Muy admiradas por sus contemporáneos, las Poesías de Ciro, hijo de los señores de Pers (1599-1662), ocupan un puesto propio en la literatura barroca italiana, a la que pertenecían por su naturaleza.
Su carácter más saliente es el de una búsqueda de tipo marinista, en el que las contraposiciones de imágenes y el juego de las rimas y de los conceptos se llevan hasta el extremo. Algunos sonetos, sutilmente trabajados en la adjetivación y curiosos por sus referencias históricas y mitológicas, pueden ser considerados como ejemplos típicos de la manera barroca. En el soneto «Cabelleras etíopes, que de rayos ardientes», se nota sobre todo el alambicamiento formal con que el poeta cierra el homenaje a su amante: «Venga el que ver quiera en bella cara/con una blanca frente y negro pelo/pintado en claroscuro el paraíso».
Sistemática prueba del modo completamente setecentista con que Pers alambica su mundo espiritual, es el soneto «Están en mis riñones, por tanto, formados», con un juego de palabras sobre el mal de piedra que atormenta cruelmente al poeta. Un carácter más limpio y profundamente inspirado tienen las poesías políticas, en las que el poeta declara su afinidad con Testi y con Filicaia, por su actitud animosa contra lo extranjero: él hace sentir su dignidad de caballero y de soldado, que rehúsa honores cortesanos y que vive solitario en la meditación. Las canciones sobre las «Calamidades de Italia» y sobre «Italia envilecida» son un lamento sobre las tristes condiciones políticas del país, y sobre la furia devastadora de la naturaleza.
Es famosa la descripción de la peste y el apostrofe a Italia, que olvida la gloria antigua y se divierte en torneos y fiestas. Son los mismos acentos políticos, también en la órbita de Testi, que resonarán más tarde en las canciones de Leopardi. La obra de Pers, mezcla de actitudes barrocas y otras más afines a su índole meditativa, constituye uno de los más notables testimonios de la literatura italiana del siglo XVII.
C. Cordié

