[Perch’io non spero]. Balada de Guido Cavalcanti (1260?- 1301). Compuesta muy probablemente, no en los últimos meses de la vida del poeta, en su destierro de Sarzana, como se creyó durante mucho tiempo, sino en Provenza, durante una enfermedad que le llevó a las puertas de la muerte, esta balada es la obra maestra de Guido, que supo unir en ella, mejor que en ninguna otra parte, los dos motivos de su poesía: la contemplación extática de la belleza y el sentido trágico de la vida, que se disuelve por obra de un poder inexorable (v. Rimas).
En la angustia, en el pensamiento de la muerte que siente próxima, el poeta dirige a su criatura, la «ballatetta», sus últimas palabras, se eleva a la contemplación de la amada, a la que después de la muerte la balada llevará su alma; el dolor sin esperanza del desterrado moribundo se aplaca en el afectuoso discurso a la «ballatetta», sabedora de su tormento y compañera y guía, después de^ la muerte, de su alma extraviada, resolviéndose por fin con la imagen del alma que ya va llegando a su meta, en el éxtasis de una adoración intemporal: «Alma, y tú la adoras/siempre en su valor».
M. Fubini
Guido Cavalcanti es el primero de nuestros poetas que descubre y representa en profundidad la aproximación, tan grata a los románticos hasta la metafísica de Leopardi, entre el amor y la muerte. (M. Bontempelli)

