La Física Nueva y los «Quanta», Louis de Broglie

[La Phisique nouvelle et les «quanta»]. En esta obra, publicada en 1937, Louis de Broglie (n. 1892), después de recordar los fun­damentos de la mecánica y la física clási­cas, expone el desarrollo experimentado por la física moderna a partir de la teoría de la relatividad y la introducción por Planck de los «quanta» (v. De la natura­leza de la luz). Demuestra cómo la existen­cia del «quantum» de acción implica una especie de incompatibilidad entre el punto de vista de localización de los fenómenos en el espacio y en el tiempo y el punto de vista de su evolución dinámica, incompa­tibilidad que traduce el principio de incertidumbre de Heisenberg. La descripción del mundo físico en las teorías quánticas resulta ser una especie de compromiso. A pe­sar de su carácter contradictorio, cada una de las ideas, las ondas por una parte, los corpúsculos por otra, es necesaria para la descripción de los fenómenos y deben ser empleadas alternativamente. Por último, L. de Broglie expone su teoría de la luz, que permite unificar los conceptos de ma­teria y luz, considerando que el fotón está constituido por dos semifotones complemen­tarios, cuya pareja de partículas obedece a la misma estadística que el electrón. Da asimismo un resumen de los conocimientos en esta época acerca de la física del nú­cleo. La obra está escrita en un lenguaje agradable y es un verdadero modelo de exposición; no obstante, aun cuando «vul­gariza» ciertos conceptos, sólo es asequible a aquellos que ya posean unos sólidos co­nocimientos de física general.

La Fisica en los Últimos Veinte Años, Paul Langevin

[La Physique depuis vingt ans]. Obra del físico francés Paul Langevin (1872-1946), publicada en París en 1923. Contiene nueve conferencias o relaciones, que se refieren al período que podríamos denominar einsteiniano, es decir, a aquel en que de la teoría de Lorentz se pasa a la teoría de la relatividad en las dos for­mas, y a la primera teoría de los «quanta». De una manera más exacta, las obras com­prendidas en el volumen son las siguientes: la relación entre la física de los electrones, presentada al Congreso de Saint-Louis el 22 de septiembre de 1904; la conferencia sobre los corpúsculos de electricidad y la dinámica electromagnética, presentada a la Sociedad francesa de Física en 1912; la relación al Congreso Solvay del 1911 sobre la cinética del magnetismo y los magnetones; la conferencia sobre la física de la discontinuidad (Sociedad Francesa de Fí­sica, 27-11-1913); la conferencia en el Con­greso de Bolonia del 1911, publicada inme­diatamente después en «Sienta», sobre la evolución del espacio y del tiempo; la comunicación a la Sociedad Francesa de Filo­sofía (19-10-1913) sobre el tiempo, el es­pacio y la causalidad en la física moderna; la conferencia sobre la inercia de la ener­gía y sus consecuencias (Sociedad Francesa de Física, 26-23-1913); la comunicación di­rigida también a la Sociedad Francesa de Física (6-2-1920), sobre los aspectos suce­sivos del principio de la relatividad; la con­ferencia sobre el espíritu de la enseñanza científica (Museo Pedagógico de París, 1904).

Son escritos notables, tanto por el lado di­dáctico como por el científico, llenos de ideas nuevas y fecundas, y algunos han llegado a ser famosos. El más conocido es el que hace referencia a la evolución del espacio y del tiempo que, como ya se ha dicho, es la conferencia de Bolonia, publi­cada en «Sienta». (La nota en pp. 301-2 podría hacer suponer que se trata de otro trabajo). Esta conferencia es, como se sabe, una magistral exposición de la teoría de Einstein. Pero en ella, Langevin se ha de­jado transportar demasiado por el entusias­mo, sosteniendo la tesis del viajero que, moviéndose con velocidad aproximada a la de la luz, podría en dos años dar un salto de dos siglos, es decir, que a su vuelta encontraría a la tierra envejecida en dos siglos. Esta tesis no es admisible (cf. el nú­mero de junio de 1941, pp. 41-48, de la revista «Argumento», de Florencia) y está en manifiesto desacuerdo con la afirmación hecha por el mismo Langevin en el último capítulo de este libro, es decir, que los principios científicos tienen un campo pro­pio de validez más allá del cual no es lícito aventurarse. De lo que sucedería a un hombre que viajase con una velocidad aproximada a la de la luz, no se puede decir nada que tenga un valor científico. Tal vez el ensayo más importante de la colección es el de la inercia de la energía. Aquí la concepción einsteiniana revive de una manera personal. Particularmente nuevo es el párrafo referente a la ley de Proust, donde Langevin sostiene justamente que la prueba experimental de la inercia de la energía no se debe remitir, como to­dos creían, a un porvenir lejano, sino que ya ha sido dada por las derivaciones de la ley de Proust.

S. Timpanaro

Física Social o Ensayo Sobre el Desarrollo de las Facultades del Hombre, Jacques Quételet

[Physique sociale, ou Essai sur le developpement des facultés de l’homme]. Obra del científico belga Jacques Quételet (1796- 1874) que, publicada en 1861, señaló el principio del análisis estadístico de las for­mas y de las facultades humanas, después continuado por muchos biólogos y sociólo­gos modernos. El autor pasa revista a fe­nómenos como la nupcialidad (en relación a la edad), la criminalidad, las tendencias artísticas, etc., reconociendo en las formas de manifestaciones de estas particulares actividades humanas una cierta uniformidad, que le conduce a determinar una «manifes­tación media» para cada una de ellas. Lle­ga así a reconocer para la especie humana una serie de «caracteres típicos» de las di­ferentes actividades espirituales, de manera que llega a formular la concepción típica del «hombre medio», que es precisamente el individuo en quien las diferentes pro­piedades morales presentan manifestaciones correspondientes a la «media» deducida de la elaboración de la estadística de muchos casos recogidos. Establecidas las cualidades del hombre medio, Quételet deduce una es­pecie de módulo para medir las caracterís­ticas particulares de los individuos en fun­ción de su «separación de la media». Por ejemplo: establecida una media para la edad en la cual se contrae matrimonio, cada in­dividuo en particular se caracteriza por haberse acercado más o menos a la media es­tablecida. El concepto del «hombre medio», entendido como una realidad, fue duramen­te criticado, y hoy día se tiende, en gene­ral, a negarlo. Pero la obra de Quételet no pierde por esto su valor de ejemplaridad, puesto que el estudio estadístico de los fe­nómenos sociales humanos ha dado siempre resultados extraordinariamente fecundos. El mismo autor, más tarde, en su Antropo­metría [Anthropométrie, 1871], quiso pro­fundizar también el examen de las cuali­dades físicas del hombre, según los mismos conceptos expuestos en la Física social, consiguiendo también en este campo resul­tados igualmente discutidos, pero no menos importantes.

C. Barigozzi

Física de los Cuerpos Ponderables, o sea Tratado de la Constitución General de los Cuerpos, Carlo Amedeo Avogadro

[Fisica dei corpi ponderabili ossia Tratatto della costituzione generale dei corpi]. Tratado en cuatro volúmenes de Carlo Amedeo Avogadro (1776- 1856), publicado en Turín entre 1837 y 1841, que reúne todos los conocimientos físicos vigentes en aquella época, introduciendo nuevos conceptos sobre la materia y su na­turaleza. Escribe el autor en la dedicatoria al rey Carlos Alberto: «Mis estudios sobre las ciencias naturales han versado particu­larmente sobre la parte de la física que considera la constitución general de los cuerpos ponderables y, por consiguiente, las cualidades de sus moléculas componen­tes y las fuerzas de que están animados, la capacidad de los diversos cuerpos para el calor y su dilatación por efecto del mis­mo, etc.». Éstas son las bases de la futura fisicoquímica de la que Avogadro es uno de los más importantes precursores. El tema fundamental del primer volumen es la molécula como elemento en sí y como com­ponente de los cuerpos. Después de haber considerado las relaciones existentes entre la distancia y las dimensiones de las mo­léculas de los cuerpos sólidos y su densidad, se estudia la disposición particular de las moléculas en los sólidos con respecto a su cristalización; es éste el primer estudio sobre el tema, que debe ser considerado como el primer tratado italiano de crista­lografía; en él, además de las nociones pre­cedentes de cristalografía geométrica, se hallan nuevas e importantes observaciones de cristalografía física y química.

El se­gundo volumen trata de los fluidos: líqui­dos y gases. En él, Avogadro, después de haber considerado los fenómenos de capilaridad y viscosidad, estudia sagazmente la constitución de los gases, su densidad o peso específico, en las mismas condicio­nes de temperatura y de presión, la rela­ción de la densidad de los gases con su constitución y, en fin, la influencia ejercida sobre los gases por los cuerpos sólidos y líquidos; gran parte está dedicada a la fa­mosa «ley de Avogadro», según la cual volúmenes iguales de gases diferentes, en iguales condiciones de presión y de tem­peratura, contienen igual número de moléculas. El tercer volumen indaga la na­turaleza del calor particularmente en rela­ción con los calores específicos de los gases y de los sólidos, muchos de los cuales son determinados y reunidos en una precisa tabla; después se emprende una aguda crí­tica de la ley de Dulong y Petit, relativa a los calores atómicos. El último volumen trata de los cambios de estado debidos a variaciones de temperatura (a este propó­sito, el autor estudia la densidad del va­por refiriendo sus experiencias sobre la tensión de vapor del mercurio) y de la ley de Boyle y Mariotte, para concluir su tratado con un análisis de las soluciones de sólidos en sólidos, y de la estructura molecular de los metales. Esta obra repre­senta uno de los pilares de la teoría mo­lecular para las futuras concepciones quí­micas y físicas.

O. Bertoli

Fisica del Amor, Remy de Gourmont

[Physique de L’amour]. «Ensayo sobre el instinto sexual», de Remy de Gourmont (1850-1915), public­ado en París en 1903. Inspirado en la idea de «situar la vida sexual del hombre en el punto de vista único de la sexualidad universal», el autor examina los distintos aspectos de la cuestión desde un punto de vista sutilmente intelectualista y, sentadas las premisas que, casi volterianamente, combaten todavía «los prejuicios morales» y su aplicación a la vida de cada día, afir­ma que el hombre no está, ciertamente, en el punto más alto de la naturaleza, sino que está en la naturaleza misma, y es una de las unidades de la vida; y nada más. Es el producto de una evolución parcial y no de la evolución total. Hay que adentrarse, mucho más de lo que hizo Darwin para sus conceptos de raza, en la máquina del amor para poder valorar las leyes de la sexualidad universal según las leyes de la naturaleza y las exactas conquistas de la fisiología.

Es necesario estudiar los actos del amor en su complejidad y unidad. En contraposición a todas las falsedades lite­rarias se desprende que el amor es pro­fundamente «animal»: en esto reside su «belleza». La finalidad de la vida es el mantenimiento de la vida, pero la idea misma de finalidad es una ilusión humana: no hay ni principio, ni medio, ni fin en la serie de causas. El amor continúa la vida, en una fuente inextinguible de energías, entre muertes y destrucciones que traen nueva vida a nuevos seres. Por esto el acto sexual es el «más importante de todos los actos». Después de esta parte teórica, polémicamente ligada a los principios filosó­ficos del autor, la obra trata el problema sexual desde varios aspectos, desde la es­cala de los sexos al dimorfismo sexual, des­de el feminismo a los órganos y al mecanismo del amor. Una parte especial tienen unos capítulos sobre la poligamia, sobre el amor entre los animales sociales y sobre el instinto; pero, más que la forma divulga­dora, si bien apoyada por una extensa in­formación, interesa en la obra la aguda y persistente polémica a favor de la espon­taneidad de la naturaleza bajo el aspecto «más desconocido de la moral tradicional».

C. Cordié