Es el personaje principal de dos conocidas obras de E. T. A. Hoffmann (1776-1822): Kreisleriana (v.), que es una recopilación de escritos, ensayos críticos, notas satíricas, observaciones y cartas, siempre en relación con la música y debidas a un imaginario director de orquesta o Kapellmeister, Johannes Kreisler, y Biografía fragmentaria del Kapellmeister Kreisler, que es una serie de relatos ligados entre sí por una caprichosa y dramática trama argumental, cuyo protagonista es siempre aquel mismo personaje.
La figura de Kreisler nació en los años 1806-1807 y empezó siendo un mero pseudónimo con el que Hoffmann, a la sazón en difícil situación económica, firmaba sus artículos de crítica musical en la «Allgemeine Musikalische Zeitung» de Leipzig, pero más tarde fue adquiriendo una fisonomía cada vez mejor definida y una vida que fue reflejo de la del autor, hasta que la figura de éste acabó por identificarse enteramente con la de su personaje. En la Kreisleriana, en efecto, Kreisler no es más que el director de orquesta Hoffmann, con sus penas y sus entusiasmos, el cual aprovecha toda ocasión para exaltar la música como suprema forma artística, «misterioso sánscrito de la Naturaleza expresado en sonidos, que llena de nostalgia el corazón humano, por cuanto sólo en ella el hombre comprende el canto de los árboles, de las flores, de los animales, de las plantas y de las aves»; en la Biografía fragmentaria, en cambio, Kreisler es más bien el hombre Hoffmann con sus esperanzas y sus decepciones de amor, narradas dentro de un marco de raros acontecimientos, a menudo irónicos o caricaturescos, que se desarrollan en la imaginaria corte del príncipe Ireneo.
Ello no logra, a pesar de todo, ocultar la amargura real del poeta, el cual, en aquel fantástico relato, desahoga el dolor causado por su desdichada pasión por Julia Marc. Y así se revela el significado y valor de tal pasión —una pasión musical — que Hoffmann, al recordar en su imaginación el doloroso episodio de Bamberg, gusta de imaginar correspondida por la princesa Julia hacia Kreisler, con quien le une el tenue y dulce vínculo de una simpatía nacida de su entusiasmo común por la música.
R. Bottacchiari

