La obra poética del escritor francés Léon-Paul Fargue (1878-1947) hay que situarla dentro de la producción lírica postmallarmeana de «élite» que, siguiendo al maestro, modula su propio canto, hecho de alusiones, según un lenguaje poético en el que la elocuencia y la lógica — o sea la «razón» — se han dejado completamente de lado, como a naturales enemigas del lirismo puro.
Está, por tanto, en posición de antítesis con toda cadencia, con todo romanticismo de fácil inspiración y con todo propósito sentimental y descriptivo. En Fargue confluyen abiertamente Rimbaud, Lautréamont, Laforgue, Huysmans y sobre todo Mallarmé; en él se anudan todos; de él derivan en cierto modo Delteil, Breton y, en parte, los surrealistas. Simbolismo (v.) e Impresionismo (v.), en este singular poeta francés se convierten en pura fantasía, en puro sueño musical, en hechizo verbal. A través de una sensibilidad extraordinariamente refinada y casi morbosa, el poeta nos hace entrever una realidad que nada tiene apenas de realista ni de tangible; visiones, recuerdos, nostalgias, melancolías, amores y quejas, sobrenadan en sus composiciones líricas como fluida materia onírica.
Se le llamó «exquisito músico de las letras», y la definición es feliz, por cuanto sus Poèmes ofrecen la abstracción formal y lo indefinido conceptual propios de un «estudio» para piano de Chopin (a la cabeza de los Poèmes figura, en pentagrama, un motivo chopiniano). Ediciones de los Poemas: primera, 1805; segunda, 1912; tercera, con adición de Pour la musique, 1918; sexta, 1944, con nuevas composiciones. Esta última edición, que completa las precedentes, comienza con la «trenodia» por su padre difunto, titulada Aetemae Memoriae Patris (cuatro «poemas en prosa»), composición relativamente reciente y la poesía más humana que haya producido Fargue, pero cuidadísima. Siguen los Poemas propiamente dichos: treinta y seis «poemas en prosa», sin títulos, casi todos de 1902.
Los temas del canto parecen disolverse a la primera alusión; sólo emergen trozos de paisaje y de lugares predilectos, sombras de personas queridas («Myrtis au clair visage»), alusiones a acontecimientos reales (la guerra) y también ninfas y sílfides bajo el claro de luna. A los Poemas se han añadido, en esta edición, los once «poemas en verso», de variado metro — con títulos para cada una — de Pour la musique, publicados anteriormente aparte y dedicados a Francis Jourdain. Si la forma es diversa, en sustancia no son distintos de los otros cantos: estados de ánimo, reminiscencias, paisajes, personas y cosas queridas; se trata de música poética en espera de un sonoro revestimiento musical. En la segunda colección de Espaces se reunieron, en 1929, las dos «plaquettes» de Epaisseurs y Vultume, publicadas antes separadamente.
Epaisseurs consta de dos piezas en verso y cinco «poemas en prosa». La palabra «reveil», puesta entre paréntesis, al final de la última composición, nos da la clave de este alucinante fluir de imágenes y de palabras: se trata, en efecto, de un estado onírico. Se notan repeticiones onomatopéyicas, acentuada rareza de elocución, peregrinas analogías («il vivait dans cette biodynamique… comme la pyrale dans les forges»). También Vultume — quince «poemas en prosa», con títulos para cada uno, agrupados en dos subtítulos — termina con la palabra «reveil», y tiene del sueño lo indeciso, lo vago, lo ilógico. Diálogos astrales, sugestiones verbales (las letanías de la «Chanson de plus léger que la mort»), caracterizan el contenido. En 1929 se publicaron también en un volumen titulado «Sous la lampe» las «plaquettes» Suite familière y Banalité, que ya habían aparecido por separado. La Suite familière consta de nueve «poemas en prosa».
La segunda de estas composiciones es predominantemente aforística (sobre el arte, sobre los escritores, sobre la libertad de la inteligencia, etc.); la tercera—predominantemente prosística— es una sugestiva aclaración del arte de Marcel Proust. En Banalité — poemas en la tercera — predominantemente prosaica — prevalecen los recuerdos familiares, evocados con particular acento nostálgico. Banalité es el título particular de la segunda composición, en la que el autor, en tono discursivo y en forma sencilla, teje una delicada trama de las más lejanas remembranzas de infancia y de juventud. íntimo y cordial escrito que se desvía del rígido canon poético de este autor de excepción y de ardua lectura, que tuvo un alto concepto de la misión del poeta, noble epigono de una lírica quintaesenciada, puntualizada por la alquimia de los empastes verbales y por el libre juego de las metáforas. V. Orazi
Dentro del maravilloso creador de imágenes y de metáforas, del visionario que obra por sugestión casi hipnótica, encontramos un hipersensible, un antiintelectua– lista, solicitado sólo por su pasado, por su infancia, por los nostálgicos recuerdos de su padre y de su familia, a un hombre que se conmueve por lo que ya no volverá, un poco como fueron Pierre Loti, Proust y el Bataille de la Chambre Blanche. (E. Jaloux)

