Es la protagonista de uno de los dramas más complejos de Eugene Gladstone O’Neill (1888-1953), titulado Extraño intermedio (v.).
Nina es el tipo de mujer apasionada, profundamente normal, a cuyo alrededor giran tres hombres: Darrell, Marsden y Evans. Darrell es también el hombre normal, apasionado como Nina, y por esto le corresponde el papel de amante. Evans es el marido, el hombre que necesita psicológicamente a la mujer. Marsden es un indiferenciado, que siente por Nina un difuso y vago paternalismo y a quien ella toma como confidente de sus aventuras. El valor del personaje reside en esto: la mujer que siguiendo sus instintos se convierte en el centro; la mujer que dispone de la vida, que la organiza a su manera y según las exigencias de su sexualidad.
A la penetración psicológica * de la obra y de los personajes ayuda el doble diálogo simultáneo según se manifiesten los personajes en sus reacciones auténticas o en su trato con los demás, procedimiento que como el de las máscaras ayuda a la captación del problema de la personalidad, tan intenso en el teatro de O’Neill. A través de esta línea sinuosa cada uno encuentra su propio destino y todo resulta sólo un «extraño» y breve intermedio. Nina es, por tanto, imagen de la vida misma, que a través de todo desemboca por fin en su cauce apropiado.

