Krotkaia

Personaje de la narración que lleva su nombre (v.), de Fedor Dostoievski (Fedor Micha jlovič Dostoevskij, 1821-1881). «Callaba siempre».

El silencio envuelve a la «dulce» y joven esposa que vive únicamente de amor y de pureza; el silencio la defiende de la vida, la deja sola e intacta en una isla de sorpresas y aven­turas secretas del corazón que tiembla y ama hasta desfallecer al hombre que la ha buscado y escogido, su dios. Krotkaia igno­ra que el amor tiene mil aspectos distintos y que todas las pasiones le comunican sus respectivos colores; ignora que el orgullo — que nutre y tortura a su adorado — re­viste el amor de impasibilidad y frío, pero sin matarlo, antes bien ensalzándolo con la exasperación; ella nada sabe, tan niña y tan pura.

Y desfallece y se pierde, humi­llada y herida, con el alma muerta: calla, calla siempre, en su vida solitaria junto a la desesperada y enamorada soledad de su esposo. El suicidio será para ella algo lógico cuando juzgue este silencio como la muerte del amor; y «el borbotón de sangre» que le sale de la boca será la última palabra que diga al amado y la más alta expresión de su entrega total; la «dulce», la delicada y tímida niña ha violentado su vida en un gesto que quiebra la gran armonía de su existencia, pero el amado se humilla, cede su orgullo y la muerte de ella le salva.

Aho­ra comprende ya, a pesar de que se la­mente: « ¿Por qué, por qué? No comprendo». Ahora sí sabe. Y Krotkaia, finalmente, no está ya sola.

G. Veronesi