NOCHE A LA ITALIANA (Odon Von Horvath)

Una escena de noche a la italiana durante su representación en Berlín en 1932

Una escena de noche a la italiana durante su representación en Berlín en 1932

Comedia en siete cuadros estrenada en Berlín en marzo de 1931.

Un domingo por la mañana, un grupo de social- demócratas se reúnen en la taberna de Joseph Lehninger en una pequeña ciudad de provincias de la alemania meridional, y juegan a cartas. El consejero municipal Ammetsberger, representan­te de la vieja guardia socialista, que ya está pro­fundamente aburguesado, ha organizado para aquella noche una fiesta popular, una “una noche a la italiana». Martin, representante de la genera­ción de los jóvenes socialistas de ideas radicales y revolucionarías, reprocha al partido no compren­der la gravedad del momento histórico y preocu­parse en organizar un baile mientras fuera de la taberna los fascistas desfilan y ejecutan ejercicios de tiro.

Su fanatismo es tal, que obliga a su novia Anna a abordar a representantes de la milicia nazi para obtener informaciones acerca de sus planes y armamento. Martin rechaza decididamente la se­paración entre política y vida privada, sostenida por su amigo Karl.

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Por la noche, tiene lugar la fiesta, de la que Martin consigue ofuscar el éxito con un duro discurso en el que ataca a los dirigen­tes del partido por su inactividad e inutilidad. Se pasa de una animada discusión a una abierta rup­tura y Martin es expulsado por Ammetsberger. En la taberna sólo queda el directivo jugando a cartas; poco después, llega un pelotón de fascistas que ha organizado una expedición punitiva con­tra el consejero socialdemócrata; alguien ha ensu­ciado de rojo la cabeza del rey Luis de Baviera. Ammetsberger es salvado por la llegada de Martin y sus compañeros que ponen en fuga a los fascis­tas. Pero no aprende nada de cuanto le ha ocurri­do; su principio sigue siendo inmutable: “Mien­tras tenga el honor de ser el presidente de la Unión para la defensa de la república, la repúbli­ca puede dormir tranquila». En un momento en que el peligro del advenimiento del nazismo pesa­ba sobre alemania, Horvath denunciaba inexorable­mente la incomprensible apatía y el estéril fana­tismo de la vieja y de la nueva guardia socialde­mócrata, ridiculizándola.

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La comedia evidencia el gran talento del autor para poner en escena y dar vida a un gran número de personajes, pero tam­bién su tendencia a descomponer la acción teatral en distintos diálogos, sostenidos por personajes distintos a distintos niveles, sin llegar, por otra parte, a una composición dialéctica final o a un enfrentamiento resolutivo impuestos al especta­dor.

LA SEÑORA DE LA GUADAÑA (Paul Roux) . Un poema gafe.

guadaDrama poético del escri­tor y dramaturgo francés Paul Roux, cono­cido por Saint Pol-Roux y por Saint-Pol- Roux el Magnífico (1861-1940), publicado en 1899.

La Señora de la Guadaña es un largo poema a tres voces: el Hombre, la Mujer y la Muerte, compuesto en 1890 y dedicado, no sin melancolía, «a la Osada que por pri­mera vez encarne mi trágica Señora».

Como puede verse, el poeta no sé hacía muchas ilusiones sobre las posibilidades escénicas de este vasto drama, de un lirismo suntuoso y, en ocasiones, oscuro, que se diría «el es­pectáculo de la humanidad entre el múlti­ple conflicto de la Vida y la Muerte» y que, sin duda, sólo el cine podría materializar, por exigir temblores de estrellas, amanece­res, bandadas de pájaros, lluvias de ro­sas, etcétera.

«He pretendido — decía Paul- Roux—, rindiendo culto fervoroso a la ale­gría y con un profundo respeto por la vida, hacer obra de salvación, y considero que de este drama se desprende el sano consejo de vivir, de vivir la parte de energía co­mún y de armonía universal que a cada cual corresponda». Éste es .precisamente el consejo que en bellas y conmovedoras pa­labras formula Magnus, el héroe del drama, en el curso de la escena final, a punto de verse abatido por la Muerte, que ha desa­fiado:

«¡Oh, mis hermanos en humanidad! / No perdáis vuestras breves horas / En los desiertos del sueño, / No frecuentéis ese mundo de difuntos, / ¡Vivid, es decir, obrad! / Vamos, hermanos míos, / Traba­jad vuestra parte de la tarea común / En las viñas de la vida, / Donde la bella fortuna os aguarda bajo el cielo azul».

Si­guiendo el consejo de algunos amigos, como Jean Royére, Paul Adam y André Fontainas, hizo algunas correcciones de La Señora de la Guadaña, a fin de que pudiese representarse. Pero el comité de lectura de la Comédie Française, falto de entusiasmo, solicitó de él nuevos cortes y el poeta — nos cuenta Paul-T. Pelleau, su biógrafo — «sonrió, estrechó la mano de los comediantes y se despidió de todos».

No obstante, bastante tiempo después, en su refugio bretón de Camaret, volvería a tra­bajar en La Señora de la Guadaña, llevado por el deseo de verla representada en su ochenta aniversario.

Por desgracia, esta nue­va versión fue destruida, como la mayoría de sus manuscritos, durante el saqueo de la granja de Coecilian por los alemanes, que, en junio de 1940, ante su presencia, mata­ron a la criada e hirieron gravemente al hijo del poeta, provocando en él la terrible conmoción que meses más tarde le llevaría a la tumba.

EL SEÑOR DE PAUR, HOMBRE PÚBLICO ( Paul-Jean Toulet)

Monsieur du Paur, homme public

Monsieur du Paur, homme public

[Monsieur du Paur, homme public].

Novela aparecida en 1898, es la primera y más apreciable obra narrativa del poeta de las Contrarrimas 

Pertenece al género de las biografías imaginarias, y el autor la presenta como debida a la pluma de un tal M. Douville, secretario del héroe del relato. Si se añade que Toulet, en persona, acusa alguna vez al demasiado ingenuo Douville de haberse dejado engañar por ciertas actitudes de su modelo e interviene directamente para «restablecer la verdad en lo posible» con maliciosas notas al pie de la página, se tendrá idea del tono satírico que domina todo el libro.

La narración si­gue escrupulosamente las etapas de la vida de Pedro-Benigno du Paur, nacido en 1823 en una pequeña aldea del Poitou, de fa­milia rica y antigua y que alardeaba de su no demasiada auténtica nobleza. Huér­fano, es educado por un animoso preceptor, el señor Teodoro Siméeuse, antiguo oficial del Imperio, hombre de gran ingenio pero de refinada astucia y de monstruoso egoís­mo, que consigue casarse con la madre de su discípulo y privarle de casi todos sus bienes, aun conservando sobre su pupilo un gran ascendiente.

Después de dicho aprendizaje el joven Paur efectúa sus es­tudios en París, donde se sumerge en el ambiente literario y es impulsado por el mismo Victor Hugo a la política, alrededor del año 1848. Diputado republicano, acepta el golpe de Estado, y el favor de Napo­león III le procura el puesto de embajador en una minúscula corte germánica, el Gran Ducado de Neuchabe. País idílico, donde el joven diplomático se entrega a diversas experiencias sentimentales, pero donde muy pronto siente la atmósfera angustiosa, crea­da por la locura del Gran Duque en quien se une, con pavorosa perversión, el culto de la música con el de los manicomios.

El señor De Paur marcha de allí casado con una seductora y riquísima dama noble, la duquesa de Violetten, y se instala triunfal­mente en la corte de la emperatriz Eugenia. Gracias a ciertos estudios históricos es nom­brado profesor de la Universidad y, como la enemistad de los estudiantes republicanos le obliga a presentar su dimisión, el go­bierno le compensa con un cargo en el Se­nado.

Entretanto, descubre una inacabable serie de traiciones y perversos desórdenes en la vida de su hermosa mujer y consigue el divorcio, así como una gran parte de sus bienes. Después de 1870, Du Paur renuncia al fin a la vida pública, entra en la Aca­demia y se encamina tranquilamente hacia la Vejez, entre las comodidades y refina­mientos más exquisitos.

El libro es un am­plio cuadro satírico de las costumbres so­ciales de más de medio siglo, evocadas con mordaz brevedad, entrevistas más que ana­lizadas, a través de las experiencias del personaje principal; éste es una figura muy viva y curiosa, un carácter oscilante entre el sentimental y el aprovechado, advenedizo disfrazado de indolencia elegante, que con­serva en sus manejos cierta ingenuidad paradójica. Con grácil estilo que es una obra maestra de falsa sencillez, Toulet con­siguió hacer de su Monsieur du Paur una de las creaciones más originales de la lite­ratura francesa de fin de siglo.

SIN EMBARGO SE MUEVE (Ilya Ehrenburg)

Ilya Ehrenburg

Ilya Ehrenburg

Escrita en 1921 y pu­blicada en Berlín en 1922 por la editorial de emi­grados rusos “Gelikon».

La obra, cuyo estilo vivo, brillante e imagi­nativo, oscila entre el mejor periodismo a la fran­cesa – una veces con tonos y momentos de charla­tán de feria, y otras veces proféticos – y la declara­ción programática, vio la luz tres meses después de la publicación de Las extraordinarias aventu­ras de Julio Jurenito .

Los enunciados “pro- ductivistas del protagonista de esta novela, dirigi­dos contra el arte puro, son el preanuncio de los desarrollos programáticos que se encuentran en Y sin embargo se mueve, y, en el plano colectivo, en las revistas “Vesc/Gegenstand/Objet”, organiza­da también en 1922 por E. en colaboración con El Lisicki. En este manifiesto de un constructivismo que los productivistas a ultranza, como Gan y Arvatov, consideraban ecléctico e invalidado por un latente esteticismo, Ehrenburg comienza invitando a los conservadores, académicos y pompiers del arte a escoger el medio más sencillo para “renunciar al mañana»: a morirse.

Invitar a la gente a morirse será una constante en la obra de Ehrenburg, y ayudarles a que se mueran realmente una constante en su biografía.

Tras afirmar que en 1920 ha adquirido una “visión nueva», en cada uno de los numerosos capitulitos en que se desarrolla la obra, E. invita a quienes actúan en las distintas ramas del arte a salir de sus torres de marfil, a participar directamente en la producción de los objetos de empleo cotidiano, a transformar la vida en un proceso creativo que debe conducir a la ya por aquel entonces teorizada “muerte del arte» como tal.

Una vida nueva, un hombre nue­vo, exigen un arte nuevo, un nuevo mundo de hierro, cemento armado y cristal: el del construc­tivismo internacional que no adorna sino que or­ganiza la vida con un máximo de funcionalidad. Dinamismo, ritmo, carrera, crónica periodística, cine, novela policíaca, y muerte de la estética tradicional: futurismo y meierholdismo, Charlie Chaplin y su vigorosa elaboración de los esque­mas del movimiento.

Abolición drástica, de todas formas y de inmediato, de toda forma de arte- narcótico, de todo “arte vespertino destinado a distraer al hombre cansado*’, superviviente de trabajos alienantes. Final global del romanticis­mo, misticismo, impresionismo, individualismo y simbolismo, que deben ser substituidos, respecti­vamente, por salud-optimismo, claridad-maquinismo, armonía-colectivismo, sociabilidad-sínte­sis, y vitalidad-realismo. Proceso general hacia un nuevo arte internacional, colectivo y revoluciona­rio. “Un arte construido de la forma justa sólo puede existir en el seno de una sociedad organiza­da de una forma racional”.

Pero, una vez consta­tada la incompatibilidad existente entre los hom­bres a los que la historia había confiado el cometi­do de construir una sociedad nueva después de la revolución de 1917, y los fines que se proponía la vanguardia histórica, Ehrenburg hubo de comprender que no habían nacido ni una vida nueva, ni un hom­bre de tipo nuevo, y aún menos socialista, en antítesis con el “impresionismo anárquico de la sociedad pequeño burguesa”. En sus memorias Gentes, años, vida, publicadas a principio de los años 60, el propio Ehrenburg definiría este libro como“ruidoso e ingenuo”

PRIMERA PLANA, la obra de teatro en que se basó la película (Ber Hecht Y Charles McArthur)

Cartel de la película

Cartel de la película

Comedia en tres actos de los autores estadounidenses Ber Hecht (1894-1974) y Charles Mac Arthur (1 19S-1956), estrenada en 1928 en el Times Square Theatre de Nueva York.

EarI Williams, un extravagante anarquista, ha dado muerte, en Chi­cago, a un policía de color y ha sido condenado a muerte.

La cárcel en la que debía ser ahorcado, y de la que consigue evadirse gracias a la estupidez del sheriff Hatmann la noche antes de su ejecu­ción, se encuentra cerca de la sala de prensa del palacio de justicia de Chicago, siendo esencial­mente en esta sala donde se desarrolla la comedia. Poco después de la fuga de Williams, llega la orden de aplazamiento de la ejecución. Pero el alcaide y el sheriff necesitan un Williams muerto, para así poder ganar los votos de la población negra. Por lo tanto, les ordenan a sus hombres que disparen a matar contra el evadido.

Hildy John­son, uno de los muchos periodistas autorizados a presenciar la ejecución, descubre por casualidad que Williams se ha ocultado en la sala de prensa. Oliéndose la posibilidad de escribir un artículo sensacional de primera página, Johnson se con­vierte en el protagonista de una serie de aventuras turbulentas que concluyen felizmente para todos los protagonistas.

Paralelamente a estos aconteci­mientos, también asistimos al inútil intento, por parte del periodista, de retirarse de este oficio al que está ligado por una relación de odio-amor, y volver a iniciar una tranquila vida burguesa con la mujer a quien descuida desde hace demasiado tiempo. Los acontecimientos melodramáticos se prestan a una representación escénica de la vida del periodista, que busca constantemente novedades, impreca, bebe y transcurre las largas esperan jugando a las cartas.

La vida de los periodistas en seguida a lo largo de una noche excitante, pero ni siquiera demasiado extraordinaria, para hombres de su especie. Los autores se proponen poner en evidencia su falta de escrúpulos y su desfachatez, pero también su tesón, su sentido del humorismo y la sensibilidad indispensable para procurarse noticias. Pero lo que al principio parecía querer ser un análisis profundo del oficio de periodista (que H. y M.A. conocen perfectamente por expe­riencia personal), muy pronto se convierte en una obra de realismo superficial. En efecto, la come­dia es una evocación idealizada de su propia pro­fesión, hecha, por dos ex periodistas.

Los mismos autores acaban admitiéndolo así en el epílogo. Los personajes y las aventuras presentadas en esta tragicomedia se basan en clichés estereotipados, pero la obra se salva gracias a su diálogo, vivo, insolente e ingenioso, que caracteriza el ambien­te. Primera página tuvo un gran éxito tanto en el teatro como en la pantalla. Actualmente, puede resultar interesante comparar esta obra con los primeros ejemplos de los llamados “escritos de denuncia”, trabajos que revelan los manejos de algunos profesionales y especialmente de los pe­riodistas, la gente del espectáculo, los policías y los boxeadores.

Importantes obras de este género fueron escritas a continuación por varios autores, entre los cuales recordaremos a Clifford Odets, Sidney Kingsley y Bud Schulberg. J. v. Ge.