[René]. Protagonista de la novela de su nombre (v.) de F.-R. de Chateaubriand (1768-1848). Juntamente con Werther (v.), Jacobo Ortis (v.), Obermann (v.), Adolfo (v.) y alguno de los más conocidos personajes de Byron, como Childe Harold (v.) y Giaur (v.), René personifica los sentimientos fundamentales del Romanticismo: la inquietud, el afán de ensueño, el amor a la soledad y a la Naturaleza, la incansable búsqueda de un bien ignorado, la imposibilidad de alcanzar en la vida un objetivo concreto, el orgullo de sentirse llamado a un destino excepcional, el amor de sí mismo y la complacencia en los propios males.
Nacido en la fantasía de Chateaubriand a principios de siglo (1804), de noble origen, perteneciente a aquella aristocracia provinciana que una espesa red de privilegios sociales ligaban a la Corte y que la Revolución obligó a emigrar, cuando no la llevó a la guillotina, René es, en parte, una proyección juvenil de las mismas aventuras de su autor y, por otro lado, la personificación de sus sentimientos. Emigrado como él, habita en los desiertos de Luisiana, lejos del trato de los hombres, en medio de los bosques. En aquel paisaje de los primitivos Natchez (la novela fue originariamente un mero episodio de la epopeya de Los Natchez, v.), donde no hay más señal de vida que una colonia francesa de misioneros, René vive, sufre y sueña, en una especie de perpetua embriaguez de sentimientos, y, en un determinado momento, siente la necesidad de relatar su vida al padre Souél.
Así sabemos que amó a una hermana suya, Amélie, hasta llegar a rozar inconscientemente el incesto, y que aquélla, que intuyó y sufrió la torpeza de sus sentimientos, se encerró en un convento para sofocar en el velo el ardor del pecado no cometido. Y René, tras las más variadas aventuras morales que llegan hasta un intento de suicidio del que le salvan precisamente las dulces exhortaciones de su hermana, escucha por fin las palabras de prudencia del padre Souél y acepta sus graves reproches, a pesar de que no se siente capaz de arrepentimiento ni de redención. Antes de René, en la novela psicológica francesa el hombre era el adulto; con éste se inaugurará, como observa Lalou, la serie de los breviarios de la adolescencia atormentada. Las quimeras de René, sus ideales embriagueces, sus vanos desengaños, su desorden espiritual y, en todo momento, la extremada tensión de todos sus sentimientos, determinan, en la historia moral del alma romántica, el tipo del joven desarraigado y le erigen en un personaje inmortal.
G. T. Rossa

