Ion Alecu Bráteşcu-Voineşti

Nació en Voineşti, cerca de Târgovişte, el 1 de ene­ro de 1868, y murió, según parece, en Bucarest en 1948. De familia noble, fue inclinado a los estudios jurídicos y ejerció la aboga­cía, actividad que le permitió afinar sus cualidades de observación y penetración psicológica.

En Târgovişte, Craiova, Ploeşti y Piteşti entabló contacto con la pequeña y media burguesía provinciana, de la cual habría de extraer los «héroes» de sus cuen­tos y bocetos: abogados, profesores y mo­destos funcionarios que no saben sacrifi­car a los compromisos de la vida práctica ni a los intereses mezquinos sus ingenuos ideales de honradez y confianza humana.

Bráteşcu participó en la política como diputado, y entre 1918 y 1922 dirigió el periódico Dacia con Al Vlahuţă. Fue miembro de la Academia Rumana, y obtuvo el gran premio nacional de literatura. Entre sus obras cabe citar Nicolasín Mentira (v.), Un hombre [Un om], El polluelo de codorniz [Puiu], El linaje de los Udresti [Neamut Udreştitor], la comedia Sorana, el boceto El viandante hace bien al pensar en el camino [Călătorului îi şade bine cu drumul], etc.

R. Del Conté

Sebastian Brant

Nació en 1447 y murió el 10 de mayo de 1521 en Estrasburgo. Hijo de un rico mesonero, dueño de la posada «Al león de oro» y consejero comunal, fue in­clinado al estudio, y en 1475 marchó a Basilea a cursar filosofía y derecho; allí con­cluyó en 1489 sus largos años de estudiante con el título de doctor en Jurisprudencia.

Luego fue nombrado profesor, y ya en 1492 estaba al frente de la facultad de Derecho. Figuró entre los primeros humanistas de la Alta Renania, tradujo a autores latinos y escribió poesías religiosas en latín y ale­mán.

En 1494 dio a la publicidad su obra principal, La nave de los locos (v.), dura sátira de sus tiempos en dialecto alsaciano que alcanzó inmediatamente una gran difu­sión. Mientras permaneció en Basilea man­tuvo estrechas relaciones con el mundo de los libros de esta ciudad, que era entonces un importante centro tipográfico y edito­rial, y encargóse personalmente de la re­fundición y vulgarización de textos instruc­tivos y morales.

Cuando en 1500 Basilea ingresó en la Confederación de los canto­nes suizos, Brant, unido al emperador Maxi­miliano I por vínculos de amistad, abandonó la población con su familia y marchó a Estrasburgo. Además de la enseñanza ejerció aquí la abogacía, y desempeñó im­portantes cargos : fue alcalde de la ciudad y consejero imperial.

Durante este período de tiempo (1508) fue publicada su refundición de la obra de Freidank, Sabiduría (v.). Al estallar las luchas religiosas de la Reforma permaneció en el lado católico; igualmente guardó siempre fidelidad a las concepciones de un humanismo escolástico.

A su fe en las posibilidades formativas de la imprenta correspondía un sincero afán de moralista, aun cuando, posiblemente, no un parecido vigor artístico; sin embargo, La nave in­fluyó mucho en toda la cultura de la épo­ca, y el tipo de Grobiano (v.) se hizo pro­verbial y fue imitado por otros poetas, como Friedrich Dedekind y Kaspar Scheidt.

V. M. Villa

Georg Morris Cohén Brandes

Nació el 4 de febrero de 1842 en Copenhague, donde murió el 17 de febrero de 1927. Fue hijo de una familia de comerciantes hebreos no practicantes.

Formado al principio en la filosofía de Hegel, introducida en Dinamarca por Heiberg, pasó muy pronto al psicologismo de Sainte-Beuve y al método críti­co de Taine, que hizo objeto de su tesis doctoral La estética francesa contemporánea [Den franske Aestetik i vore Dage, 1870].

De este primer período cabe citar Estudios estéticos [Aestetiske Studier, 1868] y Crí­ticas y retratos [Kritiker og portraetter, 1870]. Tras un viaje (1870-71) a Inglaterra, Francia e Italia, en el curso del cual en­contróse con Stuart Mili (de él había tra­ducido el ensayo Subjection of Wornan), Taine, Renán e Ibsen, inició en el otoño de 1871 la serie de sus famosas lecciones sobre la literatura del siglo XIX y con­virtióse pronto en guía reconocido de las jóvenes generaciones.

Gran importancia tuvo en la difusión de sus ideas la revista Det nyttende Aarhundrede, que publicó con su hermano Edvard entre 1874 y 1878. Al ver que se le negaba la cátedra universita­ria de estética marchó en 1877 a Berlín; pero en 1882 volvió a Copenhague.

Además de su obra Corrientes principales en la lite­ratura europea del s. XIX (v.) cabe recor­dar Lassalle (1881), Impresiones polacas [Indtryk fra Polen, 1888], Impresiones de Rusia [Indtryk fra Rusiand, 1889] y Berlín, capital alemana [Berlín som tysk Hovestad, 1889].

Los ensayos de argumento literario, Poetas daneses [Danske Digtere, 1877], S0ren Kierkegaard (1877), Tegnér (1878), Holberg (1884) y Los hombres de la revolución moderna [Det modeme Gennembruds Maend, 1883], presentan un inte­rés cada vez -mayor por las distintas personalidades; finalmente, y bajo la influen­cia de Nietzsche, Brandes proclamará un radica­lismo aristocrático propio y se entregará al culto del héroe, como lo atestiguan las obras Shakespeare (1895-96), Heine (1897) e Ibsen (1909).

En 1902, la izquierda, que se hallaba en el poder, aseguróle una pen­sión oficial, sin obligación de dar leccio­nes. A estos años más tranquilos pertenecen sus textos autobiográficos Infancia y juven­tud [I Bamdom og Ungdom, 1905], Un de­cenio [Et Tiaar, 1907] y Angosturas y ho­rizontes [Snaevringer og Horizonter, 1908].

La guerra mundial, en cuyo transcurso mantuvo una polémica con Clemenceau (La guerra mundial [Verdenskrigen, 1916]), pa­reció reanimar su actividad literaria; publi­ca entonces las grandes biografías Goethe (1915), Voltaire (1917), César (1917), Napo­león og Garibaldi (1917) y Miguel Angel (1921).

Al final del conflicto manifestóse favorablemente a la revolución rusa en La segunda parte de la tragedia [Tragediens anden Del, 1919], y escribió con un criterio racionalista un libro acerca de Jesucristo: La leyenda de Jesús [Sagnet om Jesús, 1925]. Murió superado ya por el mundo del pensamiento y ajeno a la vida intelectual de la nación que tan intensamente había contribuido a crear.

A. Manghi

Ulrich Braker

Nació el 22 de diciembre de 1735 cerca de Toggenburg, y murió el 11 de septiembre de 1798 en Wattwyl. De mucha­cho fue pastorcillo, y luego servidor de un funcionario prusiano que reclutaba jóve­nes para el ejército, a menudo con medios violentos.

También Braker se vio forzado a alis­tarse, y, tras varias experiencias dramáti­cas, llegó hasta Lowositz, en Polonia, don­de no pudiendo soportar por más tiempo el riguroso régimen del ejército prusiano, desertó. A través de emocionantes aventu­ras volvió a su patria suiza, y allí estable­cióse como tejedor de algodón; en sus horas de ocio leía a Shakespeare.

Compuso una interesante autobiografía que fue publica­da en 1789 por H. H. Füssli con el título de El pobre hombre de Toggenburg (v.).

C. Gundolf

Johannes Brahms

Nació el 7 de mayo de 1833 en Hamburgo, murió el 3 de abril de 1897 en Viena. Hijo de un músico, se le mani­fiesta la vocación desde la infancia y esta vocación fue secundada inmediatamente; la única duda consistía en encaminarlo al vir­tuosismo del piano o al largo camino que llevaba a la composición.

Prevaleció el con­sejo del maestro Marxsen, un contrapun­tista severamente educado a la antigua, y Brahms pudo continuar el estudio de la composi­ción. Entretanto trabaja lo que puede para redondear el débil presupuesto familiar: da algunos conciertos; acompaña a cantantes y solistas de paso; toca el órgano en las iglesias; de noche pulsa instrumentos en las tabernas del puerto mientras tiene en el atril libros de filosofía y de literatura to­mados a préstamo de la biblioteca.

A los veinte años, la gran aventura que le abre las puertas del porvenir: un joven violinis­ta húngaro, Remenyi, extraño tipo de zín­garo romántico, lo lleva consigo como acom­pañante en una «tournée» por alemania del Norte (mayo de 1853); en Gotinga le pre­senta a Joachim, otro violinista jovencísimo, pero ya elevado al olimpo de los gran­des artistas.

La amistad entre Brahms y Joachim será instantánea y durará toda la vida: Joachim será el intérprete de las compo­siciones para violín de Brahms y su consultor en la técnica de los instrumentos de arco. Con cartas de Joachim se presenta Brahms a Franz Liszt, en la corte de Weimar, pero la entrevista no resulta afortunada, y los dos, pese a la cortesía impecable de Liszt, serán en el porvenir adversarios artísticos: Brahms se alineará en las filas opuestas al mo­vimiento de la «joven escuela germánica», contra la música de Liszt y Berlioz, contra el drama musical wagneriano, y se presen­tará como adalid de la tradición clásica instrumental y del sinfonismo puro.

Entre­tanto, desaparece Remenyi del horizonte y Brahms, quien en el verano de 1853 continúa solo la peregrinación por alemania usan­do las cartas de recomendación que le pro­porcionara Joachim, llega a Düsseldorf, a casa de Schumann.

Es la entrevista decisiva en su vida de artista: Schumann oye las pri­meras composiciones de Brahms, el Scherzo op. 4 y las Sonatas op. 1 y 2 para piano y queda inmediatamente convencido de haber en­contrado a quien mantendrá alta la llama de la sana tradición instrumental: le abre su propia casa y lo «lanza» al mundo mu­sical con el sensacional artículo Nuevos ca­minos en la Neue Zeitschrift für Musik del 28 de octubre de 1853.

Al año siguiente da Schumann las primeras muestras de des­equilibrio mental e intenta suicidarse; Brahms acude a Düsseldorf, junto a Clara Schu­mann, a quien le une una ternura reve­rente y cada vez más afectuosa. Mientras tanto continúa asiduamente la composición de lieder y de música para piano (Varia­ciones sobre un tema de Schumann op. 9 y Baladas op. 10) y vive de los ingresos de su actividad como concertista. En 1856 muere Schumann en la casa de salud donde había sido recluido, en Bonn; la amistad de Brahms por Clara se muestra más solícita y preciosa en esta coyuntura.

Pero cuando se aleja el luto y llega el caso de sacar conclusiones prácticas del culto de tierna admiración tributado a la mujer incompa­rable, Brahms vacila y por último, en un rasgo típico de su psicología, renuncia. Continua­rá siendo toda su vida un amigo fiel y ge­neroso de Clara Schumann; pero en este momento crucial se aleja de ella y acepta un puesto de profesor de piano y maestro de coro en la corte de Lippe-Detmold (1857). Durante tres años su vida trans­curre en esta ciudad y Hamburgo con es­capadas a Gotinga, Hannover y Leipzig, donde da conciertos de piano. Mientras tanto intenta la composición sinfónica y de cá­mara, y ejecuta con dudoso éxito el Con­cierto op. 15 en re menor (v. Conciertos para piano y orquesta, 1858); nacen las Se­renatas op. 11 y op. 16 para orquesta, el Sexteto op. 18 en si bemol mayor (1860), los Cuartetos con piano op. 25 y 26 (v. Cuar­tetos) y, como siempre, muchos lieder y música para piano (Variaciones y fuga so­bre un tema de Haendel op. 24, 1861; Variaciones sobre un tema de Paganini op. 35, 1862-63).

En septiembre de 1862 hace una primera visita a Viena, y al año siguiente se establece en esta ciudad como director de la Singakademie. Brahms tiene apenas treinta años; sin embargo, desde este momento su vida se ve encarrilada de un modo defini­tivo: durante el verano se dedica a la com­posición en alguna amena residencia; du­rante el invierno, la intensa participación en la vida musical con la ejecución de los trabajos compuestos durante el verano.

Hasta ahora, su actividad de compositor se había consagrado siempre a la música de cámara y al lied (son célebres las Canciones de amor, v. de 1868) o a grandes trabajos sinfónico-corales (en 1868 el Réquiem ale­mán, v., que comenzado en 1866 después de la muerte de su madre amadísima, le dará fama universal y consolidará de modo de­finitivo su posición económica); después, con las Variaciones sobre un tema de Haydn op. 56, de 1873, abordará de nuevo la pro­ducción orquestal, dando vida a las cuatro Sinfonías (v.) op. 68 en do menor (1876), op. 73 en re mayor (1877), op. 90 en fa mayor (1883), op. 98 en mi menor (1885). Apare­cerán también en estos años el Concierto en re mayor, op. 77, para violín y orquesta (1878, v.), el 2.° Concierto para piano, op. 83 (1881), las oberturas Académica op. 80 y Trágica op. 81 (1880, v.) y por úl­timo el Doble concierto op. 102 para violín y violoncelo (1887). Sigue entretanto la pro­ducción de lieder y de música de cámara, dando lugar a obras maestras como las tres Sonatas para violín y piano op. 78 en sol mayor, op. 100 en la mayor, op. 108 en re menor; las dos Sonatas para violoncelo op. 38 en mi menor y op. 99 en fa mayor; los Cuartetos op. 51 en do menor y la menor y op. 67 en si bemol mayor; los Quintetos para arco op. 88 en fa mayor y op. 111 en sol mayor; el admirable Quinteto con cla­rinete op. 115 y los Intermedios, Fantasías y Rapsodias para piano.

En estas obras se afina cada vez más la expresión de estados secretos de conciencia, dominados por un noble idealismo que roza los cielos de la abstracción y de una resignación cansada y elegiaca, adecuada a aquel fin de siglo burgués, caracterizado por un replegamiento del espíritu a posiciones de renuncia y de melancolía individual.

Pasados los cin­cuenta años, abandona Brahms la práctica de concertista de piano, apareciendo en público solamente como director de orquesta. La holgura económica le permite llevar a cabo el sueño largamente acariciado de la «Wanderung», de la peregrinación a la pe­nínsula italiana: allí va en la primavera de 1878 y en 1881, en otoño de 1882, y de nuevo en la primavera de 1888 y en 1890, en compañía de antiguos amigos.

De 1872 a 1875 había desempeñado la dirección de la Gesellschfat der Musikfreunde de Viena, promo­viendo el estudio y la ejecución de la más noble música clásica y llevando a cabo una obra de corrección del gusto musical vienés. Pero la pedantería era extraña a su espí­ritu, y se divertía de un modo juvenil con las melodías de los ziganes y de los valses de su queridísimo amigo Johann Strauss. La regularidad de su vida muy activa no fue turbada por episodios de tipo exterior.

Las simpatías femeninas que lo atrajeron ora hacia una cantante, ora hacia alguna inte­ligente admiradora, como Elisabeth von Herzogenberg, no perturbaron el equilibrio de su vida interior; el culto por Clara Schumann continuó siendo el afecto más fuerte de su vida, y la muerte de la vieja amiga, en 1896, constituyó un duro golpe que apre­suró su propio fin, ocurrido el año siguiente a consecuencia de un cáncer de hígado.

M. Mila