Vivió en el siglo II a. de C., probablemente en tiempos de los Gracós. De este fecundo autor latino han llegado a nosotros 43 títulos y algunos fragmentos de comedias Togadas (v.), pero carecemos de noticias sobre su vida.
Conocemos su nombradla gracias sobre todo a los juicios críticos de autores posteriores y al eco que alcanzaron sus éxitos (sus obras se representaban todavía en tiempos de Nerón y de Adriano). Horacio refiere, sin compartirlo, el elogio de sus contemporáneos, al decir que la «toga» de A. hubiera convenido a Menandro. Cicerón y Quintiliano rivalizaron en alabanzas.
Este último, sin embargo, le reprochó el empleo excesivo de elementos helenísticos (hetairas y esclavos con nombre griego, divinidades griegas que apostrofaban en los prólogos, y también el amor por los efebos).
De todos modos, ello no le impide ser un intérprete sagaz y afortunado de la vida familiar y social del pueblo bajo de su tiempo, sin incurrir en la trivialidad y grosería de otros muchos colegas suyos, Por otra parte, la lengua y el estilo, aun manteniendo no pocas de las peculiaridades morfológicas y lexicales características del latín vulgar, atestiguan, sin embargo, un singular refinamiento.
