Louisa May Alcott

Nacida en Germantown (Pensilvania) el 29 de noviembre de 1832, na. en Boston el 6 de marzo de 1888. Hija de Amos Bronson Alcott, fue educada por su padre y por Henry David Thoreau en Concord (Massachusetts); entre sus profe­sores figuraron también R. W. Emerson y Theodore Parker.

Escribió su primer libro, Fábulas de flores [Flower Fables], a la edad de dieciséis años. Deseaba ser actriz y escri­bió algunas comedias, una de las cuales fue aceptada por el Boston Theater, pero no llegó a ser representada.

Sus poemas y rela­tos aparecieron desde 1860 en el Atlantic Monthly. Durante la guerra civil fue enfer­mera en el Union Hospital de Georgetown; las cartas en que refería esta experiencia suya fueron publicadas en 1863. Su primera novela, Estado de ánimo [Moods], apareció en 1864. En 1865 marchó a Europa, y dos años después asumió la dirección de una revista para niños, Merry’s Museum.

El pri­mer volumen de Mujercitas (v.) apareció en 1868; el gran éxito obtenido la estimuló a publicar el segundo volumen en 1869. Con los beneficios del libro, pudo dar tran­quilidad económica a su familia.

Siguieron otras muchas novelas: Hombrecitos (1871, v.); Trabajo [Work, 1873]; Ocho primos [Eight cousins, 1875]; Rosa en capullo [Rose in bloom, 1876], y Bajo las lilas [Under the Lilacs, 1878]. Pasó los últimos años de su vida en Boston, donde murió.

Fue una mujer de sorprendente personalidad, dotada de gran seducción, animada por impulsos humanitarios, protectora de muchas causas buenas. Sus novelas tienen una gran fres­cura, y todavía hoy agradan a los jóvenes, pese al hecho de que ella las escribió pro­poniéndose una finalidad de enseñanza mo­ral más que fines artísticos o de puro entre­tenimiento.

L. R. Lind

Amos Bronson Alcott

Nacido en Wolcott (Connecticut) el 29 de noviembre de 1799, m. en Boston el 4 de marzo de 1888. Reci­bida la primera instrucción, hizo de comi­sionista y de profesor en Virginia, en Connecticut, en Boston y en Germantown (Pensilvania).

Su sistema pedagógico fue extre­madamente progresivo. La lectura de Pla­tón, de Coleridge y de los neoplatónicos le llevó a un idealismo trascendental, a tra­vés del cual consideraba al mundo como «la visionaria creación del alma caída del hombre».

Creía, entre otras cosas, en el ré­gimen vegetariano y en la preexistencia del alma, cuya libertad podía conseguirse mediante el autoconocimiento intuitivo. En 1834 fundó en Boston una escuela, que hubo de ser cerrada bien pronto a causa de la hostilidad del público contra sus métodos y enseñanzas.

En 1830 casó con Abigail May y tuvo numerosos hijos en Concord (Massachusetts). En 1844 fundó la comu­nidad utopista Fruitlands, situada a 48 kiló­metros al sur de Boston. Este experimento de vida colectiva falló en 1845 a causa de su impractibilidad.

Louisa May Alcott, su hija, pudo restablecer la prosperidad fami­liar gracias a la afortunada novela Mujercitas (v.). Después de 1853, Alcott viajó por el noroeste americano, pronunciando conferencias y manteniendo «conversaciones».

Llegó a ser delegado provincial de enseñanza en Concord, y en 1859 introdujo el canto, la gimnasia y la fisiología en los programas de las escuelas y organizó un círculo de padres y profesores. Sus escritos sobre el funcionamiento de las escuelas constituye­ron ejemplares modelos de clara lógica.

De 1879 a 1882 enseñó el trascendentalismo, del que era reconocido jefe, en la Escuela estival Concord de filosofía y literatura fundada en su misma biblioteca. Sus obras son: Doctrina y disciplina de la cultura [The Doctrine and Discipline of Human Culture, 1836]; La vida en Concord (1872, v.); Conversaciones en la mesa [Table Talk, 1877]; New Connecticut (1881), y una auto­biografía.

L. R. Lind

Joan Alcover

Poeta catalán. N. en Palma de Mallorca en 1854 y m. en la mis­ma capital en 1926. Después de estudiar Derecho en Barcelona, pasó el resto de su vida en su ciudad natal.

Empezó colabo­rando en la revista «Museo Balear» y pu­blicó algunos volúmenes de poesía (v. Poesías) en castellano, que fue su exclusiva lengua literaria en su primera época: Poe­sías (1887), Nuevas poesías (1892), Poemas y Armonías (1894) y Meteoros, Poemas, Apó­logos y Cuentos (1901).

Se trata de compo­siciones de una noble dignidad formal, pero que hoy día han quedado prácticamente olvidadas. En 1909, fecha en la que fue proclamado «Mestre en Gai Saber», publicó su primer libro en lengua catalana: Cap al tard [Atardecer], al que siguió en 1918 Poemes bíblics [Poemas bíblicos].

Estos dos libros — publicados a diez años de distan­cia — y algunas poesías sueltas también en catalán aparecidas en «Museo Balear» o incluidas en algún volumen en castellano, consagraron a Alcover como el principal expo­nente — junto a Costa i Llobera — de la escuela mallorquína.

Su poesía, dentro de una forma de ponderación clásica y una equilibrada serenidad, denota a veces un emotivo intimismo dolorido y un suave tono elegiaco. Las Obres completes [Obras com­pletas] de Alcover aparecieron en Barcelona el año 1951.

Mariana Alcoforado

Nacida en Beja el 22 de abril de 1640, m. en la misma ciudad, en el convento de Nuestra Señora de la Consolación, el 28 de julio de 1723.

Se le atribuyen las Cartas portuguesas (v.), diri­gidas al caballero de Chamilly, que tomó parte con las tropas de Schomberg, de 1665 a 1667, en la campaña de Portugal. Desde su publicación, muchos han considerado las Cartas como un fraude literario.

Sin em­bargo, la existencia de la monja se encuen­tra documentalmente probada por la fe de bautismo, por el testamento de su padre, Francisco da Costa Alcoforado, en el que Mariana es designada como profesa, y, en fin, por el acta de su defunción, ocurrida en el convento de la Concepción a los 83 años, «todos gastaus no servicio do Deus».

Según la «novela», sor Mariana habría visto al marqués de Chamilly a caballo du­rante un desfile militar en la puerta de Mertola, y habría sido su propio hermano Baltasar, oficial del ejército portugués y compañero de Chamilly (que también fue a parar después a un convento), quien habría facilitado el encuentro en el que debía nacer la sacrílega pasión de los dos.

Vuelto a Francia el oficial seductor, la monja le habría escrito las cinco cartas apasionadas. Parece, por el contrario, que las cartas ha­yan sido redactadas directamente en fran­cés por el conde Lavergne de Guilleragues (que en la edición de 1669 se decía traduc­tor de las mismas): según la tesis propuesta por A. G. Rodrigues, el conde se habría inspirado en cartas escritas realmente por portuguesas enamoradas de oficiales fran­ceses; de aquí los lusitanismos del texto.

Las Cartas constituyen un caso especial en la literatura del siglo XVII por la febril vehemencia con que pone al desnudo las pasiones del corazón humano. Reeditadas numerosas veces durante los siglos XVIII y XIX, influyeron sobre la moda de la no­vela sentimental y sobre la consolidación del romanticismo, para el que Mariana per­sonificó el tipo de amor-pasión analizado por Stendhal.

J. Prado Coelho

Alcifrón

Escritor griego, que vivió a finales del siglo II, es decir, después de Luciano de Samosata, cuyo influjo se ad­vierte en la obra Epístolas (v.) de Alcifrón.

La falta de datos seguros acerca de su vida no nos impide identificar sus características culturales, que nos pueden llevar de nuevo a la sofística de la época imperial (s. II). ya en su aticismo lingüístico, ya en la re­presentación histórico-retórica de la socie­dad ateniense de cinco siglos antes.

Hom­bre privado de un verdadero gusto filosó­fico, como lo demuestra su vacua polémica contra Epicuro (mal comprendido por él, como ocurrirá en la Edad Media), tiene una cierta gracia, que la tradición cómica y mímica señalaba a sus gustos.