De Flores, donde el amor de éste, carnal y furioso, tiene tam­bién momentos que llegan a conmover (que su vida no cuenta, con tal de conseguir a la mujer que siente suya), son de una rea­lidad cruel, desnuda y exacta. Inútiles obs­cenidades añadidas (como la historia del niño cambiado) deforman esta obra, que de ser más sobria podría considerarse como una verdadera obra maestra.

A. Camerino

El Niño Ardiente, Robert Southwell

[The Burning Ba­be]. Poesía del autor inglés Robert Southwell (1561/629-1595), publicada con otras poesías en la antología Maeoniae (Londres, 1595).

Con barroquismo de imágenes, Southwell nos habla de Cristo Niño, ardiente de dolor y de amor. La poesía está construida en versos de catorce pies, y alcanza una fuerza y una dulzura que, dentro de su estilo, tiene la sencillez de la auténtica emo­ción. Southwell imagina que ve, en una noche de invierno, al Niño Jesús dentro de una hoguera, lloroso, como si sus lá­grimas tuviesen que extinguir el gran fuego que le rodea. La hoguera es el mismo pe­cho ardiente de Jesús, y el amor es el fue­go, los suspiros, el humo, las punzantes zarzas son combustibles y los dolores son cenizas. Esto dice de sí mismo el Salvador, y añade que con el metal fundido en él purificará las almas de los hombres impu­ros. Al desvanecerse la visión, el poeta re­cuerda que es el día de Navidad. The Burning Babe fue alabada por Ben Jonson.

A. Camerino