Los Pájaros de Norteamérica, John James Audubon

[The Birds of North America]. Obra del norteamericano John James Audubon (1778- 1851), publicada en cuatro volúmenes entre 1830 y 1839. Comprende 435 láminas en color con 1055 dibujos de pájaros en tamaño na­tural.

Es la más imponente obra en su gé­nero que existe. Cuvier la definió: «El más bello monumento que el arte haya elevado nunca a la naturaleza». Cinco volúmenes de texto, titulados Biografía ornitológica [Ornithological Biography], acompañan las láminas; éstas recogen las experiencias di­rectas de un naturalista amoroso y dotado de un gran sentido de la observación; y aunque el estilo de Audubon a menudo sea excesivamente retórico, posee también no­tables méritos literarios.

C. Izzo

El Pájaro De Fuego, Igor Strawinsky

[L’oiseau de feu]. Ballet en dos cuadros de Igor Strawinsky (n. en 1882), sobre un argumento de M. Fokin.

La composición se empezó en Petersburgo en el invierno de 1909 y fue terminada en mayo de 1910. La primera ejecución tuvo lugar en la ópera de París el 25 de junio de 1910, por la compañía de ballet ruso dirigida por Sergio Diaghilev.

El príncipe Iván persigue al Pájaro de Fue­go y lo alcanza cuando éste se pesa en un árbol al que los rayos de luna dan una apariencia metálica. Pero el Pájaro de Fue­go implora la libertad y el príncipe se la otorga, dándole en recompensa una de sus encendidas plumas. Se hace de día y aparece una verja que rodea un misterioso castillo.

Iván empuja la puerta y entra en el jardín. Salen del castillo trece doncellas vestidas de blanco e informan a Iván de que se encuentra en el reino de Kostchei el Inmortal, inmundo gigante de dedos ver­des, que petrifica a todos los que llegan allí y los retiene como prisioneros.

Una de las doncellas, la hermosa princesa que se enamora del príncipe, le invita a huir. Es ya de día y las doncellas entran en el cas­tillo. Iván no atiende al consejo y se aden­tra lleno de curiosidad por el jardín.

Un repiqueteo de esquilas, campanas y gongs denuncia la presencia de un intruso, y la variada multitud de habitantes del castillo llegan y rodean al príncipe con una danza infernal. Cesa la danza infernal y se pos­tran todos cuando aparece Kostchei el In­mortal, que con gesto espantoso se arroja sobre Iván para convertirlo en piedra.

Pero el monstruo vacila y se detiene: ha descu­bierto la pluma que el Pájaro ha dado a Iván. Ella le protege. El príncipe lo com­prende y llama en su ayuda al Pájaro de Fuego. Los habitantes del castillo se levan­tan y vuelven a la danza infernal, hasta que por fin caen todos al suelo y con ellos cae también Kostchei.

El Pájaro de Fuego canta entonces una nana que sumer­ge en profundo sueño a Kostchei y a su gente. En un lugar secreto hay un huevo que contiene el alma del monstruo. Por consejo del Pájaro de Fuego, Iván lo coge, pero se le va de la mano, -cae en el suelo y se rompe.

Kostchei muere y se deshace el encanto infernal. Este argumento fue uno de los más fascinantes y sugestivos que in­terpretaron los ballets rusos. Desde el punto de vista musical significa el primer trabajo importante del compositor ruso.

Cierra el período juvenil de su carrera artística, en el cual predominan de una manera especial las influencias de los maestros rusos de la generación anterior (Scribain, Rimsky-Korsakoff y, aunque no tanto, Mussorgsky), y en parte las de los impresionistas franceses (Debussy, Dukas, Ravel).

A la vez es tam­bién la primera obra en que se perfilan algunos de los caracteres estilísticos de Strawinsky, que tendrán su entera y completa realización y se manifestarán en su más genuina originalidad en Petruchka (v.), la obra que seguirá inmediatamente a El Pá­jaro de Fuego.

Si por una parte en esta obra se encuentra un gusto por la melodía de carácter oriental y un sentido de la orquestación multicolor que tiene todavía un destello de vida y de sensualidad heredado de Rimsky-Korsakoff (de quien Strawinsky fue discípulo), por otra emerge ya un nuevo sentido del ritmo y de la armonía, duro y anguloso, característico del más auténtico y maduro Strawinsky.

A. Mantelli

El Pájaro Azul, Per Daniel Amadeus Atterbom

[Fagel bla]. Fábula dramática del sueco Per Daniel Amadeus Atterbom (1790-1855), compuesta entre 1811 y 1843. Lo mismo que la Isla de la feli­cidad (v.), también esta fábula dramática toma la materia de un libro popular sueco, traducción de un cuento de la señora de Aulnoy, de contenido tradicional.

Es el cuen­to de la madrastra malvada que, viendo que la hijastra es preferida a su propia hija, transforma por arte mágica al pretendiente en pájaro, y encierra a la hijastra en una torre. Por la noche, el pájaro, que tiene sentimientos humanos, viene a posarse en el pecho de la muchacha, hasta que la ma­drastra sorprende estas visitas y les pone fin.

Pero lo que la magia maligna ha qui­tado, la benigna lo restituye; gracias a las artes de Dolaetus, nigromante y poeta, Amandus (éste es el nombre del joven y caballeresco rey del cuento) vuelve a su primitiva forma humana y puede unirse con su amada Florina. Atterbom no se contentó con la ligereza del cuento de hadas, sino que, como tantos otros románticos, trató de hacer transparentar a través del argumento una alegoría metafísica: la poesía como principio primero del Universo.

Este hondo sentido fue probablemente lo que hizo que el autor reelaborara muchas veces El pájaro azul y que no lo terminase nunca.

V. Santoli

El Pájaro Azul, Maurice Maeterlinck

[L’oiseau bien]. «Féerie» en seis actos y doce cuadros de Maurice Maeterlinck (1862-1949), represen­tada por primera vez en Moscú en 1908.

Los dos hijos de un leñador, Tyltyl y Myl- tyl, la víspera de Navidad no tienen otra alegría que la de contemplar sin envidia las luces y la fiesta de un palacio; así se duermen y tienen un sueño magnífico: apa­rece una hada, que los envía a buscar al pájaro azul, portador de la felicidad, después de dar a los muchachos un diamante prodigioso.

Dándole una vuelta, se revelan con voz y figura las almas de las cosas y de los animales, las ocultas almas que no ven los hombres distraídos, y la pobre choza queda transfigurada. Dando la vuelta al diamante por él lado contrario, las almas vuelven a entrar en sus cosas; sin embargo, con las prisas, no tienen tiempo de alcanzar su lugar la Luz, el Agua, el Pan, el Fuego, el Azúcar, el Perro, la Gata, la Leche, que acompañarán en su viaje a Tyltyl y su her- manita, vestidos con ropas de cuento de hadas.

Primera etapa, el País del Recuerdo, donde los niños vuelven a ver a sus abue­los y sus hermanitos. Pues los muertos vi­ven; sólo que duermen, y se despiertan en cuanto un vivo piensa en ellos; un secreto muy sencillo que los hombres no saben.

Luego el Palacio de la Noche, con sus mara­villas; después la Selva donde, instigados por la Gata maligna, los Árboles, a los que el diamante dio voz y figura, y los Anima­les, tratan de matar a Tyltyl, salvado por la devoción del Perro. La búsqueda del Pájaro Azul prosigue en el Jardín de la Felicidad, donde aparecen todas las felici­dades, de las mayores a las más delicadas, incluso las sencillas de la choza del leña­dor, que los dos muchachos gozaban sin verlas.

En el País de Azul — el Reino del Porvenir — están los niños azules, los que todavía han de nacer, cada uno de ellos preparando el descubrimiento, la idea, el regalo que van a traer a la tierra. Cuando por la mañana se despiertan a la llamada de su madre, llenos de las visiones maravi­llosas, una vecina entra para pedir el pá­jaro de Tyltyl, para su nietecita enferma. Tyltyl le da el pájaro y hasta entonces no se da cuenta de que es azul, el mismo que en vano buscaron en su largo viaje. Y la niña se cura.

La «féerie» reúne los más variados motivos del cuento de hadas, com­poniéndolos y animándolos con una fanta­sía más bien fácil, con alegorías quizás demásiado claras, expresivas de la optimista filosofía del segundo Maeterlinck. Por su buena lección, por su sencillo moralismo, el cuento — guión adecuado para una reali­zación escénica de gran aparato — alcanzó un extraordinario éxito especialmente en los países anglosajones.

Es significativo del pensamiento del autor, que saliendo del pesimismo simbolista llegó a las más conso­ladoras certidumbres sobre la bondad de la vida y la inexistencia de la muerte. ÍTrad. castellana de R. Brenes (México 1907)].

V. Lugu

El Pajarito Belverde, Carlo Gozzi

[L’Augellin Belverde]. Fábula teatral de Carlo Gozzi (1720-1806), representada con éxito en el teatro San Samuele de Venecia por la com­pañía de Antonio Sacchi el 19 de enero de 1765.

En El pajarito Belverde, Gozzi recoge los personajes y el ambiente del Amor de las tres naranjas (v.) para atacar esta vez, como Aristófanes en las Nubes (v.), la nueva filosofía, humillándola con la com­paración de la sabiduría popular de las fábulas.

La reina madre Tartagliona, en ausencia de Tartaglia (v.), ha hecho enterrar viva a su nuera Ninetta, acusándola de haber parido dos perritos. Pero los verda­deros hijos, dos gemelos, son milagrosa­mente salvados y educados por Esmeraldina, mujer de Truffaldino (v.).

Pero el marido ha leído a Holbach y a Helvétius y profesa la teoría del egoísmo: por lo cual arroja a los gemelos Renzo y Barbarina que, tam­bién seguidores de la filosofía moderna, marchan sin un gesto de agradecimiento por Esmeraldina, que se ha sacrificado, según ellos, por el placer egoísta de hacer una buena acción.

Encuentran una estatua, Calmón, un hombre transformado en piedra por haber seguido semejante filosofía, quien les enriquece. Entonces se entregan a la buena vida, pero a los deseos satisfechos sustituyen nuevos deseos.

Renzo se ena­mora de una mujer, también transformada en estatua por su egoísta vanidad, y Barbarina, cortejada rudamente por el Rey en una graciosa escena, es retada por Tarta­gliona a procurarse el agua que baila y los frutos que cantan.

Renzo, para satisfacer y dar voz a su estatua, se dirige hacia el jardín de Serpentina, donde es ayudado por Calmón y otras estatuas. Marcha luego ha­cia el cerro del Ogro para cazar al Pajarito Belverde y es transformado también en esta­tua, junto con Truffaldino.

Entonces, final­mente conmovida, Barbarina arrostra valien­temente graves peligros para salvarle, y, en un final que se parece al del Amor de las tres naranjas, el pajarito Belverde, conver­tido en príncipe, se casa con Barbarina, y Renzo con su estatua convertida en mujer; el Rey recobra resignado a su Ninetta, aún viva pero algo avejentada, mientras Tarta­gliona se transforma en tortuga.

En El paja­rito Belverde, la mejor de las fábulas gozziánas, el autor se abandona libremente al torbellino ilusionista de grotescas extrava­gancias en que radica su poesía, mezcla de lo real y maravilloso, que se anulan a pla­cer en un irónico contrapunto. La fábula deriva del Cuento de los Cuentos (v.) de Basile y de la Posillecheata de Sarnelli.

E. Rho

A Gozzi le falta el claroscuro, le falta la impresión y el sentimiento de lo sobrena­tural. . (De Sanctis)