Gaspar Gil Polo

No se tienen muchas noticias sobre la vida de este poeta español. Nació en Valencia a principios del si­glo XVI (1529 ?), murió en Barcelona, proba­blemente en 1591. Prefirió el apellido de su madre, Isabel Ursala Gil, y lo antepuso al paterno. Consta que era notario en Valen­cia de 1571 a 1573, y al año siguiente, por servicios prestados a Felipe II, fue nom­brado asesor de la Bailía y lugarteniente del Maestre Racional del reino de Valencia (tesorero de la Curia real). En 1579 renun­ció a su cargo en favor de su hijo Julián. Tuvo otro hijo de sus mismos nombres, ju­risconsulto y autor de varios libros de De­recho, con el cual se le ha confundido, así como también con otro Gil Polo, profesor de griego en Valencia (1566-73).

En 1580 se trasladó a Barcelona para cuidar de los asuntos del patrimonio real y allí murió. Su fama ha quedado vinculada a la Diana ena­morada (1564), continuación de la Diana (v.) de Montemayor. Pero existen motivos para creer que era ya notable como poeta, porque J. de Timoneda lo cita en una rela­ción de poetas valencianos (Sarao de Amor, 1561), y L. Palmireno lo recuerda en los Rhetorice Prolegomena (1567). Conocemos un soneto suyo anterior a la Diana y él mismo, en el tercer libro de la novela (Can­to del Turia), celebró a poetas valencianos y elogió cordialmente a varios profesores, qui­zá colegas, de los que no quedan sin em­bargo obras poéticas. Si se conociera la vida de P. quedaría acaso más clara su obra, en la parte en que el contenido es menos convencional. La crítica fue unánime, y to­davía lo es actualmente, en elogiar a Gil Polo. Se señalan en el lenguaje de P. catalanis­mos, arcaísmos, cultismos, ya de dominio común; su inclinación en la prosa, espe­cialmente en ciertos aspectos retóricos, a las formas medievales, en la poesía a las del Renacimiento, sobre todo en la línea de su predilecto, y en cierto modo afín, Garcilaso.

En resumen,Gil Polo, feliz intérprete lírico de la tradición bucólica, clásico lleno de mitología, admirador de Virgilio y de Sannazaro, fue tradicional e innovador al mis­mo tiempo, como atestiguan la variedad de metros empleados y el artificio de las ri­mas. (Inventó una estrofa, a la que llama rima provenzal, y es autor de los pocos alejandrinos escritos en castellano).

G. Savelli