Nacido. en Kufa en 748, m. en Bagdad en 826. Su verdadero nombre era Ismail ibn al-Qāsim, y Abū-l-Atāhiya es sólo un sobrenombre («el loco», o quizá mejor «el pisaverde, el elegante»).
De humilde origen, y no de sangre árabe pura, medró en el Irak bajo los primeros califas abasidas, haciendo prontamente un oficio de la poesía. Su producción juvenil, dedicada sobre todo al amor, fue olvidada por el tipo de poesía que llegó a constituir su especialidad en la edad adulta, es decir, la poesía ascética y sentenciosa (v. Dīwān).
En un lenguaje sencillo y muy próximo al habla popular, que lo distinguía del estilo convencional y artificioso empleado por la mayor parte de los poetas contemporáneos, puso en verso los tópicos de la ascesis oriental, la caducidad de la vida, la inevitabilidad de la muerte que todo lo nivela y acaba, los horrores de la descomposición del cuerpo la contrición del pecador y la esperanza en la misericordia divina.
Coincidían en estos temas la piedad musulmana y la cristiana, y la poesía de nuestro autor es por ello la menos específicamente musulmana, la más conforme a un módulo general de sentenciosidad y ascetismo interconfesionales. Es significativa, a este respecto, la popularidad que alcanzó este poeta en el ambiente árabe-cristiano.
Desde el punto de vista literario, la claridad de su lenguaje y su preferencia por la métrica postclásica hacen de este poeta una de las más interesantes figuras de la primera poesía abasida.
F. Gabrieli
