Bjarni Thórarensen

Nació en Brautarholt (cerca de Reykjavik, en Islandia) el 30 de diciembre de 1786 y murió el 24 de agosto de 1841 en Módhruvellir (en la región septentrional de la isla, junto al Eyja fjord). Doctoróse en Leyes en Copenhague, e in­gresó muy pronto (1807) en la administra­ción pública; en 1811 fue trasladado al tri­bunal de Reykjavik, y en 1833 nombrado prefecto de los territorios septentrionales y orientales de Islandia. Su llegada a la capital danesa coincidió con la irrupción del roman­ticismo alemán en Dinamarca, provocada por H. Steffens y concretada en el nuevo estilo de Oehlenschláger, autor de Los cuer­nos de oro (v.).

Era natural, pues, que Thórarensen iniciara su actividad literaria como «román­tico»; y así, su Recuerdo de Islandia (v.) ocupa en la historia de la literatura isleña un lugar análogo al que tiene Los cuernos de oro en la de Dinamarca. En la obra en cuestión cabe advertir ya algunos caracte­res fundamentales del romanticismo islan­dés, que pueden resumirse en una renova­ción moral y cívica vinculada a un pasado glorioso. En este ámbito ideal pueden situar­se también dos poemas bélicos (¡Ea, a las armas! [Herhvót] y Marcha de guerra [Herganga]), compuestos con motivo del bom­bardeo de Copenhague (septiembre de 1807) por la flota inglesa.

Destacan en la obra de Thórarensen ciertas lamentaciones en un estilo arcaico, inspirado en el de los Edda, que, por lo menos en cuanto a los nombres y las situaciones, se da asimismo en algunas poesías amorosas, por ej. A Sigrún [Sigrúnarljádh], Los gatos de Freyja [Freyjukettimir]). Esta pátina arcaizante (también frecuente en las imágenes y en diversos rasgos estilísticos) es una característica de la lírica de Thórarensen, y resulta natural en una lengua y una cultura como las de Islandia, que tan arcaicas se han mantenido.

V. Santoli