[Hyperion]. Protagonista de la novela lírica de su nombre (v.) de Friedrich Hölderlin (1770-1843). Diríase el héroe de la nativa e involuntaria intrepidez en el azul del cielo, en el sol y en los espacios estelares.
Del mismo modo qué la vida pánicamente entendida no tiene verdadero principio ni verdadero fin, tampoco los tiene la de Hiperión, en la cual hay que reconocer, trascendida, la vida misma del poeta; triste a pesar de que y aun porque está ávida de luz y de bello ideal. Hiperión es la dulzura en esperanza y la amargura en imposibilidad de todo ser, poseer y comprender; y es como una flor nacida en el aire, o sea en una especie de terruño ideal. Hiperión conoció la libertad, la felicidad, la riqueza y la armonía del espíritu, pero en contacto con los hombres conoció también todas las desilusiones.
Y así, una vez transcurrida la edad feliz de la juventud, ahora intenta volver a levantarse a través de varias experiencias. Es indudable que sueña en una meta, pero no se detiene a indagar si la alcanzará. Sus experiencias se hallan en una línea ascendente como una progresiva ampliación de la vida. Al principio, una soledad feliz cuando se calentaba «a la dulce luz de la primavera y estaba sentado entre los olmos y los prados de la ladera, y las ramas se estremecían todavía bajo el beso del cielo, después de una lluvia restauradora, y en el bosque que goteaba vagaban todavía doradas nubes». Entonces se asemejaba a Perceval (v.) antes de su huida del bosque; luego se dedicó a la ciencia para penetrar los abismos del misterio y realizar el puro goce, pero la ciencia, como a Fausto (v.), se le había revelado estéril y vana. Por ello ahora intenta volver a la inocencia del pasado y de la Naturaleza.
Y en esta nueva soledad empieza su fantástica reconstrucción de un mundo sobre las ruinas de otro. Pero he aquí que sobre su sueño se entronca la realidad: la novela se convierte en acción y la meta parece concretarse. Adamas la profetiza, Alabanda la indica y Diotima (v.) la ilumina. Adamas es el primer peldaño para alcanzar la belleza, irradiación de su sentimiento y de su entusiasmo. El segundo experimento está constituido por el encuentro con Alabanda, personificación del ideal de la amistad, el hombre lleno de dolor y de amargura y que, en su afán de acción, no tolera dilaciones. Y después de la desaparición de Alabanda, he aquí a Diotima — el amor después de la amistad—, revelación plena de la belleza y expresión la más alta y viva de la Naturaleza.
Hiperión vuelve a ser feliz. Se arrodilla, ya que Diotima sólo puede ser adorada; pero como Diotima es la plenitud de la alegría y la belleza no soñada sino gozada, Hiperión, vuelto a la vida a través del amor, aspira a transformar el goce real de un momento en alegría perenne, y la felicidad en felicidad para todos, restaurando el reino de la Belleza y de la Armonía— aquel que llenó el siglo de oro de Grecia — y hacer que lo temporal se convierta en eterno. Diotima le guía a un objetivo bien definido: reconstruir en Grecia el ideal de la humanidad futura; pero quiere que Hiperión se prepare a esta misión sin precipitaciones. Lo que ocurre es que en ese momento llega una carta de Ala- banda: Grecia se ha levantado en armas y es preciso actuar inmediatamente.
E Hiperión se aleja de Diotima y parte, aunque su desilusión es grande: los hombres que deberían devolver la libertad y el esplendor a Grecia son peores que los bárbaros. Hiperión busca entonces la muerte, pero sobrevive al naufragio de sus esperanzas. Y cuando quiere volver a Diotima, ésta ha muerto a su vez y ha ido a reunirse con los espíritus elegidos. Derrotado, llega entonces al país de los alemanes y los encuentra indignos de todo ideal. Sólo la Naturaleza le ha permanecido fiel y en ella da salida al exceso de su dolor: «Oh, tú, Naturaleza, con tus dioses; he acabado de soñar el sueño de las cosas humanas y declaro que sólo tú vives, y aquello que los hombres sin paz han conquistado por la fuerza y han escogido, se disuelve como las perlas de cera al calor de la llama».
R. Bottacchiari

