El Pájaro Azul, Maurice Maeterlinck

[L’oiseau bien]. «Féerie» en seis actos y doce cuadros de Maurice Maeterlinck (1862-1949), represen­tada por primera vez en Moscú en 1908.

Los dos hijos de un leñador, Tyltyl y Myl- tyl, la víspera de Navidad no tienen otra alegría que la de contemplar sin envidia las luces y la fiesta de un palacio; así se duermen y tienen un sueño magnífico: apa­rece una hada, que los envía a buscar al pájaro azul, portador de la felicidad, después de dar a los muchachos un diamante prodigioso.

Dándole una vuelta, se revelan con voz y figura las almas de las cosas y de los animales, las ocultas almas que no ven los hombres distraídos, y la pobre choza queda transfigurada. Dando la vuelta al diamante por él lado contrario, las almas vuelven a entrar en sus cosas; sin embargo, con las prisas, no tienen tiempo de alcanzar su lugar la Luz, el Agua, el Pan, el Fuego, el Azúcar, el Perro, la Gata, la Leche, que acompañarán en su viaje a Tyltyl y su her- manita, vestidos con ropas de cuento de hadas.

Primera etapa, el País del Recuerdo, donde los niños vuelven a ver a sus abue­los y sus hermanitos. Pues los muertos vi­ven; sólo que duermen, y se despiertan en cuanto un vivo piensa en ellos; un secreto muy sencillo que los hombres no saben.

Luego el Palacio de la Noche, con sus mara­villas; después la Selva donde, instigados por la Gata maligna, los Árboles, a los que el diamante dio voz y figura, y los Anima­les, tratan de matar a Tyltyl, salvado por la devoción del Perro. La búsqueda del Pájaro Azul prosigue en el Jardín de la Felicidad, donde aparecen todas las felici­dades, de las mayores a las más delicadas, incluso las sencillas de la choza del leña­dor, que los dos muchachos gozaban sin verlas.

En el País de Azul — el Reino del Porvenir — están los niños azules, los que todavía han de nacer, cada uno de ellos preparando el descubrimiento, la idea, el regalo que van a traer a la tierra. Cuando por la mañana se despiertan a la llamada de su madre, llenos de las visiones maravi­llosas, una vecina entra para pedir el pá­jaro de Tyltyl, para su nietecita enferma. Tyltyl le da el pájaro y hasta entonces no se da cuenta de que es azul, el mismo que en vano buscaron en su largo viaje. Y la niña se cura.

La «féerie» reúne los más variados motivos del cuento de hadas, com­poniéndolos y animándolos con una fanta­sía más bien fácil, con alegorías quizás demásiado claras, expresivas de la optimista filosofía del segundo Maeterlinck. Por su buena lección, por su sencillo moralismo, el cuento — guión adecuado para una reali­zación escénica de gran aparato — alcanzó un extraordinario éxito especialmente en los países anglosajones.

Es significativo del pensamiento del autor, que saliendo del pesimismo simbolista llegó a las más conso­ladoras certidumbres sobre la bondad de la vida y la inexistencia de la muerte. ÍTrad. castellana de R. Brenes (México 1907)].

V. Lugu