Padres e Hijos, Iván Turguenev

[Otcy i deti]. Novela rusa de Iván Turguenev (Ivan Sergeević Turgenev, 1818-1883), publicada en 1862.

Es la novela de Turguenev en torno a la cual se enardecieron más las polémicas, que acompañaron casi toda la obra del escritor, por sus alusiones a los choques entre la vieja y la nueva generación. Pero la batalla en torno a Padres e hijos se encendió tam­bién por el hecho de que en esta novela se quiso ver no tanto una actitud polémica como una caricatura de la nueva generación, juicio erróneo que sirvió, de todas maneras, para provocar reacciones y defensas de su héroe, que representaba a esta generación por su decidido individualismo, llamado por su autor «nihilista».

En torno a Bazarov (v.), llamado nihilista porque «no se inclinaba a ninguna autoridad ni aceptaba ningún principio sin examen» — según la definición de su amigo Arkadij Kirsanov—, se mueve toda la acción de la novela, bastante sen­cilla y lineal, a pesar de lo compleja e intrincada que es el alma del protagonista (no obstante su aspiración a la sencillez). Dos estudiantes, Evgenij Bazarov y Arkadij Kirsanov, el primero futuro médico, vuel­ven, después de tres años de ausencia, a sus casas, en la provincia.

Se detienen pri­mero en casa de los padres de Arkadij (el padre, viudo tímido, desocupado, que com­parte su vida entre un amor senil y las preocupaciones que le causa su propiedad rural después de la abolición de la ser­vidumbre de la gleba, y un tío ex oficial de la guardia, que ha dejado el servicio a consecuencia de una tragedia pasional, y se ha retirado al campo). En el choque con ellos se revela, por medio de Bazarov, la naturaleza de la nueva generación; Arkadij es mucho menos batallador y además muy semejante a su padre.

Además de las ideas expresadas por Bazarov, el contraste es debido también a las maneras insolentes con que él las expresa un poco adrede, y ofendiendo a sus huéspedes, apegados a las tradiciones y conveniencias. Es caracterís­tica de Bazarov su manera de tratar el pro­blema femenino: «Si una mujer os conviene, procurad alcanzar vuestro propósito; si se niega, acudid a otra parte, que harto grande es la tierra». Y precisamente en este terre­no, en que la anatomía debería sustituir al sentimiento, Bazarov fracasa.

En efecto, des­pués de su estancia en la hacienda de Kirsanov, se dirige con Arkadij a la capital del distrito, donde en un baile encuentra a Anna Odincova (léase Odintsova), de quien se enamora precisamente de la manera por él despreciada y ridiculizada, después de haber luchado consigo mismo y haber in­tentado reducir su ardiente sentimiento a la fría realidad. Pero se le escapa «la presa» a pesar de todo el interés que le ha susci­tado aquella mujer.

Y él queda obligado a vivir al día, como si no tuviese nada que hacer en este mundo. Cuando vuelve junto a sus padres, que lo admiran y le temen al mismo tiempo, intenta recobrarse por medio de sus experimentos científicos de antaño, y en uno de ellos, operando a un tísico, se hiere en un dedo, no cauteriza su herida por falta de medicamentos, pero tam­bién por el descuido de su apatía, y muere.

El fervor suscitado por esta novela, debido a motivos contingentes, fue causa de que parte de la crítica y del público descuidase su valor artístico y psicológico; valores ambos hoy plenamente apreciados: el pri­mero, en sus descripciones de ambientes y paisajes; el segundo, en la captación del tipo, representado en sus rasgos más ca­racterísticos: rebelión, deseo de vida y de progreso, sufrimiento bajo el disfraz de su actitud, mucho menos apegado al momento histórico, y mucho más universal de lo que tal vez creía el propio autor, con su fervor de reproducción objetiva.

E. Lo Gatto

¡Dios mío! ¡Qué magnificencia Padres e hijos, de Turguenev! ¡Hay para pedir so­corro! La enfermedad de Bazarov está des­crita con tanta fuerza, que he tenido la sensación de haberme contagiado. ¿Y la muerte de Bazarov? ¿Y los padres? ¡Senci­llamente, genial! (Chejov)

Padre Nuestro, August Cieszkowski

[Ojcze Nasz]. Obra del filósofo polaco August Cieszkowski (1814- 1894), cuyo primer volumen se publicó en 1848 y el último, después de su muerte, entre 1899 y 1906, Está subdividida en cua­tro volúmenes, el primero de los cuales comprende cuatro partes, en las que el autor, después de haber indicado las vías del espí­ritu (el pensamiento y la palabra, el senti­miento y el tono, las artes y las ciencias, la voluntad y la libertad en la vida social), ilustra sucesivamente el concepto del «Padre Nuestro» por medio de una serie de consi­deraciones y reflexiones filosoficorreligiosas sobre los siglos futuros, sobre el mundo y el ultramundo en la categoría del tiempo.

El Padre Nuestro de Cieszkowski podría ser definido como una historia de la ciencia humana en sus relaciones con Dios, puesto que es una apoteosis de la vida a la luz de la fe cristiana. «Para aprender la ciencia de la vida — escribe el autor-— es menester ante todo apreciar la vida, profundizar su sentido», que está puesto en el bien que ella encierra y se manifiesta en la fraternidad cristiana. La religión es el alma del universo, el sostén de toda existencia espi­ritual; el advenimiento del reino de Dios es la meta suprema del espíritu humano.

Pero el reino de Dios creado por el hom­bre y la sociedad humana no es el reino de la naturaleza. Así el hombre debe alejar­se del estado de la naturaleza para regene­rarlo y hacerlo suyo, realizando de este modo en sí mismo el reino de Dios por todo procedimiento lícito; hasta con el error, que es una etapa hacia la verdad, pero no con el mal, porque al bien se debe llegar sólo por las vías del bien.

Cieszkowski condena, por lo tanto, toda forma de vio­lencia, aunque vaya dirigida a un bien. Sobre el advenimiento del reino de Dios se apoya todo el misticismo del autor, que divide en tres fases la evolución del espí­ritu humano: la primera es la fase del derecho; la segunda, la de la moral; la tercera, destinada a fundir armónicamente la primera y la segunda, es la fase de la so­lidaridad y de la fraternidad de todos los pueblos, cimentada por el amor.

La fe cris­tiana halla su base precisamente en la revelación de Cristo; y la Iglesia tiene la misión suprema de fundir todo el género humano en un único organismo espiritual basado en el trinomio fundamental de la sociedad cristiana: libertad, igualdad, fra­ternidad. Sobre este trinomio debe apoyarse la nueva sociedad de mañana, hermanada * en una confederación de Estados. El Padre Nuestro pertenece, por lo menos en parte, a la literatura reformista del catolicismo. La teología católica ha encontrado, sin em­bargo, no pocas divergencias entre la doc­trina de la Iglesia y el pensamiento de Cieszkowski.

Así, aun adhiriéndose al con­cepto católico del pecado original como «felix culpa», porque ha hecho de Cristo el Redentor del género humano, Cieszkowski afirma que lo es también en sí mismo, por cuanto ha dado al hombre conciencia de sí, y le ha hecho posible hallar, por la gracia divina, el verdadero Paraíso, hecho de lucha y de dolor, no el plácido y muelle Paraíso terrestre. Además del valor de su contenido de pensamiento y de fe, el Padre Nuestro de Cieszkowski contiene altos valo­res de forma literaria y de estilo, que le aseguran un puesto de primer orden en la historia de la literatura polaca… Trad. ita­liana parcial de Aurelio Palmieri (Bolo­nia, 1925).

E. Damiani

El Padre por Amor, Carlo Goldoni

[Il padre per amore]. Comedia en cinco actos y en verso, de Carlo Goldoni (1707-1793), estrenada el año 1757. La «comedia del arte» invade aquí a traición la escena goldoniana y nos deja perplejos; Goldoni no debió de quedar así, pues siempre se había permitido el lujo de no tener muchas teorías y no mantenerse nunca rígidamente consecuente con las que sostenía.

El caballero Ansaldo, enamorado de Isabella, a quien se supone hija del prín­cipe don Fernando, al saber que su propio hermano, el duque Luigi, está a punto de casarse con ella, trama intrigas y bribona­das para desbaratar aquel matrimonio. En tanto, se descubre que Isabella es hija de doña Plácida, la cual pasaba por su aya; más complicada es la cuestión de la pater­nidad: junto al padre putativo, don Fer­nando, se adivina otro presunto padre, Pasquale, y finalmente aparece el verdadero, Roberto, que consigue hacerse reconocer.

Entre embrollos y equívocos, se introducen las imaginaciones de la afortunada Marian- na, antes amada por don Luigi y después abandonada por éste en favor de Isabella; finalmente, el príncipe Fernando se casará con Marianna, dejando así libre a su hijo don Luigi para casarse con Isabella. Y el enredón Ansaldo es detenido.

Todo esto su­cede entre rápidos cambios de escena y pasos de diversas figuras, de tal modo, que finalmente resulta monótono, aunque se deja traslucir un intento, aunque pálido, de parodiar el teatro español. Es, en suma, un gran «scherzo» que divirtió mucho a su autor y bastante a su público, y que perte­nece más al Goldoni hombre de teatro que al Goldoni artista.

U. Déttore

El Padre de Apestados, Juljusz Slowacki

[Ojciec zadzumionych]. Poema del poeta polaco Juljusz Slowacki (1809-1849), escrito en 1836-37 en un convento del Líbano y publi­cado en 1839.

Narra la tragedia de un pobre árabe, el cual, durante un viaje en camello con toda su familia, de Egipto a Siria, es alcanzado por una epidemia de peste y ve morir gradualmente, uno tras otro, atacados del mal inexorable, a sus siete hijos y a su mujer.

Petrificado por el dolor, solo ya en el mundo, con el único sostén de su fe en Dios, el desventurado reanuda su triste viaje cargando sobre los camellos que ha­bían transportado con él a sus seres queri­dos, su única tienda de campaña.

La idea inicial del poema procede de un episodio realmente sucedido, y del que se enteró el poeta durante una cuarentena que sufrió en la aldea de El Arish, hacia la frontera egipcia. El genio de Slowacki consiguió construir sobre aquel suceso, en pocos días, y en versos poderosos, diversamente rima­dos, uno de los más grandiosos y profundos monumentos poéticos del más atroz dolor de padre, sostenido únicamente por la fuer­za de su fe.

El pobre árabe, tan duramente herido en todo lo que más quería en el mundo, no cesa de creer ni un instante en la bondad divina, o de rezar, de humillarse ante Alá, de ensalzar su grandeza y po­derío en toda manifestación de su voluntad.

Se percibe en esto un reflejo de los senti­mientos que agitaban el alma del poeta, con­movido recientemente por la contemplación de los monumentos egipcios, y de la ciega devoción de los árabes mientras él también anhelaba a Dios. La intuición y compren­sión de la más íntima tragedia de aquel hijo sencillo del desierto por parte de Slowacki son sorprendentes.

Los cuadros en que narra la muerte sucesiva de los siete hijos y de la madre, que absorbe el contagio de los labios de su último hijo muerto, cuyo cadá­ver entierra besándolo, la pintura de todos los estados de ánimo que se van sucediendo y se sobreponen al torbellino de las des­venturas a medida que éstas se van produ­ciendo y acumulando, el identificarse del poeta con el pensamiento y el sentimiento de sus protagonistas, hacen de este pequeño poema (en conjunto 430 versos*) una de las obras maestras de la poesía romántica po­laca y explican plenamente su extraordina­ria popularidad.

En más de un aspecto y en algunos pasajes más dramáticos, este poema recuerda mucho el episodio dantesco del conde Ugolino (v.) y demuestra una vez más la influencia directa que Dante ejer­ció en no pequeña parte de la obra de Slowacki. Son evidentes también las influen­cias del Prisionero de Chillón (v.) de Byron. Trad. italiana de Aglauro Ungherini (Turín, 1902).

E. Damiani

Padre e Hijo, Edmund Gosse

Estudio de dos tempe­ramentos [Father and Son. A Study of Two Temperaments]. Obra del escritor, crítico y poeta inglés Edmund Gosse (1849-1928), publicada anónima en 1907 y después, con el nombre del autor, en 1908.

En ella se narra la vida pueril y juvenil del autor, educado en la estricta creencia religiosa y en el rito evangelista de su padre, Philip H. Gosse, famoso zoólogo y miembro de la secta llamada de los «Plymouth Brothers». Paciente y crédulo primero y obediente a los mandatos de su padre — el más ortodoxo de los evangelistas, hasta el punto de acu­sar una verdadera ceguera, incomprensible en un hombre de su talento, para los hechos y las relaciones humanas, como para las cosas de arte—, su hijo, cada vez más, con la cultura, las amistades que primero le es­taban prohibidas y el madurar de su inteli­gencia, se desprende de las casi increíbles prácticas y la mezquindad de aquella doc­trina no iluminada por el amor cristiano y la comprensión.

Los dos caracteres son estu­diados con minucia y con todos sus porme­nores vistos a la luz de una clara inteli­gencia de artista. El hijo siente antipatía por el padre que se propone someter su espíritu a estrecheces más de rito y plegaria que de religión, pero lo explica y comprende, mostrándolo como estimable y aun genial en el campo de sus estudios, y consigue hacer de él una figura no risible, por su incomprensión de una infinidad de cosas y del sentimiento humano, sino verdadera­mente patética.

A. Camerino