Héroe del popular relato de su nombre (v.) del escritor americano Washington Irving (1783-1859). Su historia, «encontrada entre las páginas del difunto Dietrich Knickerbocker» (v. Knickerbocker), es la adaptación americana de una antigua leyenda alemana, que a su vez pertenece a un conocido grupo de leyendas europeas, entre las que figuran la de La bella durmiente del bosque (v.), la del despertar de Epiménides y la de los Siete durmientes de Éfeso.
Las únicas diferencias importantes entre la versión germánica y la americana son el nombre y la figura del héroe que en la primera es un pastor llamado Peter Klaus, mientras en la segunda es uno de los colonos holandeses que antes de la Revolución se habían establecido en el valle del Hudson. Rip van Winkle es un pobre campesino, bondadoso, indolente, amable, generoso y muy amigo de los niños del pueblo, para quienes es a la vez un narrador de interesantes historias y un estupendo blanco a sus infantiles burlas. Tiranizado por una mujer gruñona e intratable, procura escapar de ella haciendo excursiones con su perro y su escopeta por los bosques de las cercanas montañas del Catskill.
Durante una de ellas se encuentra con una extraña compañía de hombrecitos silenciosos, vestidos a la holandesa según la antigua moda de la región y dedicados a jugar a los bolos; invitado a beber con ellos, el vino le deja dormido. Cuando despierta, su escopeta está cubierta de orín, el perro ha desaparecido y él lleva una luenga barba. Después de haber intentado en vano localizar el teatro de la partida de bolos, decide regresar a su casa. Pero, al llegar al pueblo, todo le parece nuevo y desconocido. No ha dormido una noche, sino veinte años, durante los cuales su esposa ha muerto, su hija se ha casado y América, gracias a una guerra, ha conquistado su independencia.
Al principio nadie le reconoce; pero un viejo erudito, finalmente, confirma y explica su relato. Y Rip van Winkle puede reanudar en paz su tranquila vida ociosa y convertirse, en virtud de su excepcional aventura, en una de las autoridades de la población. La intención de la historia era dar idea de la riqueza del folklore «nativo» que los americanos pueden encontrar en su propio país; y logró su propósito en cuanto «naturalizó» e hizo accesible a la imaginación americana una leyenda tomada en préstamo a Europa. Su éxito fue enorme y todavía hoy puede decirse que no hay americano que la ignore; escritores ulteriores la han refundido diversas veces adaptando lo esencial del relato a diversos usos, que van desde la pasión por las antigüedades hasta el simbolismo. (Una ópera popular, el Rip van Winkle, se representó en 1920).
Detrás de la armazón narrativa, el héroe tiende a desaparecer, pero a pesar de todo, uno y otro pertenecen a un período de la historia espiritual de América ahora ya arcaico, y sobreviven como puras convenciones, fluctuando sueltos en medio de un contexto cultural al que son totalmente ajenos: dos más entre los numerosos muñecos culturales con que los sentimentales enamorados de la patria intentan ocultar la estructura de la moderna vida americana.
S. Geist

