Nishiyama Monogatari, Takebe Ayatari

[Historia de Nishiyama]. Novela del escritor japonés Takebe Ayatari (1718-1774), publicada en 1768. Es la narración de las diferencias, que duraron muchos años y al fin se re­solvieron, entre dos familias emparentadas del pueblo de Matsuo, en el monte Nishiyama, en la provincia de Yamato, y de ahí el título.

La novela, con todo, es conside­rada como un producto de pura erudición filológica más que como una obra de arte. Takabe imita el estilo clásico, adoptando palabras de la antigua lengua caídas desde hace tiempo en desuso, cuyo sentido ha de explicar en notas que acompañan el texto, por lo que su obra ofrece el curioso ejem­plo de un relato copiosamente comentado por el autor. Discípulo de Kamo Mabuchi (1697-1769), siente plenamente la influencia de la escuela de los «wagakusha» (afirmadores de los ideales tradicionales y del pensamiento indígena japonés) y actúa en su defensa como uno de los más encarniza­dos mantenedores de la literatura nacional.

Su tentativa de volver a tomar la antigua lengua y plegarla a las nuevas exigencias del relato, efectuando de ese modo, también en la literatura narrativa, el resurgimiento de la Antigüedad, no fue aislado, sino que tuvo seguidores e imitadores que llegaron incluso a constituir una verdadera escuela de la novela en estilo clásico.

Y. Kawamura

Nirukta, Anónimo

Obra hindú de etimología, en idioma sánscrito. Está dividida en 12 libros, a los que más tarde se añadieron otros dos. El primer libro es una introducción y trata de los principios de la gramática y de la exégesis. El segundo y el tercero tratan de la exégesis. Los demás contienen co­mentarios y glosas de palabras védicas. El autor de Nirukta es Yāska, que se remonta al siglo V a. de C., y su prosa es un modelo de prosa sánscrita anterior a PáninL Fue publicada por R. Roth en Gottinga en 1852, y en la Biblioteca Hindú de Calcuta, en 1882-1891.

A. M. Pizzagalli

Nise Murasaki Inaka Genji, Ryūtei Tanehiko

[Una falsa Murasaki y un Genji rústico]. Novela del japonés Ryūtei Tanehiko (1783-1842), en 152 volúmenes, divididos en 40 partes, de las cuales 38 fueron publicadas de 1829 a 1842; de las otras dos se incautó el go­bierno con decisión que influyó no poco en la enfermedad que llevó al autor a la tumba.

En 1847, Ippitsuan publicó póstumas las dos últimas partes, después de ha­ber hecho oportunas modificaciones. La no­vela es una tentativa de vulgarización del famoso Genji Monogatari (v.) de Murasaki- no-Shikibu, y su importancia está en el hecho de confluir en ella todos los elemen­tos de las tentativas precedentes del mis­mo género, a las que, sin embargo, es netamente superior.

Del Genji Monogatari, Ryūtei Tanehiko extrajo, transformándolas y adaptándolas, pero sin respetar el orden, todas las vicisitudes de carácter dramático y aventurero, con la diferencia de que el ambiente descrito, aunque atribuido por al­gunos al período Muromachi (1392-1603), pertenece en realidad a la época del autor o, a menudo, al período Genroku (1688- 1703). En lugar de la Corte imperial encon­tramos aquí la de Shōgun, y las antiguas «uta» (poesías clásicas de 31 sílabas) están frecuentemente sustituidas por haikai (epi­gramas de 17 sílabas).

El estilo es volunta­riamente popular y, además, a diferencia del Genji, está en armonía con las tenden­cias entonces predominantes en la novela, y a menudo se exalta el espíritu caballe­resco y la moral confuciana. Algunos ca­racteres femeninos, felizmente tratados, tes­timonian dotes poco comunes en el autor y se destaca también el hecho de que, aunque la novela contenga, como su mode­lo clásico, una serie interminable de aven­turas amorosas, Tanehiko supo evitar lo bajo y lo obsceno en una época en que en la literatura popular narrativa ambos elementos estaban de moda, pese a los rigores de la censura.

Desde un punto de vista puramente literario, la obra tiene un valor limitado; de todos modos, da una medida de las posibilidades del autor, en­tonces en el pináculo de su madurez ar­tística, y el éxito conseguido fue tan grande que enriqueció, a lo que parece, al mo­desto editor que la publicó. Este éxito, al que contribuyeron en grado no desprecia­ble las magníficas ilustraciones que adornaban el texto y que fueron dibujadas a propósito por el famoso pintor Utagawa Kunisada (1787-1865), tuvo como efecto el hacer popular el nombre de Genji y hacer dramatizar la novela, que apareció, por ello, varias veces en escena.

Y. Kawamura

Nirvana, Eghiscie Demirgibascian

Poesía del armenio Eghiscie Demirgibascian (1855-1907). Es uno de los raros ejemplos de lírica armenia en que se insertan motivos filosóficos y metafísicos, de origen lejano y distinto, junto a los ro­mánticos y sentimentales.

Constantemente empeñado en superar las premisas carte­sianas del mundo racional y, con todo, apa­sionado seguidor de Littré y Voltaire, Demirgibascian trató de conciliar la doctrina de Buda con el cristianismo oriental y con el escepticismo europeo de fines del si­glo XIX. Nirvana, que quiere aludir a la anulación de la personalidad en el caos ideal al que tiende en su continua evolución incluso la materia, encierra su filo­sofía particular y lo más triste y atormen­tado que vivía en el fondo de su alma. Con un estilo basado en la sugestión de la pa­labra a través de ecos armoniosos y tur­bios con los que se oculta un triste sentido de lamento, expresa el anhelo a una con­ciliación de todas las contradicciones del espíritu humano en la anulación total y de­finitiva de la personalidad; Demirgibascian trata de hacer tangible y viva dicha abs­tracción en los versos de Nirvana, doble­gando el idioma armenio a formas insólitas.

El suicidio, con que terminó la vida del es­critor, parece también la meta necesaria del pensamiento que informa su obra, índice de un genio vivo, paradójico pero desordena­do. Demirgibascian introdujo en el mundo de la literatura armenia elementos que hasta entonces parecían patrimonio del intelectualismo nórdico occidental.

A. Piloian

Los Niños en el bosque, Percy

[The Children in the Wood]. Balada inglesa, probablemente de 1595, publicada por Percy (1729-1811) en su Reliquias de antiguas poesías inglesas (v.).

Un hidalgo de Nor­folk deja a sus dos hijos, un niño de tres años y una niña más pequeña, al cuidado del hermano de su difunta mujer. El testamento establece que los niños tengan cada uno una cierta cantidad de dinero: el varón, a su mayor edad; la muchacha, como dote. Mas en caso de muerte de los niños, el dinero pasaría al tío. Éste, para poseer el dinero, paga a dos granujas pa­ra que los maten. Uno de los dos asesi­nos se arrepiente; mata a su compañero y deja a los niños en el bosque de Wayland, donde mueren de frío y de miedo.

El tío será castigado por su crimen: pierde a sus hijos y sus bienes y muere en la cár­cel; y el hombre que abandonó a los niños en el bosque confiesa, después de siete años, su culpa. Addison, en el Spectator (v.), tra­tó de explicar la razón del encanto de esta balada, que no tiene precedentes en las tradiciones populares.

A. Camerino