[Speculum perfectionis]. Este documento, el más antiguo y fiel de la vida de San Francisco de Asís, lleva la fecha del «once de mayo del año del Señor mil doscientos veintiocho», pero fue transcrito en 1227. Fue considerado obra de fray León, compañero, confesor y enfermero de San Francisco que le asistió durante las largas noches en las que el santo se veía atormentado por atroces sufrimientos. Sobre fray León nos han llegado varias ‘leyendas, difundidas a través de escritos y tradiciones orales. Tarecc que tuvo intervención directa en la recopilación de la Leyenda de los tres compañeros (v.) y en la Vita secunda de Tommaso da Celano, mientras sobre sus apuntes y recuerdos transmitidos oralmente se recopilaron el Speculum perfectionis, la Leyenda antigua (v.), los Hechos de San Francisco (v.) y las Florecillas (v.).
Fray León tenía la costumbre de anotar los hechos y las palabras de San Francisco, para edificación de los frailes franciscanos, en crotuli» o «schedulae» que sirvieron de base a quienes se ocuparon de la vida del santo, como Ubertino di Casale, Pietro Olivi y Angelo Clareno. El más antiguo manuscrito del Speculum se encuentra en el monasterio de Ognissanti en Florencia y lleva la fecha de 1317. El Espejo de perfección conserva celosamente la tradición franciscana, el estilo y la figura del «poverello»: fray León intenta, más que narrarnos la vida del santo, salvar su herencia espiritual, oponerse a aquellos que habían empezado a alejarse de la regla o que la aplicaban con demasiada laxitud. La obra, que consta de trece capítulos, comienza con la disensión de fray Elias que, intérprete de algunos frailes descontentos de la regla, demasiado rígida y estricta, pide a San Francisco que la aligere. Pero por el santo, desconsolado por la petición, responde la voz de Cristo: «Nada tuyo, oh Francisco!, hay en la regla, sino que todo lo que hay es mío y quiero que sea observado palabra por palabra».
Y añade después: «Conozco lo que puede la debilidad humana y cuánto quisiera yo ayudarla: así, pues, aquellos a quienes no les guste observar la regla, que salgan de la Orden». Los frailes, emocionados con estas palabras, se retiraron humildes y aterrorizados y aprendieron de Francisco a practicar la caridad, la humildad y la obediencia; a poner todo su celo en el perfeccionamiento de la regla y de la Orden. La obrita incluye episodios sobre cada virtud del santo, inspirados en un gran amor por él y por su virtud. Va desnudo para vestir a los pobres, se priva de su alimento para alimentar a quienes no han probado bocado, soporta la tortura de las ratas que le afligen en su enfermedad, porque son criaturas de Dios, soporta las quemaduras del fuego que también es nuestro hermano.
Moribundo, parece que Dios se complazca en enviarle cuanto desea: un pescado — un «squalo», como él decía—, la tela color ceniza que le servirá de mortaja, el dulce por él deseado, los «mostaccioli» al estilo romano, que la devota dama Iacopa de’Settesolii, advertida milagrosamente por virtud del Espíritu, le lleva como obsequio a su lecho de muerte. De tarde en tarde se repite una frase que nos conmueve: «Nosotros que estuvimos con Él»: es la frase de la fe más sincera y devota, del amor fervoroso y puro de los discípulos del «poverello» de Asís. El Speculum fue publicado en 1901 por P. Lemmens di Quaracchi y luego, en edición crítica monumental, por Paul Sabatier (1926-27) y ha sido traducido (1923) al italiano por F. Tirinnanzi.
P. P. Addoli

