Legendario rey hindú, protagonista de un relato épico que se halla inserto en el tercer libro del Mahābhārata (v.), así como de una trilogía dramática, El rey Nala, que Angelo De Gubernatis sacó de aquél en 1869. El relato indio se titula Nalopākhyāna (v.) y es una auténtica composición épica independiente en veintiséis cantos, que representa la parte más antigua del inmenso poema.
Nala, dechado de heroísmo y de todas las más sublimes virtudes, tenía empero un defecto: su irrefrenable pasión por el juego de dados. Ésta fue la causa de sus numerosas y dolor osas peripecias, en las que se halló también envuelta su virtuosa consorte Damayantī (v.). En una partida de dados con su hermano Puṣkara, Nala pierde todos sus bienes e incluso su reino, y se ve obligado a vivir en las selvas junto con la bella y fiel Damayantī, hasta que un triste día, ofuscado una vez más por el demonio del juego, la abandona mientras está durmiendo extenuada.
Durante la larga separación de los dos esposos, ocurren a Nala extrañas aventuras: se encuentra con el rey de las serpientes, Karkoṭaka, el cual le transforma en enano; ignorando su verdadera identidad, el rey Ṛtuparna le toma a su servicio, mientras Damayantī, tras numerosas penas, halla acogida benévola y protección junto a la reina de Cedi. Al final los dos asendereados esposos vuelven a encontrarse, Nala recobra su primitiva forma y empieza para ambos una era de felicidad.
Las aventuras de Nala son muy populares en la India, en parte por el tono sentimental y humano que late en ellas, y en parte por la forma llana, aunque artísticamente eficaz, que reviste el patético relato. Con Nala, el tipo del jugador queda creado y puede vivir de aquellos secretos contrastes y de aquella afanosa lucha entre voluntad y pasión que ulteriormente habrán de caracterizarle en la novela europea de las postrimerías del siglo XIX.
M. Vallauri

