El Pájaro a sus Pequeños, Mihály Tompa

[A maár fiaihoz]. Una de las poesías más céle­bres del poeta húngaro Mihály Tompa (1817- 1868), publicada en 1863.

A la derrota, en 1849, de los húngaros sublevados contra Austria, siguió un período de absolutismo y de opresión, en el que la censura sofocaba en germen toda tentativa de resurgimiento nacional.

En aquellos años escribió Tompa sus más bellas alegorías, que a los ojos de la censura pasaban por cuadros de género, en tanto que el corazón húngaro en seguida comprendía el sentido que les daba su poeta, afligido por la suerte de la patria. El pájaro a sus pequeños significa en rea­lidad «la patria a los poetas».

El pájaro pregunta a sus pequeños por qué se callan. Un gran temporal hace temblar el nido y todo el bosque. Si no pueden cantar un canto alegre, que lo canten triste, pero que no piensen en emigrar a otras tierras, por­que en ningún otro lugar se comprendería su voz.

M. Benedek

Paja Brava, José M.a Alonso y Trelles

Obra del poeta gauchero, nacido en España, José M.a Alonso y Trelles, conocido por su pseudónimo literario «El Viejo Pancho» (1857-1924), publicada en 1915. Es el único libro de versos criollos que publicó Alonso y Trelles.

La poesía de «El Viejo Pancho» es la típica de los inmi­grantes y, por esto, tiene de original lo galaico que perdura en su espíritu y se des­borda en lenguaje gauchesco. En esta poe­sía, el amor y el paisaje están descritos con emoción de recuerdo; y se muestran en expresión subjetiva, con el sentimiento dolo­roso de la lejanía evocado nostálgicamente.

Tres poetas españoles influyen en la forma­ción literaria de «El Viejo Pancho»: Gustavo A. Bécquer, que le da forma típica de verso asonantado; Vicente Medina, que le inspira el sentimiento de lo regional terruñero; y Rosalía de Castro, que le infunde el sentir trascendente del dolor, en la evocación saudosa del recuerdo.

J. Pereira Rodríguez

El País Ensangrentado, William Henry Hudson

[The Pur­ple Land]. Narración del escritor inglés, nacido en Buenos Aires, William Henry Hudson (1841-1922), publicada en 1885.

En ella, explicado en primera persona por un tal Richard Lamb, se describe un viaje de éste desde Montevideo a una granja en el interior del Uruguay y la vuelta a Montevi­deo. Rasgos de costumbres de pastores y gauchos, retratos, escenas de vivo color am­biental, guerrillas y acciones armadas, his­torias de espectros y amores, descripciones del país y observaciones de la naturaleza que el autor, naturalista famoso, introduce con habilidad discreta, se suceden durante los infinitos incidentes del viaje que adquiere una vivacidad original.

El título de la pri­mera edición era El País ensangrentado que Inglaterra perdió y recordaba como los in­gleses no supieron conservar un país rico como el Uruguay, que estuvo durante poco tiempo en su poder, y no comprendieron la generosidad de un pueblo valeroso y lati­namente vario y genial. El título se refiere a las guerras civiles que asolaron el país y terminaron con el cerco de Montevideo, que duró diez años.

Hay en Hudson una calidad de fantasía que, al servicio de una sensi­bilidad aguda, da a su relato un interés novelesco, unido a un naturalismo que define con precisión y nitidez de visión hechos evidentes a través de un estilo cristalino.

A. Camerino

El País Desconocido, William Dean Howells

[The Undiscovered Country]. Novela del norteameri­cano William Dean Howells (1837-1920), editada en 1880.

El joven Edward Ford se va con un amigo a una sesión espiritista celebrada en Boston por el investigador del espiritismo y ocultismo doctor Boynton, que utiliza como «médium» a su joven y gra­ciosa hijita, Egeria Boynton.

En la sesión se producen muchas manifestaciones nota­bles, sobre todo la aparición de una misteriosa mano fosforescente que, al fin, en­ciende la luz de gas. El doctor Boynton parece sinceramente contento de este éxito, pero Ford, que es un escéptico hombre de ciencia, y que también escribe en los perió­dicos, se prepara a revelar al público que se ha tratado de una mistificación, y que la mano fosforescente era la suya.

Furioso por estas revelaciones, y disgustado del mundo de los «médiums» profesionales en el que había comenzado a trabajar en Boston, el doctor Boynton se retira con su hija a su residencia en el campo; pero, siempre dis­traído y absorbido por sus propios pensa­mientos y por su idea fija de haber hallado una comunicación segura con el mundo del más allá, pasea por la campiña con la po­bre Egeria, exhausta y enferma, y tras de una aventura en una taberna ambigua en la que ocurren notables fenómenos espiritistas, los dos terminan siendo recogidos y hospe­dados por amor de Dios en una colonia de la secta religiosa de los Shakers, que viven una vida claustral en régimen de comu­nismo y de celibato.

En tanto que Egeria se cura de su grave enfermedad, producto de la extravagancia e imprevisión de su padre, éste promete a los Shakers hacerles una demostración de los hechos espiritistas, esperando convertirles a su creencia. La misma tarde en que debe tener efecto el experimento, llega a la colonia, en la que es hospedado, Ford.

El experimento resulta negativo, porque Egeria, curada, no se sien­te en condiciones de actuar como «médium»; pero el doctor Boynton atribuye la culpa del fracaso al influjo hostil de Ford. Des­pués de una escena entre los dos hombres, Boynton, profundamente dolorido por el fracaso y la ruina de sus teorías, cae enfer­mo y muere; aunque no sin antes reconci­liarse con Ford y haber construido en su mente una nueva doctrina acerca de las posibles relaciones entre este mundo y el «país desconocido».

La aventura termina con la revelación del amor que existía entre los jóvenes y con su boda. La figura de Boyn­ton está genialmente trazada, y el autor, notable por otras narraciones y por los apa­sionados libros sobre su vida y experiencias en Italia, evoca marginalmente, sin demasia­do empeño pero con gracia, el problema del espiritismo, en aquel tiempo popularísimo. C. Pellizi

Todas sus novelas ofrecen las mismas ex­celentes cualidades, pero éstas serían más visibles si hubiese escrito menos. No hay novela suya en la que no haya muchas figuras vistas y diseñadas con precisión, que no tenga una superficie pulida y una tran­quila serenidad de estructura. Sus obras es­tán llenas de una multitud de observaciones agudas, de intuiciones felices en la percep­ción del carácter, de críticas válidas y ani­mosas de las instituciones. Pero exceptuados uno o dos libros, el efecto conjunto de to­das estas perfecciones es una incierta timi­dez, que nace no del temor de Howells de sobrepasar el pudor de la naturaleza, sirio del hecho de que él atribuía a la natura­leza — comprendiendo en ella amor, muerte y deseos — no ciertamente el pudor del «Alma Venus» de Lucrecio, «hominum divumque voluptas», sino el pudor convencio­nal de una damisela con crinolina. (L. Lewisohn)

Pai Yüeh T’ing, Shih Hui

[El pabellón donde se adora la Luna]. Drama poético chino de Shih Hui, que vivió en la segunda mitad del siglo XIV.

Durante la invasión mongol de la Manchuria (entonces reino de los chinos), el joven Shen Fu, hijo del ministro del Estado manchú, huye hacia el Sur y un día, perseguido por los enemigos, escala un muro y entra en la casa del literato Chang Shih-lung. Al conocer la historia de Shen Fu, el literato lo acoge por algún tiem­po.

Cuando lo despide, Shen Fu, tras pere­grinar por diversas regiones, llega junto a unos bandidos, que le obligan a constituirse en jefe de la banda. En aquel tiempo, Wang, ministro de Estado por mandato imperial, llega a la frontera para hacer construir las fortificaciones, en tanto que los mongoles invaden China por otro frente.

Durante la invasión, el literato Chang Shih-lung y su hermana Shui Lien abandonan la ciudad imperial buscando refugio en el Sur; tam­bién la mujer del ministro Wang, con su hija Shui Lang, huye de la ciudad. En la confusión, el literato Chang Shih-lung pierde de vista a su hermana y a la mujer del mi­nistro y la hija se extravía.

Pero por for­tuna, la hermana del literato se encuentra con la mujer del ministro, que la adopta como hija, en tanto que el literato se en­cuentra con la hija del ministro y se casa con ella. El ministro no quiere, sin em­bargo, reconocer este matrimonio de su hija, y a Chang Shih-lung, al que dejan solo y enfermo en un albergue, lo salva su pro­tector Shen Fu y va con él a la capital para participar en el concurso imperial en el que los dos salen vencedores.

En seguida buscan a la familia del ministro Wang, y Chang Shih-lung confirma su matrimonio con Shui Lang, hija del ministro, mientras que Shen Fu celebra su bodas con Shui Lien, hermana del literato. La obra corresponde al segundo período del teatro chino. El pri­mer período, representado por la escuela septentrional de la dinastía Yüan (1280- 1368), limita a cuatro los actos del drama, tratando de manera especial la parte lírica, y desdeñando la acción.

El segundo período, por el contrario, que comienza con la dinas­tía Ming (1368-1643) y da lugar a la escuela meridional, no limita el número de actos, e introduce además en el teatro la descrip­ción minuciosa y refinada de los sentimien­tos. Shih Hui figura entre los cuatro famosos escritores que inician la nueva escuela.

S. Lokwang