[Gedichte]. Sólo después que Friedrich Hebbel (1813-1863) adquirió cierta fama con sus dramas juveniles Judith (v.) y Genoveva (v.), consiguió que Campe publicara en Hamburgo sus poesías; a esta recopilación siguió una segunda ampliada por Weber en Leipzig.
Pero a medida que la producción dramática le absorbía, escaseaba la lírica. Sólo la refundición de ésta para una edición completa de sus obras por Cotta en 1857, aporta nuevos frutos. En dicha edición el poeta no adopta el orden cronológico, pues no quiere dar «desarrollos» sino «resultados». Contrariamente a la mayor parte de sus dramas, las poesías encontraron pronto cálida acogida. Los primeros grandes modelos fueron Schiller y Uhland, sólo más tarde Goethe; pero la poesía de Hebbel es en primer lugar cerebral; aunque no tan reflexiva como la de Schiller, no es ciertamente «ingenua» como la de Goethe. Se ha liberado hace tiempo de todo «pathos», su lenguaje es selecto, pero de una sencillez casi puritana, conservador en la palabra y en el símbolo, muy musical.
Dos formas domina magistralmente: la balada y el epigrama; la primera porque es la más próxima al drama, el segundo porque la riqueza de sus pensamientos podía concentrarse en la forma más concisa y plástica. Las baladas tienen a menudo el carácter excesivamente sombrío y crudo que es también un defecto de algunas figuras de los dramas juveniles y es un reflejo de la juventud angustiada del poeta. Entre las mejores tenemos «El niño del campo» [«Der Heideknabe»], donde un chiquillo sueña que su amo le envía a la ciudad con dinero y en el trayecto es asesinado: y el sueño se cumple. «Magia de amor» [«Liebeszauber»] es un muy gracioso idilio campestre: una noche de temporal el enamorado se acerca lentamente a la casa de su amada y la ve salir a escondidas, pese a la tempestad; ya se cree traicionado por ella, cuando la ve desaparecer en la cabaña de una adivina: allí oye que pronuncia su nombre como el del hombre amado y entonces se echa en sus brazos.
Bastante popular es «El chiquillo en la fuente» [«Das Kind am Brunnen»] con la invocación a la nodriza [«Frau Amme, Frau Amme»] repetida al principio de cada estrofa como ocurre en las baladas populares: el niño se despierta mientras la nodriza sigue durmiendo y con un ramillete de flores se dirige a escondidas a la fuente; inclinado al borde, descubre su imagen reflejada en el agua y la toma por la de otro niño. Se espera ya que el chiquillo caiga en ella, cuando las flores ruedan al agua y disuelven la imagen: el niño se espanta y huye. Una de las más hermosas y conmovedoras es «Virgo et Ma- ter»: a los pies de la Virgen se arrodilla una muchacha seducida; la lámpara perenne se apaga y la muchacha se levanta desesperada; pero piensa más tarde que, si la Virgen no puede perdonarla, la Madre perdonará, y le promete, bajo la cruz donde sufre el Hijo, parecérsele algún día.
Semejantes a baladas breves soti los relatos infantiles del autor: «El domingo del chiquillo» [«Bubensonntag»], donde el muchacho, en la mañana del domingo, va a la iglesia, antes de que entren los fieles, porque quiere ver a Dios; y cuando al oír la campana cree que va a verlo, cierra los ojos espantado: es la prueba de que Dios ha pasado y se propone ser más valiente la próxima vez. «De la infancia» [«Aus der Kindheit»] es el conmovedor episodio del niño a quien le han mandado ahogar su gatito y que se precipita en él agua detrás de él; salvados ambos, no quiere volver a la vida más que tras la promesa de que tampoco su gatito morirá. Los epigramas de Hebbel, como las Xenias de Schiller, contienen pensamientos sobre literatura, arte, moral, impresiones de viajes y por su espíritu y justa concisión no son inferiores a los schillerianos.
También la canción [«Lied»] fue tratada por Hebbel con musicalidad y sentido moderno: «Canción nocturna» [«Nachtlied»] fue puesta en música por Schumann; en «Sentimiento nocturno» [«Nachtgefülh»], los pensamientos adormecidos llevan al poeta, hacia delante y hacia atrás, a su primera hora y a la última. «Sentimiento vespertino» [«Abendgefühl»] es una perla de la lírica hebbeliana, con la plácida lucha entre la noche y el día, en la que todos los dolores se presentan y disuelven, hasta que la vida aparece como el canto de una dulce canción de cuna. «Admonición» [«Mahnung»] exhorta a no maldecir de la hora que nos arranca las cosas queridas, porque nos enseña a renunciar hoy a lo que mañana nos quitará la muerte. La poesía de Hebbel es a menudo expresión de profundo dolor vivido: en el ciclo «Al dolor su derecho» [«Dem Schmerz sein Recht»], el más característico de la poesía y de la concepción de Hebbel, ve en el problema del origen del dolor el primer misterio de la vida.
A la contingencia del momento une siempre el pensamiento de lo eterno: la fugaz aventura con una mujer en «A una desconocida» [«An eine Unbekannte»] es el símbolo de la fugacidad de todo lo terreno. Sólo ante la belleza pura Hebbel se ve libre de la pesadilla de la tristeza; así las poesías escritas en Italia son ricas en luz, serenidad y entusiasmo. Roma le inspiró una serie de sonetos deliciosos: ante las estatuas antiguas («Apolo de Belvedere», «Juno Ludovica») se siente transportado de admiración por la forma perfecta en la que no se advierte el esfuerzo de la creación. «La oferta de la primavera» representa el alborozo de la floreciente primavera italiana; tampoco se le escapó lo pintoresco de ciertos ritos locales, como en la procesión eucarística nocturna de Nápoles, en la poesía «El Venerable en la noche» [«Das Venerabile in der Nacht»].
C. Baseggio-E. Rosenfeld

