El diablo extranjero, Wacloaw Sieroszewski

Novela, publicada en 1903. El argumento es la eterna lucha entre Oriente y Occidente, vista en los contras­tes profundos de un alma que siente la fra­ternidad humana y que por eso no puede admitir las relaciones habituales entre do­minadores e indígenas: pero precisamente por su honradez y delicadeza es causa de males y de ruina para sí y para los demás. Jan Brzeski, el protagonista, es un joven polaco que, obligado a interrumpir los estu­dios por la pobreza, tiene que trasladarse a China para trabajar en una empresa.

Agre­gado a una misión científica que atraviesa el Asia, el joven parte lleno del ingenuo deseo de hacerse amar y apreciar; pero su carácter confiado no recibe más que humi­llaciones y sólo de milagro escapa a la muerte a la que se le condena, según la ley de la estepa, por haber desobedecido al jefe de la expedición, desertando y salvando a los guías mongoles que en el desierto ha­bían equivocado el camino. Bellísima es esta primera parte de la novela, en la que la estepa kirguisa, las llanuras siberianas, la «yurtas» con su pintoresca muchedumbre de mongoles, constituyen un fondo admi­rable para las más variadas aventuras.

La segunda parte se desenvuelve en China, donde Jan acumula errores sobre errores. Para aprender bien la lengua, se establece en casa de un maestro chino, y poco a poco va resultando un extraño para los europeos, que lo consideran como un original y aún peor. Dominado por sus sueños de estudian­te, cree ascender a la patria lejana a tra­vés del amor a la humanidad; así se encari­ña con los chinos, admira su civilización, y la belleza de sus fiestas, y es generoso y bueno con todos: y suscita los recelos de los europeos, que sólo con la fuerza man­tienen su prestigio entre los indígenas, y también recelan de él los propios chinos, convencidos de que jamás un «diablo ex­tranjero» puede hacer nada bueno por ellos.

Entre tanto, indirectamente por su culpa, hay rebelión en la fábrica donde Jan tra­baja; una muchacha china, que en vano ha implorado de él una hora de amor, se mata; los espíritus se excitan, y para prevenir otros disturbios, el director le hace marchar secretamente. Así Jan vuelve a su tierra como un vencido. La humana verdad con que pone de manifiesto el tormento del es­píritu de Jan, halla un escenario lleno de color en el exotismo del ambiente, que Sie­roszewski, exilado a los veinte años de su Polonia, conoce a fondo, y la novela, en la que retorna el motivo, tan caro a la lite­ratura polaca, de la generosa idealidad so­focada por las contingencias, tuvo gran éxito.

M. Bersano Begey