Palmerín de Oliva, Anónimo

Novela de caba­llerías española aparecida anónima en Sala­manca en 1511, primera de una larga serie de Palmerines que repiten y varían en for­ma cada vez más artificiosa el tema de los Amadises de Gaula.

La trama permane­ce ceñida al modelo. También Palmerín nace de los amores ilegítimos de una prin­cesa y un noble caballero. Apenas nacido, el abuelo, el emperador de Oriente, lo con­fía a un criado para que lo haga desapa­recer.

Pero éste, compadecido, lo abandona en el monte en un matorral de palmas y olivos, donde es hallado por un pastor que lo educa, llamándolo Palmerín de Oliva en recuerdo del lugar donde lo encontró. El muchacho crece atrevido y fuerte; entra al servicio de un castellano, y por sus empresas es armado caballero.

En los torneos y batallas supera a los más famosos caballe­ros de la época; sus empresas lo llevan a través de alemania, Inglaterra y Oriente. En una de sus aventuras se enfrenta y ven­ce a tres leones.

Vuelve a Constantinopla y es reconocido por su madre, se casa con la hija del Emperador de alemania y a la muerte de su abuelo hereda también el imperio de Constantinopla. A menudo calca las situaciones del Amadís, pero despro­vistas del sentimiento que las originó.

La invención novelesca está regida por un sen­tido de lo maravilloso que se agota en la intriga y el movimiento; la prosa no tiene el menor relieve y se adapta al estilo sen­cillo e incoloro de la crónica. Sin embargo, la novela tuvo gran éxito y fue traducida a varios idiomas.

Las Palmeras Salvajes, William Faulkner

[The wild palms]. Novela del gran escritor norteame­ricano William Faulkner (n. en 1897), publicada en 1939.

La obra presenta dos accio­nes simultáneas, técnica narrativa tan cara a este genial autor: la de un prisionero que huye de la cárcel y que por fin vuelve a ella, y la de una mujer que abandona su hogar, para juntarse con su amante.

La segunda acción es evidentemente superior a la primera y nos cuenta el adulterio de Carlota Rittenmeyer, su fuga con Harry Wilbourne y el drama del hastío que este último llega a sentir. De hecho Wilbourne es un hombre en cierta manera anormal que descubre el amor a los veintiséis años, y al fin se ve obligado a elegir entre la muer­te, o sea la nada, y la cárcel perpetua, o sea la pena. Harry escoge la cárcel perpe­tua, esto es, la pena.

De este modo las dos acciones simultáneas con que empieza y se desarrolla la novela se funden al final. Faulkner, en esta novela, frente a sus otras obras que trataban de problemas ra­ciales en el Sur americano, desarrolla un tema actual y diferente, y nos muestra hasta qué punto su técnica novelística ligada al problema del acaecer temporal es capaz de darnos la representación simbólica de este fluir del tiempo y de la Vida.

La primera acción, la del fugado, no es más que un fondo, la realidad o auténtica vida de Harry, que en la segunda, o sea en la historia de sus amores con Carlota, no hace sino vivir en un tiempo y en una vida falsos.

El Palacio del Placer, William Painter

[The Palace of pleusure, beautified, adomed, and well furnished with pleassant histories and excellent nouels… chosen and selected out of divers good and commendable authors]. Colección de sesenta novelas cortas del in­glés William Painter (15409-1594), publicada en Londres en 1556; la serie se aumentó en ediciones sucesivas, hasta la de 1575 que contiene ciento una.

No se trata de una obra original, sino de traducciones y deri­vaciones de las fuentes más diversas: desde los clásicos (Herodoto, Aulo Gelio, Plutar­co) hasta los novelistas italianos y france­ses (Boccaccio, Bandello, Margarita de Na­varra).

La contribución más notable es la de Bandello, del que son, traducidos o re­fundidos, veintiséis cuentos. De dichos cuen­tos Painter refunde con preferencia los motivos trágicos, aumentando los derrama­mientos de sangre y los excesos de la luju­ria, y dibujando de ese modo una imagen fastuosa y siniestra de Italia que se perpe­tuará a través de los dramaturgos isabelinos.

Pues principalmente a través de la obra de Painter, Inglaterra se pone en contacto con el mundo renacentista italiano. El Palacio del placer se convirtió en reserva inagotable de tramas y motivos en la que entraron a saco los principales escritores isabelinos.

Incluso los dramas de Shakespeare notoria­mente inspirados en Bandello (v. Romeo y Julieta) o en Boccaccio (v. Bien está lo que bien acaba), tienen su germen en la obra de Painter, que constituye el pri­mer ejemplo de novelística en prosa in­glesa.

Palabras y Dichos de Sabios y Filósofos, Yěhudá Bonsenyor

[Libre de paraules e dits de savis e filosofs]. Obra del judío español Yěhudá Bonsenyor (que vivió en la segunda mitad del siglo XIII y en la primera del XIV), escrita en catalán, antes de 1298, y editada por vez primera por G. Llabrés (P,alma de Mallorca, 1889).

La obra, escrita a ruegos del rey Jaime II de Aragón, a cuyo servicio estuvo el autor, comprende un conjunto de máximas y sentencias, en su mayor parte de origen árabe (sobre todo de Mubāšir) y hebreo (por ejemplo, del Mibhar ha-pěninim). En total son 753 di­chos, distribuidos en 67 capítulos; en su mayoría son verdaderas moralidades, aun­que también figuran proverbios acerca del temor de Dios, de varios cargos y profe­siones (reyes, príncipes, escribanos, sabios, médicos, etc.), de animales, plantas, astros y fenómenos de la naturaleza, etc.

Es cu­rioso señalar que al capítulo acerca de los mercaderes sigue el dedicado a los ladro­nes. Existe una traducción española, iné­dita, realizada en 1402 por el judío Ya’ăqob Şaddiq (Jacob Çadique) de Uclés, por en­cargo del maestre de la Orden de Santiago.

D. Romano

Paleofrón y Neoterpe, Wolfgang Goethe

[Paläophron und Neoterpe]. Diálogo en verso de metro clásico de Wolfgang Goethe (1740-1832), es­crito, o mejor dicho, improvisado, en dos días y representado en octubre de 1800 para el cumpleaños de la duquesa Amalia de Sajonia-Weimar, y publicado en 1808 con una introducción y dedicatoria a la misma.

Pertenece a las obras típicas del «período clásico» del poeta. El principal es el en­cuentro del viejo siglo con el nuevo, repre­sentados por Paleofrón y Neoterpe; el pri­mero va acompañado de Malhumor y Petu­lancia, que aluden irónicamente a Klopstock y a Herder, y el segundo de Impertinencia y Presunción, que se refieren a los nuevos poetas románticos.

Pero en realidad los dos personajes simbolizan un tema más vasto, vejez y juventud, el eterno antagonismo de la vida: naturalmente, los dos antagonistas al final se inclinan y hacen reverencia a la duquesa, que personifica en sí las cualida­des mejores de los jóvenes y de los viejos.

Toda la andadura del diálogo es ligera, pero tiene la armonía de un bajorrelieve anti­guo. Fuera de la jovencita Wolskehl, en el papel de Neoterpe, todos los actores lleva­ban máscaras como en el teatro antiguo.

Y esto según una idea del espectáculo teatral que preludia claramente las escenas de Elena del Fausto (v.), donde todo elemento teatral, palabras, gestos, vestidos del actor, y sobre todo la máscara simbólica, sirve para transportar la acción de la esfera de lo individual a la ideal y universal.

G. F. Ajroldi