Son una serie de poesías latinas con las que Décimo Magno Ausonio (310-378) conmemoró, conforme a su profesión de retor, «Su familia» [«Parentalia»], «Los profesores de la escuela de Burdeos» [«Commemoratio professorum Burdigalensium»], «Los héroes caídos en Troya» [«Epitaphia heroum»], «Las ciudades ilustres» [«Ordo nobilium urbium»], «Los doce Emperadores» [«De XII Caesaribus»], «Los siete sabios» [«Ludus septem sapientium»].
De carácter biográfico son los «Epigramas» [«Epigrammata»], en parte griegos y en parte latinos; las «Cartas» [«Epistulae»! dirigidas a sus amigos Asió Paulo, Tecne, Tetadio, Símaco, Úrsulo, Petronio, Probo y sobre todo a Paulino; la Efeméride (v.), diario íntimo en metros diversos; de erudición y fuerza estilística es el «Centón nupcial» [«Cento nuptialis»], en el que con versos o hemistiquios virgilianos se describen las nupcias, hasta en sus más íntimos pormenores. El «Libro de las églogas» [«Eglogarum liber»] nos brinda un calendario versificado, con los nombres de los días de la semana y de los meses, ‘y con las fechas más importantes. «Los Césares» [«Caesares»] contienen versificadas las doce biografías de Suetonio. Las «Períocas de la Ilíada y de la Odisea de Homero» [«Periochae Homeri Iliadis et Odyssiae»] constituyen un ejercicio escolar.
Junto a estos fútiles pretextos para poetizar, halló también temas más dignos: en honor de una joven esclava, botín de guerra, escribió un breve cancionero, titulado con el nombre de aquélla, «Bissula». Muchas son sus epístolas, sus idilios, los fastos y poesías de ocasión, pero su obra maestra es el «Mosela», descripción en 483 hexámetros de un viaje por el Mosela, desde Bingen a Tréveris. No faltan, en este pequeño poema algunas digresiones, como alardes de erudición, pero, típico ejemplo de sátira hodepórica (itinerario burlesco), el «Mosela» describe con frescor y brío paisajes y ciudades, hombres y cosas. Hay siempre en Ausonio un tono malicioso, burlón y a veces soñador y romántico.
Tal vez sea por esta particularidad suya por lo que se le atribuye la elegía primaveral «El nacimiento de las rosas» [«De rosis nascentibus»l. Aun suponiendo, lo que es dudoso, que Ausonio fuese cristiano, tiene su poesía acentos demasiado paganos, por su sensualidad, para hacernos creer en una conversión profunda y sincera: los conceptos que informan su lírica recuerdan, anticipándolos, algunos temas que veremos agotados en los cantos de los goliardos.
F. Della Corte

