Poesías, Miquel Ferrá

La obra poética del escritor mallorquín Miquel Ferrá (1885-1948) se halla reunida en los siguientes li­bros: Cangó d’ahir [Canción de ayer] edi­tado en 1917; La rosada [El rocío] en 1919 y A mig camí [A medio camino] en 1926. Este último incluye los dos volúmenes ante­riores.

En su primera época Ferrá cantó los motivos tradicionales del ciclo religioso y del ciclo del tiempo: Navidad, Reyes, Pas­cua, y las cuatro estaciones, especialmente la primavera. Sus versos de metro corto, ingenuos y popularizantes, a veces pura­mente externos, poseen una especie de ale­gría triunfante y juvenil. Después, sus te­mas se ahondaron, el otoño llegó a ser un símbolo de madurez, su verso se hizo más largo y recio. La evocación ingenua se trocó en alegórica. Así es cuando el poeta ve cómo los ángeles abren las puertas de la aurora o encienden el lucero de la tarde y rezan por el difunto día.

Sus canciones, que tienen un sabor nórdico, surgen de una tenue niebla de melancolía. Sólo en los sonetos reunidos bajo el título de «Sportswomen» se apartó Ferrá de la línea de la escuela mallorquína, para adentrarse tími­damente en los cotos de la poesía de van­guardia. Pero ya en los «Camps de Mallor­ca» vuelve el tema de su tierra nativa con sus alimañas, sus nubes fugaces, sus plan­tas misteriosamente erguidas, sus brisas re­beldes, sus fecundantes acequias. Un viento de elegía envuelve estos poemas, sin que Ferrá llegara a la profundidad de su maes­tro Alcover, porque no participó como aquél de un sacudida trágica tan entrañable.

El tono vibrante y emotivo del poema «En la mort d’en Prat de la Riba» se prolonga en las últimas composiciones del libro A mig camí, donde el poeta vuelve a cantar sus temas primeros, pero bajo el conjuro de la soledad, ya que,, como decía en un verso: «l’amiga solitud me dóna el brag».

A. Manent