Poesías, Giovanni Fantoni

Las poesías de Giovanni Fantoni, en la Arcadia «Labindo» (1755-1807), se publicaron entre 1784 y 1806, y comprenden las Odas (1784), las Poesías y varias prosas (1785), y buen número de poesías de ocasión, en las cuales hallaron un eco los acontecimientos de la época de la Revolución napoleónica.

De 1791 es una oda «A Italia» («Squarcia le vesti dell’obbrobrio, al crine/l’elmo riponi…»); de 1803 la epístola en versos libres «A Napoleón Bonaparte, presidente de la República Itá­lica»; de 1806 la oda «Sobre el estado de Italia en 1806», lírica incitación a los ita­lianos desmemoriados a extraer vigor y ayuda de su gran pasado. Y en los años próximos a 1791 Giovanni Fantoni com­puso el himno «Ahora somos pequeños, pero creceremos», escrito para la brigada de muchachos que el poeta estaba adies­trando en las armas en Módena y a la que había llamado «el ejército de la esperanza». Esta poesía no es de gran aliento ni de sentido profundo, pero sí siempre expresiva de todo lo que iba fermentando de los nuevos tiempos en que aquel poeta que, dentro de la tradición del más bello y or­todoxo clasicismo estilístico, partiendo de la «Arcadia» y anclado en Horacio, se com­placía, para decirlo con Carducci, en derivar lo antiguo «como en un surco de hechos e ideas del día».

Más que en sus pequeñas canciones, en sus varios juegos e idilios, en los que se reconocen rastros, empleados con elegante eclecticismo, de los más cono­cidos poetas del siglo XVIII, italianos y europeos, desde el pseudo Ossián a Gessner y Young, el núcleo más notable en Fantoni se puede hallar en los dos libros de sus Odas. Su modelo en los metros y aun en los temas es Horacio, pero refundido y modernizado con una especie de elegante y atildada sonoridad. Técnicamente feliz y de particular interés historicoliterario es la tentativa fantoniana de renovar los ritmos y las estructuras métricas latinas.; si se prescinde del uso de la rima, a la cual el sensualismo métrico del siglo XVIII impidió a Fantoni renunciar, sus odas son uno de los más afortunados ejemplos de clasicismo métrico y una premisa del más reciente y feliz propósito carducciano. De la imitación de Fantoni partió, en efecto, el joven Car­duce!.

D. Mattalía