Recopilación de poesías del cubano José María de Heredia (1803-1839), pariente del homónimo poeta francés, publicada en 1825 y luego ampliada.
Patriota condenado a destierro perpetuo, canta la libertad, la mujer y su isla luminosa en poesías breves, pero en algunas composiciones de mayores bríos se inspira en amplios recuerdos históricos, especialmente aborígenes, de su América. La nostalgia por Cuba, la contemplación de la naturaleza que buscó siempre como consuelo, le sugieren reflexiones filosóficas que no caen en la aridez ni se sumen en declamaciones: sus páginas están esculpidas, son tersas, brillantes. Sus momentos mejores se encuentran en «El teocali de Cholula» (teocali = templo azteca en forma de pirámide escalonada, en cuya cima ardía el fuego sagrado y se sacrificaban víctimas humanas) y la oda al Niágara.
La admiración por la civilización precolombina no le impide desencadenar románticos anatemas contra las antiguas crueldades. La oda al Niágara, densa de vibrantes acordes a lo Foscolo, cuyos versos libres conocía Heredia, es de precisa imitación byroniana, confesada por el autor. La esplendorosa naturaleza de su continente se ofreció mágica a sus ojos extasiados y tristes en muchísimas otras poesías; en el Cometa tiene acentos de alta poesía, imaginando un inmenso meteoro que choca con el sol. Su música es majestuosa pero no barroca; la serena compostura de su estilo no es fría; clásico y, debido al sentimiento que lo anima, precursor del neorromanticismo, es un alto valor dé su isla.
U. Gallo

