Novela de Étienne Pivert de Sénancour (1770-1846). Incomprendida cuando salió a la luz (1804), encontró luego un ambiente más favorable gracias al movimiento romántico y a la revaloración hecha por Sainte-Beuve a la muerte del autor.
Por su atmósfera de melancolía y de sentimentalismo, en parte procedente de Rousseau, se acerca a Atala (v.) ya René (v.) de Chateaubriand. Por su estructura, hecha de descripciones de la naturaleza y de anhelos nostálgicos y dolorosos de la realidad, más que una novela, parece un diario íntimo, tan tenue es la trama, constituida sólo por confesiones y lamentos unidos entre sí, más que por acontecimientos, por estados de ánimo del protagonista.
Se trata de un joven que «no sabe lo que es, ni lo que ama, ni lo que quiere, que gime sin causa, desea sin objeto, y no ve nada, solamente sabe que no está en su sitio, que se arrastra en el vacío y en un infinito desorden de tedio». El escritor mismo afirma, en un estilo vivacísimo y pintoresco, que la consistencia dé su obra reside totalmente en los detalles, impregnados de tristeza ante los espectáculos de la naturaleza, en las disquisiciones henchidas de filantropía y de amor hacia el prójimo, en el instante mismo en que huye de éste para aspirar a una humanidad mejor.
La vida errabunda y solitaria de Sénancour, que vivió en Suiza, especialmente en Friburgo, y que volvió a París bajo el Directorio, explica el valor de tantas confesiones; pero también indica que la obra atiende más a las impresiones y los sueños expresados en las Meditaciones sobre la naturaleza primitiva del hombre (v.), que a las exigencias constructivas de una novela. El alumno de Rousseau y de Bernardin de Saint-Pierre revela, más que otra cosa, el deseo de paz en la vida errante y solitaria de los pastores, entre los refugios de los Alpes y las extensiones donde el alma se pierde en imaginaciones; la sociedad, rehuida como un mal y un empobrecimiento de lo divino que hay en el corazón de todo hombre, deberá en el futuro purificarse y tenderá a la felicidad.
De este modo los hombres serán verdaderamente mejores. [Trad. española de Ricardo Baeza (Madrid, 1930)].
C. Cordié
Es el libro de la doliente madurez de las almas; es su historia desoladora, el poema misterioso e incompleto. (Sainte-Beuve)
Si se exige de un libro la coordinación progresiva de los pensamientos y la simetría de las líneas exteriores, Obermann no es un libro; pero lo es, en el sentido más vasto y completo, si se considera la unidad fatal e íntima que preside este desarrollo de un destino completo. (G. Sand)
Entre languideces insoportables, es uno de los libros más abismales que existen. Deja la impresión en el que lo lee por entero de un «solo» de órgano. Un libro inmenso. (Unamuno)
