El Palomo de Plata, Andrei Belyj

[Serebriannij Golub]. Novela de Andrei Belyj, pseudó­nimo del escritor ruso Boris Nicolaevič Bugaev (1880-1934), publicada en 1910.

Es un sombrío análisis del alma y de la vida po­pular rusa, considerada bajo la oscura fas­cinación de un misticismo pagano y con una sensualidad obsesionante, que invade toda la vida. El héroe de la novela, Darjalskij, intelectual ruso, ha estudiado cuanto puede estudiar un europeo culto, pero los libros no han animado la aridez de su cora­zón.

Después de haber ensayado todas las corrientes del moderno pensamiento euro­peo, desde el marxismo hasta el ocultismo, vuelve a su tierra natal y, atraído por un misterioso encanto hacia las oscuras profundidades del alma popular, se une a la secta mística de los «Palomos» (semejante a la de los flageladores), y se convierte en amante de la compañera del carpintero Kudejarov, Matriona, «la hembra picada de viruelas» (esencia elemental del pueblo), que le hace olvidar a su prometida Katia (la personi­ficación de Europa).

El encuentro de Darjalskij con Matriona es el encuentro del misticismo culto con el misticismo popular. Del amor entre Darjalskij y Matriona, de la fusión de la «intellighenzia» con el pueblo ’debería nacer la Nueva Rusia, pero este amor queda estéril porque el exhausto Dar­jalskij es incapaz de procrear.

No tiene nada para dar y se ha dirigido al pueblo sólo para alcanzar la energía vital de la que carece. Viviendo entre los sectarios se le ha despertado el «alma europea»: le invade la nostalgia por Katia. Y los «Palomos», que sospechan su traición, lo matan en «honor del Señor» que pide un sacrificio para que Matriona pueda dar vida al «Salvador».

Así triunfa la energía oscura, elemental, demo­niaca, del misticismo popular. El cuerpo de Darjalskij es conducido al amanecer hasta su sepultura y Matriona, con los cabe­llos sueltos y con el palomo de plata reca­mado en el pecho, abre el cortejo fúnebre.

Esta novela simbólica, escrita en forma liricorrealista, es una admirable previsión e interpretación de la revolución rusa. Debía constituir la primera parte de una trilogía «Oriente u Occidente», dedicada a los pro­blemas espirituales de la época que prece­dió a la revolución.

En efecto, siguieron Petrogrado (v.) en 1912 y Kotik Letaev (v.) en 1914; pero sólo El Palomo de plata corres­ponde plenamente a la intención del autor, y consigue dar en forma prieta, con visiones traslúcidas, el cuadro de la época en la ciudad de provincias y en el campo, y reproducir el estado de ánimo de aquellos años, de oscuro terror y de tímida previsión de algo implacable e inminente.

O. S. Resnevich

Palmström, Christian Morgenstern

Colección de poesías hu­morísticas de Christian Morgenstern (1871- 1914), autor de los Cantos del patíbulo (v.).

Apareció en primera edición en 1910. Tanto Palmström, el sentimental soñador de un mundo mejor, el entusiasta inventor de nue­vas felicidades para los hombres, como von Korf, su refinado compañero contemplativo, pronto se convirtieron en dos figuras ama­das y populares de la moderna poesía ale­mana.

Advertimos en Palmström motivos que se encuentran ya en los Cantos del pa­tíbulo, como el «juego» de hacer revivir el sentido primitivo y olvidado de una metá­fora [«Das böhmische Dorf»; «Die wegge­worfene Flinte»] u otros intraducibies juegos de palabras; tampoco faltan las parodias poéticas, como el «Nocturno en blanco», de evidente entonación rilkiana; pero está notablemente atenuada la «fumisterie» que constituía el alma endiablada de los Can­tos del patíbulo.

Sin embargo, también a este pequeño volumen ha dado Morgen­stern una individualidad propia. Es inolvi­dable el gesto inspirado de Palmström, que esculpe impresiones marmóreas en las plumas de la cama [«Bildhauerisches»] o su invención sentimental del «Almacén de pe­queñas consolaciones cotidianas» [«Das Wa­renhaus»].

Inolvidables las invenciones de Korf: su «Teatro de sombras chinescas», fiesta de la fantasía que nos libera de la maciza realidad de la vida; su reloj con dos pares de agujas que se anulan recíproca­mente, destruyendo el obsesionante trans­currir del tiempo.

Pero lo supera el reloj de Palmström; delicado como una sensitiva, marcha hacia delante o hacia atrás secun­dando el menor deseo de su poseedor; pues un reloj, ligado al tiempo, no puede prescindir de principios; es una máquina cierta­mente, pero con un corazón [«Die korfsche Uhr»; «Palmstroms Uhr»] «órgano de los perfumes», «Aromat», «Anteojos», «Diario, de mediodía»: toda una serie de hallazgos a cual más significativo, de inagotable fan­tasía, especialmente cuando entra en juego un elemento de auténtica poesía [«Die Máusefalle»; «Europens Bücher»; «Korf erfindet eine Art von Witzen»; «Die Windshosen»].

Se trata de cuadritos — como dice Morgenstern en Bilder, su «Ars poética» del humo­rismo fantástico —, pero dirigidos al más allá, de modo que su sentido resulta mara­villosamente transformado, por estar ele­vado al mundo de la fantasía. Menos refi­nadas poéticamente que los Cantos del patí­bulo, circula en estas poesías grotescas un aire de sana confianza, de franco fervor que levanta el ánimo y serena la mente.

R. Guarnieri

Primaleón, Anónimo

Palmerín de Oliva fue continuado en Primaleón, publicado también anónimo en Salamanca en 1512.

La novela narra las empresas de Primaleón y de Galendos, hijos de Palmerín de Oliva, y de don Duardos, príncipe de Inglaterra, con el acostumbrado escenario de torneos, duelos, castillos encan­tados, magos, viajes, episodios sentimenta­les.

Don Duardos se enamora de Flérida, hermana de Primaleón, y ha de soportar muchas pruebas terribles y complicadas aventuras antes de poder casarse con ella. De su matrimonio nacerá más tarde Palme­rín de Inglaterra. La novela tiene un acento marcadamente galante, y hay una mayor concesión a los elementos realistas, como en el episodio en que don Duardos se dis­fraza de hortelano para poderse aproximar a Flérida.

También aquí todo el esfuerzo está en reunir con el mayor sacrificio una multitud de episodios sin la menor relación entre sí ni con los personajes principales. Gil Vicente (14709-1539) sacó de la novela la tragicomedia Don Duardos. También esta novela fue traducida a varios idiomas.

Palmerín de Inglaterra, Francisco de Moráis –Cabral

A Primaleón siguió Palmerín de Ingla­terra [Palmeirím de Inglaterra], escrito por el portugués Francisco de Moráis Cabral (15009-1572) en 1544, publicado primero en la traducción española de Luis Hurtado, considerado durante un tiempo como autor de la obra (Toledo, 1547-1548), y luego en su lengua original en Evora en 1567.

Apa­recido después de la serie de Amadises y Palmerines, Palmerín de Inglaterra repite un asunto poético reducido a mero meca­nismo de combinaciones fantásticas y ya maduro para la sátira cervantina.

La pri­mera parte narra el matrimonio de don Duardos, hijo de Fadrique, rey de Inglaterra, con Flérida, del ,que nacen dos hijos, Palmerín de Inglaterra y Florián del De­sierto. Raptados en tierna edad por un sal­vaje que vive en el bosque con dos leones, son salvados por una mujer y criados por ella junto con su hijo.

Las aventuras de los muchachos son las habituales en los libros de caballerías: combates, torneos, disputas, agniciones, peripecias intermina­bles y complicadísimas. La gran prueba que espera a Palmerín y que conduce a término gloriosamente, es la liberación de su padre, don Duardos, que había sido hecho prisio­nero por Eutropa, hermana del gigante Farnaco, y por el sobrino de éste, Dramusiando.

En la segunda parte, don Duardos, seguido por Palmerín y por Dramusiando, que se ha convertido al cristianismo por haberle salvado la vida, se presenta en la corte de Londres, donde es reconocido junto con sus hijos. Empieza aquí una nueva se­rie de aventuras que se desarrollan en tor­no al castillo de Almourol, donde un gigante del mismo nombre custodia celosamente, junto con algunos caballeros, a la hermosa Miraguarda.

En uno de los numerosos epi­sodios Palmerín desafía y vence a uno de los guardianes de Miraguarda, el Triste Caballero, que es arrojado del castillo. Mil combates se desarrollan en torno al fatal castillo, meta de los más famosos y valien­tes caballeros cristianos.

La toma del cas­tillo, así como la prisión de Duardos, son los principales asuntos de la novela, que deriva continuamente hacia asuntos de ca­rácter maravilloso, heroico y amoroso; es típica la serie de aventuras provocadas por los celos suscitados en la princesa turca Targiana por la hermosura de Miraguarda.

Tales episodios podrían leerse aislados; sólo tienen en común la exaltación del ideal del perfecto caballero. El éxito de la novela fue grande, y además de al español fue tra­ducida al francés, al inglés y al italiano.

Todavía hoy su fama perdura como uno de los mejores textos en lengua portuguesa. Es sabido el juicio que dio de ella Cer­vantes, para caracterizar al Cura en el es­crutinio de la librería de Don Quijote: «y esa Palma de Inglaterra se guarde y se conserve como a cosa única y se haga para ella otra caja como la que halló Alejandro en los despojos de Darío, que la diputó para guardar en ella las obras del poeta Homero».

Es un juicio que refleja las pre­ocupaciones éticas del Cura, pero que no puede tomarse como valoración crítica de una novela, cuyo fondo es convencional y no destaca de los tradicionales moldes fan­tásticos.

L. Panarese

La Palermitana, Teofilo Folengo

Poema religioso en dos libros, compuestos hacia 1539 por Teofilo Folengo (1491-1544) durante su estancia en Sicilia, y por mucho tiempo confundido con el Acto de la Pinta (v.) del mismo autor y de argumento afín, pero luego ya sepa­rado de él en las publicaciones desde el año 1876.

En esta obra, que en gran parte se relaciona con el propósito religioso de la Humanidad del hijo de Dios (v.), el poe­ta se propone cantar una especie de «coliseo pastoral», que va de la creación de Adán y Eva hasta la natividad y la humanidad de Cristo.

Es una verdadera historia sagrada modelada aproximadamente en el carácter de los Triunfos (v.) del Petrarca, según referencia de la dedicatoria de la obra. La narración fatigosa y prolija puede siempre despertar interés para comprender, también bajo las reverberaciones de una nueva tentativa artística, el mundo a veces contra­dictorio del creador del Baldo (v.) y del Orlandino (v.).

C. Cordié