[The Faerie Queene]. Poema en estancias (octavas de endecasílabos con la adición de un noveno verso de catorce sílabas, esquema ABABBCBCC, metro inventado por Spenser y adoptado más tarde por James Thomson, Keats, Shelley y Byron) de Edmund Spenser (15529-1599), cuyos tres primeros libros aparecieron en 1591: la obra tenía que constar de doce libros (cada uno dividido en doce cantos), pero el poeta sólo dejó seis y algún fragmento; los tres últimos libros fueron publicados en 1596.
Spenser se inspira en Ariosto (las fuentes de este autor fueron destacadas desde el Setecientos por Thomas Warton, 1728-1790) y Tasso (por ejemplo, el jardín encantado descrito en el canto 12 del libro II está sacado del canto 16 de la Jerusalén libertada, v.), pero todavía está más cerca, en espíritu, de los humanistas inventores de emblemas y empresas; tales son las intenciones alegóricas del poema. En la carta de introducción, dirigida a sir Walter Raleigh, el poeta dice que para hacer más interesante su obra la ha coloreado con una «ficción histórica», es decir, la historia del príncipe Arturo (Arthur) en la que se encuentran reunidas todas las virtudes que un gran hombre ha de poseer. La reina de las hadas representa a la Gloria en abstracto, y en particular a «la excelentísima y gloriosísima persona de nuestra soberana la Reina» (Isabel está también representada en el poema bajo los nombres de Belphoebe, Mercila y Gloriana).
La reina tiene la Corte reunida durante doce días, cada uno de los cuales ofrece a un caballero ocasión de distinguirse: cada caballero personifica una virtud- El primer libro, precedido de una dedicatoria a la reina Isabel, donde el poeta declara que ha cambiado la zampoña pastoril por la trompa, contiene las aventuras del caballero de la Cruz Roja («The Red Cross Knight») modelado según San Jorge, que había de personificar a la Santidad (la Iglesia anglicana). Va a la Corte de Gloriana y, al escuchar que un horrible dragón oprime la tierra gobernada por los padres de la virgen Una (la verdad o la verdadera religión), se dirige con ésta y con su fiel escudero a matar al monstruo.
En la Caverna de los Errores encuentran un dragón que a cada momento da a luz horrendos hijos (alegoría de las aberraciones). El caballero deslumbra al monstruo con el escudo encantado y luego lo decapita: los hijos, al beber su sangre venenosa, mueren. Después el caballero y Una encuentran a un anciano de aspecto venerable, semejante al ermitaño que la Angélica de Ariosto encuentra después de su fuga; es Archimago (la hipocresía), que tiene la lujuria de aquel ermitaño y el mágico poder de Atlante; en este punto la trama adquiere una complejidad ariostesca. El caballero, huyendo de las tentaciones de Archimago, encuentra a Sanstoy, un caballero sarraceno, acompañado por la hermosa Duesa (la Iglesia católica), reencarnación de la Alcina de Ariosto; siguen diversas aventuras por bosques encantados y palacios alegóricos; Una libera al caballero caído en los lazos de Duesa, cuyo deforme aspecto es desenmascarado; el caballero es conducido junto a la señora Humildad (rodeada de Fidelia y Esperanza) y asistido por Obediencia, Penitencia y Remordimiento, así como por el santo ermitaño Contemplación. Purificado de ese modo el espíritu, se enfrenta con el tremendo dragón contra quien había emprendido la expedición y lo mata; después de algunas peripecias, el caballero se casa con Una.
Este rápido resumen del argumento del libro primero bastará para dar una idea de la construcción del poema. El libro segundo contiene las aventuras de sir Guyon, el caballero de la Templanza, sus combates con Pirocles (Pyrocles: el furor) y Cimocles (Chymocles), su visita a la caverna de Mammón y a la Casa de la Templanza y su destrucción de Acrasia (la Intemperancia) y de su Vergel de Delicias (Bower of Bliss); el canto décimo contiene una crónica de reyes británicos desde Bruto a Uther y desde el Rey de los Elfos a Gloriana (Isabel); el cuarto, el episodio de Faón y Cristabella, imitado del de Ariodante y Ginebra del Orlando furioso (v.) (c. VII).
El libro tercero narra la leyenda de la Castidad, simbolizada por Britomarta (Britomart, la real doncella que se enamora de Arthegall cuyas facciones ha visto en un espejo mágico) y de Belfebo (Belphoebe). El libro cuarto narra la leyenda de Triamundo (Triamond) y Cambell. El primero es el caballero de la Amistad y combate con el segundo para decidir cuál de los pretendientes de Canace ha de tenerla; la pugna queda indecisa y ambos se juran eterna amistad; al fin, Triamundo se casa con Canace. En el mismo libro está la historia de Escudamor (Scudamour) y de Amorita (Amoret), quien, inmediatamente después de su boda con Escudamor es raptada por el encantador Busirán (Busirane) y encarcelada por él hasta que la liberta Britomarta.
El quinto libro contiene las aventuras de Arthegall, el caballero de la justicia, y diversas alusiones a acontecimientos históricos del reinado de Isabel, entre los cuales la derrota de los españoles en los Países Bajos, la ejecución de María Estuardo, etc. El sexto libro contiene las aventuras de sir Calidor (Calidore), que representa a la Cortesía. El fragmento se refiere a la alegoría de la Mutabilidad (Mutability), sexto y séptimo cantos de la leyenda de la Constancia, que había de formar el séptimo libro. La reina de las hadas está llena de magníficas descripciones y presentaciones alegóricas y tanto por el género de poesía inconexa y vagamente evocadora que surge de ella como por la musicalidad de las estancias que, con el alejandrino final, parecen imitar a las olas que rompen y acunan el oído con agradable monotonía, el poema de Spenser ha atraído siempre a los espíritus soñadores, como James Thomson y John Keats, y ha sido el motivo de que el autor recibiese el título de «poeta de los poetas» («Poets’ poet»).
M. Praz
Spenser, Shakespeare y Milton agotan toda la poesía notable y grande de los siglos XVI y XVII. (F. Schlegel)
Los tres primeros libros de La Reina de las Hadas… lo elevan de golpe a una posición de supremacía incontestable, no sólo entre los poetas de su tiempo, sino entre todos los poetas ingleses. (Gosse)
Ariosto empieza [el Orlando furioso] como un hombre que nos narra con gran habilidad y claridad una serie de acontecimientos de los que tuvo noticia. Spenser, en cambio, como un hombre en trance o como un hombre que mira por una ventana y nos refiere lo que ve. Por muy profundamente que podáis examinar a Spenser, nunca alcanzaréis una posición ni será posible encontrar en el mundo real un lugar donde colocar a las figuras que nos muestra… Spenser es el maestro de Milton en un sentido más profundo del que se ha supuesto. (C. S. Lewis)

