Título genérico bajo el cual se agrupa la producción lírica de Francisco Sá de Miranda (hacia 1485-1558), uno de los primeros poetas portugueses italianizantes. En conjunto son ciento ochenta y nueve poesías, de ellas setenta y cuatro en lengua castellana, caracterizadas todas, más que por el contenido tendencioso y moralizador, por una voluntad decidida de renovación tecnicoformal.
Junto a los antiguos metros nacionales: villancicos, cantigas, esparsas, glosas, sátiras, en los que se continúa la tradición secular de la lírica cortés en los consabidos motivos de amor y de deseo, de temor y de esperanza, tomados intelectualmente como juego de frases y conceptos, y con sutil juego de palabras, aparecen las adaptaciones, las repeticiones y las imitaciones de temas de inspiración más vasta y de tono menos impersonal, expresados en las formas métricas italianas: endecasílabo, soneto, canción petrarquista, octavas, tercetos elegiacos y églogas. Se renuevan las formas y se renueva el contenido, con el mismo espíritu que, en la España de su tiempo, animó a Boscán y a Garcilaso, cuya muerte llora en la égloga «Nemoroso» (1537).
Hay que reconocer que en estas poesías Sá de Miranda no se revela nunca como un poeta inspirado; porque predominaban en él las preocupaciones métricas estilísticas, unidas a una cierta manía de sentenciar y de moralizar con visos eruditos. Sin embargo, el fluido versificador se manifiesta en algunas cantigas, en las églogas «Basto» y «Alexio», en la pastoril «Fábula del Mondego» y en la «Carta a Antonio Pereira», en la que el tema de la vida solitaria en oposición a la vida de corte — uno de los temas de su tiempo — encuentra sinceros acentos de vida vivida.
M. Casella

