Nació el 13 de octubre de 1840 en Tula, y murió en Strel’na, cerca de San Petersburgo, el 24 de marzo de 1902. Pertenecía a una familia de tradiciones eclesiásticas, interrumpidas, empero, por su padre, que fue empleado. Estudió Leyes primeramente en la Universidad de San Petersburgo, y luego en la de Londres. En 1863, no obstante, abandonó los estudios, por cuanto, fallecido su padre, hubo de ganarse el propio sustento. Aun cuando empezó a publicar relativamente pronto, su primera obra importante, Costumbres de la cal le Rasterjaeva (v.), no vio la luz hasta 1866, en El contemporáneo. Cinco años después, en 1871, apareció La ruina, segunda novela del autor, elaborada con cierta, lentitud. Al mismo tiempo, marchó al extranjero, y se desinteresó casi- de la suerte de su obra, acogida en Los anales patrios, la más importante revista radical de la época. De la descripción del pequeño mundo de una ciudad de provincias (empleados y pequeños burgueses) pasó a la de la influencia ejercida por la vida urbana en la población rural. Empleado en la caja de ahorro agrícola de una pequeña ciudad del gobierno de Samara, de donde se trasladó posteriormente al de Novgorod, Uspenski había podido adquirir un profundo conocimiento del mundo de los mújiks. Frutos de sus experiencias fueron Del diario campesino (v.) y, luego, La potencia de la tierra (v.). A este último texto se halla vinculado particularmente el nombre del autor, quizá más bien por la originalidad de las situaciones que a causa del valor artístico de su descripción. Escrita en plena efervescencia del populismo idealista, la novela refleja las desilusiones del ideario en relación con los campesinos; pero, también, el no disminuido y sincero fervor con que los intelectuales de la época (la obra apareció en 1882) procuraban acercarse al pueblo (v. asimismo EX aldeano y su trabajo, 1882). Tras La potencia de la tierra Uspenski escribió todavía otras narraciones. Sin embargo, su actividad había terminado. Víctima de una dolencia psíquica, vivió aún diez años más; finalmente, la muerte libróle de sus sufrimientos.
E. Lo Gatto

