Alcuino de York

Generalmente se le considera n. en algún lugar del Northum­berland (Inglaterra), alrededor del 735, y m. en Tours (Francia) hacia el 804.

Su per­sonalidad histórica está vinculada al breve período de renacimiento cultural sobreve­nido en Europa durante el imperio de Carlomagno, que es conocido con el nombre de «Renacimiento carolingio».

Pasó su ado­lescencia en el monasterio de York, donde realizó también sus primeros estudios. A este tiempo se remonta probablemente su primer viaje a Roma, con su maestro Al­berto, que se dirigía allí en busca de libros religiosos y clásicos para llevar a Inglaterra.

Su vida pública comienza, sin embargo, a principios del 781, después de una entre­vista realizada en Parma (Italia) con Carlomagno, en la que probablemente sugirió al gran rey franco un vasto plan de restau­ración cultural del Occidente cristiano so­bre bases clásico-religiosas, «tales que renovarían el esplendor de Atenas y del im­perio de Augusto».

Del 782 al 796 (salvo un breve paréntesis entre el 790 y el 792, en que realizó una embajada de Carlo- magno al rey Offa de Mercia, en Ingla­terra), lo vemos en la corte franca, entre­gado no sólo a elevar el espíritu de los dignatarios con su vasta cultura, sino tam­bién a actuar en aquel plan de restaura­ción de los estudios para el que había sido llamado.

Además de las famosas capitula­res para la difusión de la cultura que esta­blecían escuelas en todas partes, en las se­des episcopales y abaciales, fundó la Aca­demia palatina para los nobles y dignatarios de la corte y una Escuela palatina a la que asistían los jóvenes más dotados del Imperio.

En la corte, donde era llamado Albino Flaco, continuó su obra de «grammaticus», por lo que bien puede llamársele el maestro de la cultura latina en el Occi­dente germánico. Fue una columna de la Iglesia en el Concilio de Francfort del 794 contra los adopcionistas y los adoradores de las imágenes.

En 796 se retiró de la corte para dirigir la abadía de San Martín de Tours, donde fundó un «scriptorium» que inició la reforma de la escritura de los códices, pasando de la merovingia a la semiuncial y dando origen a la clara minúscula carolingia.

Escribió mucho en prosa latina (v. Obras didácticas) y en poesía (v. Poe­mas, Reyes y santos de la Iglesia Eboracense, El saqueo del monasterio de Lindisfam). La «opera omnia» fue recopilada por K. Froeben y después por E. Jaffé y repro­ducida posteriormente en la Patrología la­tina de Migne.

G. Fantelli