La Pequeña Dorrit, Charles Dickens

[Little Dorrit]. Novela de Charles Dickens (1812-1870), publicada por entregas mensuales en 1857- 1858. Un motivo popular de la novela es la sátira contra la administración oficial, que por aquel tiempo provocaba las protestas del público por la lentitud y la ociosidad de una burocracia ineficiente y obstruccionista (los Barnacles). Precisamente a causa de un contrato imperfecto con una de estas ofici­nas, la Oficina de Circunlocución (Circumlocution Office), William Dorrit ha sido detenido por deudas en la cárcel de Marshalsea, y su larga permanencia allí le ha valido el apodo de «Padre de Marshalsea». La prisión del viejo Dorrit es endulzada por la devoción de su hija menor, Amy, llamada «la pequeña Dorrit», pequeña de estatura, pero grande de corazón. Amy tiene una hermana, bailarina de teatro, Fanny, que es una «snob», y un hermano mala cabeza, Tip.

Al viejo Dorrit y a Amy les ayuda Arthur Clenman, hombre de mediana edad, por el que la pequeña Dorrit concibe una pasión, que al principio no es correspondida. Por un cambio de fortuna, William Dorrit se encuentra en un momento dado heredero de un gran caudal. Fuera de la pequeña Dor­rit, a los demás miembros de la familia el dinero se les sube a la cabeza, volviéndolos altaneros y orgullosos. Por otra parte, Clen­man, a consecuencia de una especulación desgraciada, termina en Marshalsea, donde le encuentra, enfermo y desesperado, la pequeña Dorrit, que lo cura y consuela. Así se da cuenta él del amor de la mucha­cha, pero la riqueza de ella le impide pedir su mano, hasta que ocurre otro golpe de teatro: los Dorrit pierden su fortuna con la misma facilidad con que la obtuvieron, y la unión de Dorrit y Clenman se hace posi­ble apenas Clenman queda libre.

A este tema principal se mezcla el hilo de una historia misteriosa. Clenman ha sospechado durante mucho tiempo qué su propia ma­dre, una ceñuda paralítica de sentimientos puritanos, que comparte una pequeña habi­tación con un ex dependiente, Flintwinch, había hecho daño a la pequeña Dorrit. Por intermedio de un truhan, Rigaud, llamado también Blandois, se sabe que la señora Clenman no es la madre de Arthur y que, a pesar de sus principios religiosos, no ha tenido escrúpulos en suprimir en un testa­mento un codicilio en favor de los Dorrit. Entre los caracteres menores figuran un financiero embrollón, Merdle, cuya mujer se precia de ser una dama de calidad. La protagonista, como ocurre a menudo en Dickens, no es la figura más viva de la novela; en la primera parte se nos aparece como una santa evanescente, y en la se­gunda, como una nulidad angelical.

Más vivos son los rasgos del padre, por ejemplo, cuando, ya rico, preside un banquete de la misma manera que si fuera el «Padre de Marshalsea», con sus compañeros de cárcel. A pesar del éxito obtenido en su tiempo, la novela es una de las menos logradas de Dickens, aunque* como de costumbre, haya en ella vivas descripciones: así la de un domingo londinense, la de un viejo come­dor, la de una casa abandonada, la de una bochornosa tarde de verano en Park Lañe; y brillantes invenciones humoristas, como, en el capítulo V del libro II, el pasaje sobre las palabras que las señoritas deberían ejer­citarse en pronunciar, para dar una bella forma a los labios (papá,- patata, prisma). [Trad. española de Enrique Leopoldo de Vemeuil, con el título La niña Dorrit (Bar­celona, 1885), y de Eduardo Toda Valcárcel (Barcelona, 1934)].

M. Praz

La fusión de lo humorístico y lo horrible en el maravilloso capítulo que la describe [la muerte de Merdle], puede compararse con pasajes afines de otros creadores, tales los autores de Los miserables y del Rey Lear. (Swinburne)

En la pintura del carácter de Dorrit hay algo de moderno, de melancólico, que no está en armonía con las tendencias habitua­les del sentimiento moral en Dickens. Pero la claridad blanca, sin límites, de la espe­ranza humana desaparece en el horizonte. (Chesterton)