Novela publicada por el jovencísimo autor en el año mismo de su muerte. El protagonista, que habla en primera persona, nos narra la historia de su adolescencia y de una larga y precoz aventura amorosa que la colmó. Muchacho de humor cerrado y fantástico, de fácil inteligencia, indolente, bastante inclinado a la mentira, se libera fácilmente de la escuela, persuadiendo a sus indulgentes padres para que le dejen estudiar particularmente, llevando así una juventud sin obligaciones, un poco favorecido en este sentido por las alteraciones que la guerra de 1914-1918 impuso en las normas habituales de la vida.
Enteramente disponible como está, cuando encuentra a Emma se dedica completamente a este amor. La jovencita, un par de años mayor que él, está prometida a un militar, y con él se casa poco después. Pero se entrega también al amor del muchacho, que resulta favorecido con la frecuente y continua ausencia del marido. Así llega el día en que queda encinta; y el demasiado joven protagonista se siente como oprimido por una responsabilidad más fuerte que él. Hasta que la mujer muere de parto, dejándole en un curioso estado entre deprimido y estupefacto. Esta sencillísima trama, se nos cuenta con minuciosa precisión y con intención, claramente antirromántica.
El joven protagonista está persuadido de ser distinto a todos los demás y de que el destino le llama para vivir una aventura absolutamente excepcional; pero el autor está continuamente allí con su análisis implacable, para demostrar que en realidad todo se reduce a proporciones muy modestas; el muchacho sigue siendo un muchacho, finge y se ilusiona cuando cree ser el centro de una gran pasión, y vive sus difíciles acontecimientos con el mismo ánimo con que viviría una común aventura de la adolescencia.
Precisamente aquí radican el sabor y la importancia del libro: es el signo característico de la reacción de la postguerra contra la «novela novelesca», que los primeros años del siglo actual heredaron de la tradición ochocentista. El estilo quisiera ser un modelo de escritura analítica, minuciosa y sin adornos, que pretende lograr sus efectos con la más delicada precisión. Denota, sin embargo, el esfuerzo, y como tal, es un preludio de las tendencias y las ambiciones del moderno «neorrealismo».
M. Bonfantini
Era enemigo de todo lo que se debe al romanticismo: el realismo pintoresco, la ex- trañeza exterior, el epíteto raro. Una novela era para él bastante más la historia abstracta de un sentimiento, que la reproducción de la naturaleza o que la pintura de los seres. Acaso fue su modelo La princesa de Cléves. En el Diablo en el cuerpo el sentimiento no deja ni por un momento el primer plano. Los personajes tienen aspecto real, viven, pero sólo a los sentimientos deben su soplo y su apariencia humana. (J. de Lacretelle)

