Padre de Ulises (v.), que aparece en los últimos cantos de la Odisea (v.). Al igual que Anticlea (v.), Penélope (v.) y Telémaco (v.), Laertes ha concentrado todos sus afectos en Ulises ausente, y durante los veinte años que han transcurrido desde que éste marchó, sólo ha vivido de recuerdos y de esperanza.
A diferencia de Príamo (v.), el otro anciano padre dolorido que hallamos en las últimas escenas de la Riada (v.), Laertes renuncia a las prerrogativas de su noble condición y vive retirado en el campo, donde lleva una existencia oscura y pobre. El regreso de su hijo transforma también su vida: del mismo modo que el joven Telémaco, en cuanto aparece su padre, logra una sorprendente madurez de pensamiento y un vigor de hombre adulto, a Laertes el acontecimiento que ya casi no se atrevía a esperar le restituye las fuerzas de otro tiempo, y por ello puede combatir al lado de su hijo contra los parientes de los Procos, a quienes éste diera muerte.
Así el último episodio del poema nos presenta un postrero y original ejemplo de la fuerza de los afectos familiares, que constituyen la trama de todo el poema: a los dolorosos lamentos de Penélope, a la activa esperanza de Telémaco y al trágico desasosiego de Anticlea, se suma la renuncia serena y resignada de Laertes y su consiguiente vuelta a la vida activa.
F. Codino

