Signo de un singular temperamento de artista, las composiciones poéticas del francés Rutebeuf (siglo XIII) constituyen un testimonio histórico de primer orden para el conocimiento de la sociedad medieval y de su paso hacia el Renacimiento; pero sobre todo interesan como expresión limpia y vigorosa de un carácter de artista. Abierto a todas las corrientes de su tiempo, Rutebeuf siente la rebelión ante la opresión de los poderosos y la violencia efe los gobernantes, a pesar de lo cual se nos muestra en todo momento firme en sus principios morales; más que el Villon de su siglo, como alguien le llamó, nos parece un juglar que canta a su Madona (v. Teófilo), a los santos y a sus señores (en las famosas «Lamentaciones» [«Complaintes»] por la muerte de Anneau de l’isle-Adam, de Thibaut V, conde de Champagne y rey de Navarra, y de otros insignes caballeros) y se expansiona en «Fabulillas» [«Fabliaux»] vivas y agudas.
Un carácter particular tienen las poesías satíricas, en las que el artista hace sentir su indignación contra las órdenes monacales, pendencieras, ávidas y corrompidas. En muchas poesías hace también el elogio de la sociedad noble, pero sin falso entusiasmo; Rutebeuf quiere que los verdaderos caballeros sientan el valor moral de la cruzada y participen en ella con fe, pero el momento histórico le incita a satirizar a cuantos sólo conservan los rasgos exteriores de la nobleza y altivamente olvidan las necesidades del pueblo. Compleja y varia por la inspiración, la obra poética de Rutebeuf ha llegado hasta nosotros sobre todo gracias a la fascinación ejercida por su personalidad histórica creadora, más que por su propia consistencia como obra de-arte; pero sus vigorosos rasgos muestran un sentimiento popular e instintivo.
C. Cordié
Va a la verdadera fuente del lirismo, a la emoción personal y profunda. (Lanson)

