Fuego y Noche, Jánis Rainis

[Uguns un Nakts]. Es el drama letón más popular de Jánis Rainis (1865-1929), escrito entre 1903 y 1904. El personaje central (Jánis Plieksons) está tomado de la leyenda del héroe nacional Lácplesis (v.), que ya había proporcionado materia al poema El matador de osos (v.) de A. Pumpurs. Como éste, también Rai­nis localiza la acción de su drama en el período de las luchas entre los reyes letones y la Orden Teutónica; pero, por su carác­ter simbólico, Fuego y noche tiene más de drama alegórico que de drama histórico. Lácplesis, símbolo de la fuerza invencible de la tierra, lleno de fe en sí mismo, adora a la rubia Laimdota, virtuosa y pura. En el sentido del drama nacional, Laimdota simboliza la Letonia libre. Ella es la ins­piradora de Lácplesis en sus gestas heroi­cas, mientras es todavía para él una meta no alcanzada; pero cuando se convierte, en el reino reconquistado, en la dulce paloma que se acerca a los pies de su héroe, le incita a la paz y a la felicidad. Lácplesis, fijo su ánimo en Laimdota, es bastante fuer­te para resistir los encantos de Spidola, mujer ardiente, que simboliza la Belleza, siempre mudable, pero eterna, y la Sabi­duría.

Frente a la fuerza primordial de Lácplesis, que llega al castillo de Aizkraukle donde reina el padre de Spidola, ésta, que no desdeña bailar danzas nocturnas con las brujas y entablar relaciones amis­tosas con todos los elementos tenebrosos encerrados en el símbolo de la noche, se enardece, aspira a la potencia ilimitada que le daría su unión con el héroe. Pero Lácplesis la rechaza. Desde aquel momento, Spidola comienza contra él su diabólico juego en que empeña todas las fuerzas de la Noche, especialmente a Kangars, símbo­lo de la traición y del fraude. Lácplesis resucita el castillo de la luz, embrujado y hundido en el lago de Burtnieki y libera de este modo el reino de Laimdota, que había de ser su esposa; ésta, en cambio, es raptada y hecha esclava por Spidola. Spi­dola reina ahora en la nueva Riga junto con la Orden Teutónica, y se pone también en relación con Roma. Llega allí Lácplesis para liberar a Laimdota, y una vez más desdeña el encanto de Spidola, que le ofre­ce compartir con él su reino. Pero en la isla de la Muerte, donde está hechizada Laimdota, Lácplesis experimenta por fin el hechizo de Spidola. En el nuevo reino don­de Laimdota se halla junto a Lácplesis co­mo reina, está Spidola que pasa a ser la inspiradora del héroe. Lácplesis era inven­cible mientras luchaba; pero ahora tiene un adversario más fuerte que él: la felicidad.

Mientras Laimdota lo atrae ya únicamente al suave reposo, he aquí la voz de Spidola que resuena más clara en el alma del hé­roe: «como de la muerte debes huir del reposo», y así Lácplesis afronta la lucha desigual con el Caballero Negro, símbolo de la Orden Teutónica; abrazado a su ad­versario, cae con él en las olas del Dáugava, donde sigue combatiendo… Cae el telón sobre este drama, después de que Spidola, incitando al héroe letón, sigue en el río a los dos combatientes. Fuego y No­che, fue convertido en drama musical por Jánis Médins.

M. Rasupe

Fuegos de San Juan, Hermann Sudermann

[Johannisfeuer]. Obra teatral de Hermann Sudermann (1857-1928), representada en 1900. Después de la desilusión por el disenti­miento con que habían sido acogidas por el público sus tentativas, el autor vuelve a los problemas de la vida cotidiana en esta co­media que expresa las penas de un hombre débil, con el corazón dividido entre una buena esposa burguesa y una gitana ardien­te.

Marikke, hija de una zíngara, ha sido adoptada por Vogelreiter, y criada como una hija. Se ha enamorado de Marikke el joven arquitecto Georg von Hartwig, nieto de los Vogelreiter, pero ella, a pesar de que le ama, le ha evitado siempre, consciente de su origen. Convencido de que Marikke no le ama, él se decide a casarse con Trude Vogelreiter. Bullen los preparativos para la boda que se celebrará el día de San Juan; en el mismo día será anunciado el noviaz­go de Marikke con el joven pastor Haffke, que ha pedido su mano. Mientras se van encendiendo los primeros, «fuegos de San Juan» en los campos, Georg hace un ardien­te discurso ensalzando la chispa de paga­nismo que, superando los siglos, vive bajo la ceniza en el corazón de cada uno, para llamear una vez al año, en la libre noche de San Juan, cuando las brujas vagan por los campos y se despiertan los locos deseos que la vida apaga. Las palabras de Georg tienen una viva resonancia en el corazón de Marikke, que brinda con él por la libre noche de San Juan. Más tarde, cuando los fuegos ya se han extinguido y todo el mun­do se ha acostado, ella pasa con Georg su hora de amor. En seguida huye hacia lo desconocido, después de haber convencido a Georg de que se case con Trude, que no soportaría el abandono. Y Georg se casa con Trude.

Construido hábilmente, lleno de ecos tristes, nostálgicos, el drama contiene escenas muy sugestivas; pero la fuerza crea­dora de Sudermann parece debilitada. Des­pués de haberse mantenido en los escenarios durante unos años, también los Fuegos de San Juan cayeron en el olvido.

O. S. Resnevich

Fuegos Tardíos, Afanazij Fet

[Vecernie ogni]. Co­lección de poesías líricas en ruso de Afanazij Fet (1820-1892). Este poeta, debido a su inspiración filosófica y a veces de difícil comprensión, conoció el éxito solamente en un pequeño círculo de iniciados, y sólo en los primeros años de 1900 su arte em­pezó a ser apreciado por el público. Tam­bién la crítica quiso entonces ver en él uno de los mayores poetas rusos de todos los tiempos, comparándole a menudo a su contemporáneo Tjutcev. Fet es un poeta «aristocrático», cultivador de ideas y de sensaciones elevadas, y no nos asombra por lo tanto el hecho de encontrar escrito en su prólogo a los Fuegos tardíos: «… por lo que se refiere a la masa de los lectores, la que forma la llamada popularidad, tiene perfectamente razón al mostrar indiferencia por mis versos; esta indiferencia es recí­proca; no tenemos nada en común». Fet ve en sí mismo un adorador de la belleza, solo y olvidado por los hombres, como lo es la misma belleza: «Solitario y en la sombra envuelto / arrobado la Belleza adoro: / ante su altar he encendido / estos últimos fuegos de mi crepúsculo».

No le placen los cuadros complicados, los largos pensamien­tos: una sensación fugaz, una inesperada intuición filosófica traducida en palabras llenas de música, y he aquí que ha nacido un acorde musical breve, pero profundo. La continua afirmación de la superioridad de la poesía, único refugio para los espíri­tus elegidos, fuera del tiempo y del es­pacio, en el mundo de la Belleza; un pan­teísmo místico e intuicionista; he aquí las notas características de la obra de Fet. «La verdad yo alcanzo / en la cumbre del éx­tasis / que la Belleza crea», «…y todo lo que en los etéreos abismos vuela / sólo es semejanza tuya, sol del mundo, / vana apariencia, fugaz sueño». En lo relativo a la forma, el verso de Fet alcanza a menudo una magnífica musicalidad, aunque que­dando ora obscuro y descuidado, ora exa­geradamente rebuscado. Con todo, la im­presión general es la de una ligera, abierta espiritualidad. «Inútilmente con el ávido pensamiento / de la eterna idea la sombra persigo / en lo alto, en lo alto por el ca­mino de plata / como una sombra trémula que sigue el ala, vuelo». De este mantene­dor del indisoluble binomio poesía-filosofía, se decía en los círculos literarios de la Ru­sia prerrevolucionaria: «Quien no ama la poesía de Fet, no sabe qué es la verdadera poesía».

G. Kraisky

Fuegos de Vivac, Alfredo Oriani

[Fuochi di Bivacco]. Colección de artículos de Alfredo Oriani (1852-1909), que en este género alcanzó una perfección insuperada. «En sus artícu­los periodísticos — escribió Giovanni Papi- ni — fue eminentísimo. Aquel poder de re­montar del hecho pequeño a la gran idea, del momento efímero al más remoto pasa­do, al más fantástico futuro, de lo indivi­dual a lo universal, de la materialidad de la apariencia a la pureza de una idea des­tinada a superarla, refulge en él increíble­mente, como si quisiera dar, en sus últi­mos años, sus pruebas más heroicas». Se reúnen en esta obra los mejores artículos de Oriani, todos los aspectos de la vida contemporánea son tratados en ella: desde las cuestiones políticas, sociales, religiosas, a las artísticas, filosóficas y literarias. Son notabilísimos los artículos sobre Dante, Mazzini, Wagner, Balzac, Zola, Napoleón III, Proudhon, Spencer, Nietzsche, Barrés, Prévost, León XIII, el cardenal Rampolla, el rey Humberto, la reina Margarita, Bülow, Chamberlain, Cecil Rhodes, Zanardelli, Giolitti, retratos vivacísimos, que por su po­tencia recuerdan los de la Lucha política (v.).

No faltan indicaciones verdaderamen­te proféticas, que habían de hallar su con­firmación en los años sucesivos: véanse los artículos sobre Rusia, el Japón, Turquía, el Imperio inglés, el Papado, la democracia cristiana, los judíos. Ciertos juicios incisi­vos no se olvidan jamás; de Balzac dice: «La vida no supo esconderle su secreto ni la filosofía su misterio, ni la ciencia su enigma; encerrado en su estancia noche y día, veía como a través de una alucinación». De Zola: «Había inventado una estética más absurda todavía que la de Wagner por­que estaba fundada en la ciencia y hubiera querido referirlo todo a la ciencia, mientras triunfaba de ella a menudo, olvidándola en el vuelo de su instinto tras algún se­creto de la modernidad». De Nietzsche: «Profundo y obscuro, nebuloso y relam­pagueante, vino para contestar a la nueva tiranía del socialismo; entre las inevitables y a menudo desagradables falsificaciones de su espíritu, resplandece una maravillosa vi­sión de la realidad como las inesperadas iluminaciones boreales, un incendio lúcido y coloreado, como de llamas diluidas, de gemas evaporadas». De Wagner: «Fue un liberador precisamente porque hoy parece un tirano: no pudo alcanzar la suprema ver­dad por las deformaciones que le imponían un sistema crítico y demasiadas exagera­ciones de la voluntad». De Rossini: «Era de aquellos artistas en los cuales la cabeza es todo el cuerpo y toda el alma, y se hacen admirar más que amar; realizan tal vez una revolución, pero no alcanzan el fondo de ella».

M. Missiroli

Fuego Nuevo, Ignasi Iglésias

[Foc nou]. Comedia en tres actos del escritor catalán Ignasi Iglésias (1871-1928), estrenada en Barcelona el 6 de febrero de 1909. En 1914 ganó el pre­mio Fastenrath en los Juegos Florales de Barcelona. La acción transcurre en el seno de una familia distinguida de una ciudad catalana. Carlota, la señora de la casa, ha enviudado; sus hijos, Eladi y Frederic, vi­ven parasitariamente, perpetuos estudiantes calaveras; Adriana, la hija mayor, también hace vida independiente y sólo en la pe­queña, Jovita, encuentra la madre el calor familiar. Entre tanto, el patrimonio va mer­mando, pero hasta que Carlota vende va­rias fincas los hijos no creen en su apu­rada situación económica. Entonces se in­solentan con su madre, que pretende que trabajen como empleados en Barcelona. Al fin, los argumentos de Carlota prevalecen, y sus hijos, reconciliados y contritos, em­prenden una nueva vida. Carlota se queda sola con Jovita. La obra acaba con estas palabras de Carlota a su hija menor: «A fer foc nou, com els tres germans!» Sorprende que Iglésias, al que Maragall llamó el poeta de los humildes, escribiera una obra de un ambiente social superior. Pero también aquí el autor defiende su vieja tesis de la digni­ficación por el trabajo y, como siempre, el teatro de Iglésias tiene más valor social, popular y moral que artístico.

A. Manent