Obra de Demócrito de Abdera (V-IV siglos a. de C.), del mismo contenido, aproximadamente, que la Gran cosmología (v.), pero llamada «pequeña» por modestia y consideración para su maestro Leucipo.
No ha llegado hasta nosotros ningún fragmento de esta obra, pero conocemos su contenido por las referencias de Diodoro, Juan Catrarés y Juan Tzetzés. Contenía una teoría dé la formación del mundo, del origen de los animales y de la historia primitiva de la civilización humana. En un principio fue el caos; de él se separaron los cuerpos por la acción de causas mecánicas y adquirieron el aspecto que vemos en ellos todavía. Primero se separaron los cuerpos celestes. El aire fue puesto en ininterrumpido movimiento, de manera que su parte ígnea se acumuló en lo alto, y los cuerpos celestes quedaron presos en su torbellino; en cambio, la parte fangosa y turbia del aire se depositó, por su peso, toda en un lugar. Dando vueltas formó con el elemento líquido el mar y con las partes más sólidas la tierra, que era primero fangosa y blanda, pero luego se fue secando por el ardor del fuego solar y adquirió consistencia.
Cuando era fangosa y blanda todavía fermentó bajo la acción del sol; se formaron así unas especies de burbujas cubiertas de membranas; cuando estas últimas se desgarraron vinieron a la luz los animales, cuyo sexo está determinado por su grado de cocción — más cocidos y cálidos los machos, menos las hembras. Los hombres primero vivían sin leyes, parecidos a fieras; se reunieron porque «la utilidad les enseñó a ayudarse mutuamente, y reunidos en sociedad por el impulso del temor, comenzaron poco a poco a reconocerse por su aspecto». Después comenzaron a articular las palabras y, «estableciendo entre ellos expresiones convencionales para designar cada objeto, vinieron a crear un modo, conocido de todos ellos, para significar todas las cosas».
Varias agrupaciones humanas en las diversas partes de la tierra dieron origen a las diferentes lenguas. Poco o poco, «enseñados por la experiencia», de la vida nómada y salvaje pasaron a las moradas estables; tuvieron entonces origen la agricultura, y con el uso del fuego, las artes mecánicas. Aunque al lector moderno puedan parecerle ingenuas las líneas de esta cosmología, con todo es notable la circunstancia de que ya en ella el pensamiento científico griego se muestra maduro; todo elemento mítico es completamente abandonado y se intenta explicar todo el mundo natural, incluso los fenómenos de la vida, por la mera acción de las causas mecánicas.
Además, la parte que se refiere a la historia primitiva de la humanidad ha ejercido una gran influencia en el pensamiento juridiconaturalista desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII: «estado de Naturaleza», «contrato social», origen social del lenguaje y de las artes son concepciones características del pensamiento de Hobbes (es de notar, a propósito de Hobbes, que ya Demócrito anticipó su idea del origen, por el temor, de las sociedades humanas), Pufendorff y, en parte, Vico y Rousseau, y se hallan claramente anticipadas en las obras de Demócrito.

