Bernardo de Alderete

Erudito espa­ñol n. en Málaga en 1565 y m. en 1645. Fue canónigo de la catedral de Córdoba y uno de los hombres más doctos de su tiem­po.

Era buen conocedor de las lenguas cal­dea, arábiga, hebrea, griega, latina, fran­cesa e italiana. Aplicó su saber erudito a investigaciones arqueológicas y lingüísticas. Su obra capital es Del origen y principio de la lengua castellana (v.), publicada en Roma en 1606 con el título Del origen y principio de la lengua castellana o romance que hoy se usa en España.

Se trata de un ensayo científico sobre los orígenes de nues­tra lengua en el que el autor subraya los de carácter latino. A. escribió además: Va­rias antigüedades de España, África y otras provincias (1614) y una colección de Car­tas sobre la Eucaristía.

Giovanni Aldini

Nacido en Bolonia el 16 de abril de 1762, m. en Milán el 17 de enero de 1834. Sobrino de Galvani, estudió en Bolonia, y desde muy joven contribuyó a vulgarizar y difundir la obra de su tío so­bre electricidad animal.

En 1798 sucedió a su maestro Canterzani en la cátedra de Fí­sica de la Universidad de Bolonia. Fue en esta ciudad uno de los fundadores del Ins­tituto Nacional, surgido en 1802 por volun­tad de Napoleón; en dicho Instituto, fundó Aldini una sociedad científica que tenía la fina­lidad más o menos manifiesta de combatir las ideas de Volta: surgió de ello una fuerte hostilidad entre la sociedad de Aldini y la que existía en la Universidad de Pa­vía, donde enseñaba Volta, y que apoyaba su obra.

La explicación que Galvani había dado, a raíz de sus observaciones, sobre las contracciones musculares de la rana, fue­ron refutadas, en efecto, por Volta; Aldini fue uno de los más decididos partidarios de las ideas de su tío, es decir, que las contrac­ciones eran provocadas por la electricidad animal.

Viajó mucho, y en París y en Lon­dres fundó academias galvanistas. Durante cinco años, todos los científicos de Europa estuvieron divididos en dos bandos. En 1802 y en 1803 realizó en París y en Londres numerosos experimentos sobre las aplica­ciones médicas de la electricidad.

Aldini escri­bió en inglés y en francés, además de ita­liano; los informes sobre los experimentos realizados en las dos capitales se encuen­tran en Précis d’experienceg galvaniques (París, 1803) y especialmente en el Ensayo teorético y experimental sobre el galva­nismo, 1804, v.). Pero Aldini se ocupó también de problemas técnicos.

En su Compendio de galvanismo [Accout of Galvanism], im­preso en Londres en 1803, informa que «el 27 de febrero de 1803 transmitió una co­rriente generada por una batería de ochenta placas de plata y cinc desde el muelle oeste de Calais hasta Fort-Rouge, mediante un hilo tendido sobre los mástiles de los navíos y que retomaba a través de doscientos pies de agua».

Se ocupó también del pro­blema de los faros, como escribe en Saggio di osservazioni sui mezzi atti a migliorare la construzione e illuminazione dei fari (Milán, 1823), y de la protección contra los daños causados por los incendios: L’art de se préserver de la flamme (París, 1830). Para esta última finalidad, ideó un traje incom­bustible y una lámpara de seguridad.

In­ventó, además, una palanca hidráulica. Aldini fue también superintendente de bibliotecas y consejero del municipio de Milán. Aquí murió, legando una considerable cantidad a la Escuela de Ciencias Físicas y Químicas para artesanos de Bolonia.

R. Fedriani

Alcuino de York

Generalmente se le considera n. en algún lugar del Northum­berland (Inglaterra), alrededor del 735, y m. en Tours (Francia) hacia el 804.

Su per­sonalidad histórica está vinculada al breve período de renacimiento cultural sobreve­nido en Europa durante el imperio de Carlomagno, que es conocido con el nombre de «Renacimiento carolingio».

Pasó su ado­lescencia en el monasterio de York, donde realizó también sus primeros estudios. A este tiempo se remonta probablemente su primer viaje a Roma, con su maestro Al­berto, que se dirigía allí en busca de libros religiosos y clásicos para llevar a Inglaterra.

Su vida pública comienza, sin embargo, a principios del 781, después de una entre­vista realizada en Parma (Italia) con Carlomagno, en la que probablemente sugirió al gran rey franco un vasto plan de restau­ración cultural del Occidente cristiano so­bre bases clásico-religiosas, «tales que renovarían el esplendor de Atenas y del im­perio de Augusto».

Del 782 al 796 (salvo un breve paréntesis entre el 790 y el 792, en que realizó una embajada de Carlo- magno al rey Offa de Mercia, en Ingla­terra), lo vemos en la corte franca, entre­gado no sólo a elevar el espíritu de los dignatarios con su vasta cultura, sino tam­bién a actuar en aquel plan de restaura­ción de los estudios para el que había sido llamado.

Además de las famosas capitula­res para la difusión de la cultura que esta­blecían escuelas en todas partes, en las se­des episcopales y abaciales, fundó la Aca­demia palatina para los nobles y dignatarios de la corte y una Escuela palatina a la que asistían los jóvenes más dotados del Imperio.

En la corte, donde era llamado Albino Flaco, continuó su obra de «grammaticus», por lo que bien puede llamársele el maestro de la cultura latina en el Occi­dente germánico. Fue una columna de la Iglesia en el Concilio de Francfort del 794 contra los adopcionistas y los adoradores de las imágenes.

En 796 se retiró de la corte para dirigir la abadía de San Martín de Tours, donde fundó un «scriptorium» que inició la reforma de la escritura de los códices, pasando de la merovingia a la semiuncial y dando origen a la clara minúscula carolingia.

Escribió mucho en prosa latina (v. Obras didácticas) y en poesía (v. Poe­mas, Reyes y santos de la Iglesia Eboracense, El saqueo del monasterio de Lindisfam). La «opera omnia» fue recopilada por K. Froeben y después por E. Jaffé y repro­ducida posteriormente en la Patrología la­tina de Migne.

G. Fantelli

Francisco de Aldana

Poeta español n. en Valencia de Alcántara en la primera mi­tad del siglo XVI, m. con el rey don Sebas­tián en la batalla de Alcazarquivir.

Eru­dito latinista y notable poeta, brilló tam­bién en la carrera de las armas. Fue gene­ral en Flandes y alcaide de una fortaleza fronteriza de San Sebastián. Sus poesías (v. Poesías) fueron coleccionadas por su hermano Cosme en dos tomos que se publi­caron en Madrid en 1591. Mereció de sus contemporáneos el nombre de «divino».

En su breve obra destaca una «Carta del Capi­tán Francisco de Aldana para Arias Mon­tano sobre la contemplación de Dios y los requisitos della», en la que desarrolla, en tercetos bellísimos, la filosofía neoplatónica del amor, a la que da una orientación reli­giosa.

San Aldelmo de Malmesbury

Miembro de la familia real sajona, n. en el 640 en Wessex, m. en 709. Todavía joven, entró en el convento de Malmesbury, fun­dado hacía poco por el monje irlandés Maidulfo.

Aquí recibió la primera formación cultural, siendo enviado después, en 668, a Canterbury, donde tuvo como maestros a Teodoro de Tarso y al abad Adriano. Siete años más tarde, la muerte de Maidulfo hizo que recayeran sobre él los votos de los monjes de la abadía de Malmesbury para elegirlo abad.

Y comenzaron así los treinta años más fecundos de su actividad literaria. Escribió entonces el De [septenario et de] metris et enigmatibus ac pedum regulis, en 141 capítulos; De la virginidad (v.); los Carmina eclesiástica, además de numerosos cánticos populares, hoy perdidos, por los cuales le llamó Alfredo el Grande, que los recopiló, el príncipe de la poesía anglosa­jona.

A decir verdad, fue poeta tosco y a menudo caprichosamente extravagante, pero no le faltó, dentro de su primitivismo, una notable gracia incisiva.

C. Falconi