Protagonista de la novela La madre (v.), de Máximo Gorki (Aleksej Maksimovič Pekšov, 1868-1937). La vieja madre del revolucionario Pablo Vlasov se nos aparece al principio de la novela como un ser sumiso, resignado y triste, sin aspiraciones ni esperanzas en su gris existencia.
La vida pasada le enseñó sólo a sufrir, y cuando se da cuenta de la actividad revolucionaria de su hijo su sentimiento más fuerte es el miedo: todavía no comprende aquellas ideas, pero poco a poco, al ver obrar a su hijo, empieza a entender el significado de su labor y siente por ello un gozo infantil. El mejor logro psicológico de Gorki al crear la figura de Pelagea consiste en el hecho de que su conversión no es el fruto de una comprensión intelectual, sino de un impulso afectivo: cuando comprende lo que hace su hijo quisiera abrazarle; la idea que se forja de su nobleza moral es tan alta, que para defenderle y sostenerle no vacila en participar activamente a su vez en la obra revolucionaria.
Cada día trae alguna novedad, pero ello no inquieta ya a la madre: para ella todos los rostros se funden en uno, y su hijo pasa a ser algo así como el emblema de un redentor y ella se siente orgullosa de ser la madre de aquel «que va delante de todos». Piedad y miedo ceden ante la convicción de ser necesaria para aquella nueva existencia, hasta el punto de que Pelagea se sacrifica enfrentándose con las persecuciones de la policía. La figura de Pelagea está examinada con un análisis insistente y meticuloso, particularmente acusado por el continuo uso del diálogo (que recuerda la actividad de Gorki como dramaturgo); pero, como todos los personajes, Pelagea habla demasiado y demasiado bien, en menoscabo del realismo representativo.
En rigor, el realismo de – esta novela es sólo aparente: el carácter de Pelagea está idealizado tal vez en exceso, pues el intento ideológico hace posponer las exigencias artísticas a las sociales y propagandísticas. Hay momentos de penetrante análisis como cuando se describe el miedo de Pelagea durante el proceso de su hijo; pero la retórica ideológica rebasa los límites de la humanidad de esa mujer sencilla y común, convirtiéndola en una figura tendenciosa y artísticamente falsa.
A. K. Villa

