Poeta arábigoespañol, nació en 1040 y murió en 1095; último rey de la taifa de Sevilla. Pasó casi toda su juventud en Silves, de la que siempre guardó un mágico recuerdo que vertió en bellísimos versos; también allí estudió Humanidades. Más inclinado a los placeres y a las tertulias que al duro afán de la guerra, hubo de sentir los rigores de su padre, que lo mandó encarcelar por haberse dejado sorprender por el enemigo cuando mandaba una expedición contra Málaga. Conseguido el perdón paterno, y para recuperar su prestigio se puso al frente de un ejército que sitió el Silves de su juventud que había caído en poder de los cristianos. Allí conoció a otro gran poeta, Ibn Ammar, que llevaría consigo a Sevilla y con el que trabó gran amistad, colmó de honores y revelantes cargos y al que finalmente dio muerte porque le había traicionado.
En 1069, nuestro autor sucedió a su padre en el trono de Sevilla, y habiendo por entonces nombrado gran visir a Ibn Ammar, paseaban ambos una tarde por la orilla del Guadalquivir improvisando versos, cuando conoció a la bella Itimad, que sin reconocer a su rey redondeó en voz alta unas estrofas por éste iniciadas y que no había acertado a continuar su visir. Mu ‘Tamid quedó prendado de ella y la hizo su esposa a pesar de que no era más que una esclava, y fue desde entonces su fiel e inseparable compañera así en la prosperidad como en la desgracia. Los primeros años de su reinado fueron de pleno goce de los bienes de la tierra. El rey fue liberal, generoso y magnánimo; la reina, amable e ingeniosa, aunque algo caprichosa. Los versos de estos años son alados y finos, pero su más elevada inspiración de poeta la debe Mu ‘Tamid a su desgracia.
Vínole ésta por su temor a que al-Andalus cayese en poder de los cristianos, y ante tal temor fue a Marruecos a recabar la ayuda de Jusuf Ibn Taschfin, jefe de los fanáticos almorávides y emperador de Marruecos. Algo recelaba Mu ‘Tamid acerca de las ambiciones de Jusuf, pero no quería pasar a la historia como el culpable de que Andalucía cayera en poder de los infieles, además de que prefería «ser camellero en África que porquerizo en Castilla». En efecto, vino Jusuf a la península al frente de un gran ejército y logró la victoria de Zalaca (1086) que hizo retroceder a las tropas de Alfonso VI; pero al año siguiente Jusuf destronó primero al rey moro de Granada y en 1090 se hizo proclamar señor de Andalucía. Mu ‘Tamid resistió en Sevilla los ataques de los almohades, pero al fin fue preso, cargado de cadenas y mandado a África con toda su familia. El día de la partida del bajel que lo llevaba se reunió todo el pueblo de Sevilla a orillas del Guadalquivir para demostrarle su cariño. Fue encarcelado en la ciudad de Agmat, donde cantó con sus mejores versos inspirados en el dolor, las mudanzas de la fortuna y las bellezas de la patria perdida.
En Agmat recibió las visitas de Abumohámed el Hicharí, y de Abenlabana. Éste le llevó noticias del intento de restauración que llevó a cabo con coraje su hijo Abdelchábar, que fracasó cuando ya el rey preso abrigaba ciertas esperanzas. Su tumba fue un lugar de peregrinaje. Abenalaban escribió: «Todo el mundo tiene piedad de él, y aun hoy es llorado».
J. R. Manent

