Protagonista de la comedia de este nombre (v.) de Ludvig Holberg (1684-1754). A través de la figura de Rasmus Berg (quien, siguiendo la costumbre de los sabios contemporáneos, ha latinizado su nombre cambiándolo por Erasmo Montanus), Holberg satiriza la cultura universitaria danesa de su época, todavía apegada a los moldes escolásticos e incapaz de infundir en los estudiantes un verdadero humanismo.
Debido a ello, Erasmo, hijo de unos pobres e ignorantes campesinos, bueno y aplicado pero ingenuo y pedante, no puede alcanzar en Copenhague (donde ha ido a estudiar teología) más que un discreto conocimiento del latín y una abstracta habilidad técnica en la discusión y en la construcción de silogismos, sin penetrar realmente en la esencia de la cultura. Como dice su hermano, fácilmente impresionado por su «latinorum», ha llegado a ser tan sabio que no puede ya expresarse en su lengua materna.
Frente a la realidad, carece de la mínima capacidad de adaptación: si bien al principio se jacta orgullosamente de su cultura y se muestra intransigente, se escandaliza de la ignorante gravedad de Pedro, el sacristán, que simula ante sus paisanos una cultura superior aun a la de Erasmo, da celos a su prometida declarándole que la pospone a la metafísica y hace llorar a su madre demostrándole, mediante un falso silogismo, que no es más que una piedra, pero al fin se aviene a renunciar de buen grado a todos los conocimientos con tanto esfuerzo adquiridos.
Con tal de contentar a su suegro, se halla dispuesto incluso a declarar que la tierra no es esférica, como al principio orgullosamente sostuviera, sino «aplastada como un buñuelo»: con esta vulgar comparación vuelve de nuevo a integrarse en su propio ambiente, y, afortunadamente para él, no tarda en olvidar de buena gana cuanto aprendiera.
A. Manghi

